*Por: Mtra. Marisol Aguilar Mier.
De sobra sabemos ya, que las instituciones educativas enfrentan enormes desafíos para brindar una formación acorde a los tiempos complejos que hoy vivimos. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación han transformado de manera rápida y radical la educación y los procesos de aprendizaje, por ello, cada vez se analiza e investiga más cómo podemos aprovechar su enorme potencial, respondiendo también a las expectativas y nuevas formas de aprender que estas sociedades digitales nos han traído.
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En este contexto, se han ido posicionando diversas tendencias pedagógicas que buscan brindar una formación acorde a los tiempos que vivimos. Una de ellas es la llamada “Aula Invertida” (flipped classroom). ¿En qué consiste y cuál es la razón de su éxito? Empecemos por el inicio. Se pueden registrar las primeras experiencias documentadas sobre este modelo desde los 90´s y en realidad, diversos autores han jugado un papel importante en su creación. Sin embargo, fue en el 2004 con Salman Khan (Khan Academy) y posteriormente en 2007, con Jonathan Bergman y Aaron Sams, docentes del Instituto Woodland Park en Colorado (EE. UU.), que el modelo empieza a ganar popularidad. Ambas experiencias, como mucho en la educación, nacen a partir de una necesidad. En el caso de Khan, una de sus primas –llamada Nadia- a la edad de 12 años le pidió ayuda pues tenía dificultades con las matemáticas. Como en ese entonces Khan vivía en Boston y ella en Nueva Orleans, iniciaron las asesorías de manera telefónica. Como era de esperar, al poco tiempo y gracias a este apoyo, Nadia logró superar sus obstáculos y comenzó a recomendar las asesorías de Khan a otros familiares y amigos. Pronto empezó a contar con un grupo más numeroso y como el teléfono ya no resultaba práctico, un buen día vino la idea de hacer videos y subirlos a YouTube para que sus alumnos pudieran descargarlos al momento que sus tiempos se los permitieran y cada uno fuera avanzando a su propio ritmo.
Por su cuenta, Bergman y Sams enfrentaban un desafío. Sus alumnos se ausentaban mucho de las clases de química que ambos impartían, ya fuera por las condiciones climáticas de la ciudad, enfermedad o porque muchos participaban en actividades deportivas. Esto ocasionaba que se retrasaran y que necesitaran asesorías personales. Así pues, tuvieron la idea de empezar a utilizar un software para grabar presentaciones en Powerpoint y subieron las lecciones en Internet para que aquellos estudiantes que no habían asistido a las clases, pudieran tener acceso a las mismas, y se pusieran al corriente. Para su sorpresa, descubrieron que dichos materiales no sólo eran vistos y aprovechados por los alumnos que habían faltado, sino también por quienes habían participado en la clase y posteriormente, por otros alumnos de diferentes escuelas y ciudades. Así pues, ambos profesores hicieron un cambio profundo en su aula. Los alumnos trabajarían los contenidos previamente y el tiempo de clase se aprovecharía para realizar ejercicios, hacer prácticas, trabajar en equipos y resolver dudas puntuales.
En los dos casos que hemos relatado, resalta lo siguiente: cada persona es única y por ello, aprende de manera diferente. Sin embargo, la estructura rígida de la escuela no permite respetar este principio y tiende a castigar el error. En cambio, cuando se permite que la persona avance a su propio ritmo, ésta se vuelve protagonista de su proceso de aprendizaje y al tener la oportunidad de revisar las lecciones cuantas veces lo desee, va consolidando sus conocimientos. El mismo Khan lo explica así: “Súbete a la bici y cáete. Hazlo por el tiempo que sea necesario hasta dominarla”.
Por su parte, Bergman y Sams lo expresan del siguiente modo. Durante una clase “tradicional” el docente expone los temas, explica los conceptos, proporciona información, etc. En ello, invierte la mayor parte del tiempo, y luego, les pide a sus alumnos que realicen ejercicios o tareas en casa (solos) para reforzar el aprendizaje. Pero cada alumno tiene un proceso distinto. Hay quien ya comprendió lo que se explica y desearía pasar a otro tema; hay quien no lo captó la primera vez y hace preguntas, pero sus preguntas son diferentes a las del compañero, así que esas explicaciones no son útiles para todos; hay quien no se atreve a expresar sus dudas…En cambio, el modelo del aula invertida le da al alumno el “control”: él puede poner pausa para reflexionar sobre lo que acaba de ver y escuchar, o bien, puede regresar y repetir las veces que lo necesite. Incluso, puede adelantar si es que ya comprendió y desea avanzar. En suma, puede ir a su propio ritmo y tiempos.
Entonces, ¿qué es el aula invertida? Hagamos una comparación. En el aula tradicional el docente explica y el alumno escucha. Fuera del aula, se espera que éste asimile los conceptos a partir de las tareas que realiza en forma independiente. El aula invertida funciona al revés: el alumno (antes de la clase), mediante diversos materiales multimedia, consulta, revisa y analiza los contenidos, asimilándolos a su propio ritmo. Y durante la clase, se busca potenciar un aprendizaje activo a través de preguntas, discusiones, trabajo en equipos, desarrollo de proyectos, resolución de problemas, ejercicios prácticos y actividades aplicadas, con la orientación y guía del docente.
De este modo, los estudiantes tienen oportunidad de trabajar con el profesor habilidades de nivel superior (como la aplicación, el análisis, la evaluación o la creación) pues se trasladan las tareas más complejas al aula y las más sencillas a los entornos virtuales de aprendizaje, para que sean realizadas por el propio alumno (como la memorización o comprensión de conceptos). Por otro lado, los alumnos tienen la oportunidad de acceder a contenido enriquecido y motivante en formato digital multimedia. Todo ello, puede contribuir al desarrollo de habilidades para aprender a aprender favoreciendo una mayor autonomía, responsabilidad y empoderamiento del aprendiz.
Los resultados que este modelo ha tenido en términos de aprendizaje y desarrollo de competencias son cada vez más contundentes. Así pues, muchos docentes han iniciado un proceso de transformación en sus aulas que conlleva una lógica totalmente distinta. En este sentido, vale la pena “ponernos de cabeza” y mirar las cosas de manera diferente.
*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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