Logo e-consulta

Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La espiritualidad como una forma de hacernos cargo de nuestra existencia

Como la espiritualidad es parte fundamental de la vida cotidiana

Manuel Antonio Silva de la Rosa

Licenciado y Maestro en Filosofía y Ciencias Sociales; e Ingeniero en Electrónica. Se desempeña como Coordinador del Programa Universitario Ignaciano en la Ibero Puebla y es profesor de cursos vinculados con Filosofía. Entre sus líneas de investigación se encuentran la Filosofía contemporánea, y de la Educación. 

Miércoles, Abril 22, 2020

Cuando se hace referencia a la espiritualidad, por un lado, el vocablo evoca, en la mayoría de las personas, un tipo de espiritualidad alejada del mundo. En ocasiones se ha entendido la espiritualidad como algo sobre natural, como algo que está más allá del tiempo y del espacio. Esta percepción confabulada en imágenes paranormales, fuera de la realidad, se enfoca sobre todo en algo que está más allá de nuestro cuerpo y que no tiene nada que ver con aspectos mundanos. Por otro lado, la espiritualidad, se considera como un medio para encontrar el sentido de la vida, entendiendo el sentido, como un punto fijo, personal, estático e incuestionable. Esta espiritualidad necesita de un principio absoluto que guíe y legitime nuestra conducta para poder tranquilizar nuestra conciencia.

Quiero tomar distancia de estas dos posturas. Lo que me interesa es mostrar cómo la espiritualidad es parte fundamental de la vida cotidiana. Es un elemento vital. No podemos interpretarlo como algo negociable, que podemos quitar o poner a nuestro antojo. Además, no es algo solamente individual, ajeno al mundo. En este sentido, nosotros, los humanos, nos vemos obligados a enfrentarnos con el mundo, con los demás, con las cosas y con nosotros mismos.

Más artículos del autor

Son estas tensiones en las que vivimos cotidianamente, que nos inquieta la vida. Ahora bien, la espiritualidad es lo que hacemos con esta inquietud. La espiritualidad, entonces, no la podemos reducir con la capacidad de elegir de manera serena, ecuánime y racional ciertas actividades religiosas. Espiritualidad no tiene que ver con dogmas o doctrinas que brinda una religión especifica. A mi juicio, el espíritu no podemos reducirlo a lo moral, encasillarlo en un lugar, ni ponerle un determinado horario.

Más bien, la espiritualidad tiene que ver con la posibilidad de hacernos cargo de nosotros mismos. Detrás de esta afirmación está una premisa: somos un proyecto que está en construcción. Nos asumimos como sujetos inacabados. Nuestra realidad humana está en apertura. No existe una naturaleza humana ya dada. No tenemos nada “dado”. A lo mejor, lo único que tenemos “dado”, es la necesidad de hacernos cargo de nuestra existencia.

Pertenecemos a un mundo abierto donde captamos sentido, pero no estamos predeterminados para comprender y relacionarnos con el mundo de una sola manera. Tenemos, en cierta medida, libertad para modelar la relación con el mundo que habitamos. Esto quiere decir que nuestra manera de entender al mundo no está dada, no está definida de una vez por todas, sino que nuestra ocupación en el mundo es reinventar siempre de nuevo.

Con base en esto, podemos asumir que la espiritualidad es itinerante. Es un dinamismo procesual, no un lugar sedentario. No es llegar a un lugar. Siempre estamos en obra. En términos de la filósofa Hannah Arendt, estamos llamados a operar en estado naciente. No hemos venido al mundo para simplemente morir, sino para comenzar algo nuevo. Pero esta labor, no la podemos realizar aislándonos de los demás, resguardándonos en nuestro propio ego, sino dejándonos afectar por el mundo en donde nos encontramos.

Llegar a este mundo, implica la tarea de llegar a construirnos como sujetos de decisión, en un mundo concreto. En este sentido, la espiritualidad tiene que ver con el modo en que tomo las decisiones. La radicalidad de nuestra humanidad abierta exige en todo momento decidirnos por ser de esta forma o de aquélla otra. Así, toda decisión es un momento de clausura. Cuando abrimos una posibilidad se cierran otras. Ahora bien, cerramos las posibilidades que nos demanda nuestra humanidad en apertura, pero esa misma decisión nos posiciona en apertura nuevamente. Al mismo tiempo, el camino espiritual tiene que ver con el irme decidiendo en un mundo, pero también, tiene que ver con el irme abriendo a un mundo. Nuestras decisiones, siempre incluyen, nos guste o no, de una u otra manera, a los demás y al mundo en el que nos encontramos.

Lo anterior nos lleva a caer en la cuenta de que nosotros construimos una espiritualidad dependiendo de nuestra comprensión de las cosas que nos interpelan. Pero esta comprensión está situada en un determinado momento. Nuestra espiritualidad depende de nuestro modo de estar en la vida. Ante esto planteado, caemos en la cuenta de que no puede existir una espiritualidad blindada de la realidad. No podemos salirnos de un mundo que nos acontece. Necesitamos, construirnos con talante, pero para eso, se requiere hacernos conscientes de aquello que somos y del mundo en donde habitamos.

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Sus comentarios son bienvenidos

Vistas: 818
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs