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Opinión



De buenas intenciones

Lunes, Noviembre 4, 2019 - 07:16
 
 
   

“De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Dicho popular

El próximo viernes 8 de noviembre tendré el honor de participar en la 6ª. edición del programa Diálogos por la educación en la Universidad Intercontinental. El tema general de este encuentro académico será: La nueva escuela mexicana: un proyecto en debate.

La dinámica de participación está planteada en tres grandes temas generales que son: Educación integral, Inclusión y Educación humanista. En cada uno de estos temas se han planteado preguntas con base en el contenido de las leyes reglamentarias de la reforma educativa de este gobierno que derogó la reforma anterior.

A manera de adelanto de lo que será mi participación en este espacio de diálogo, planteo en esta entrega algunas líneas de respuesta a las preguntas que nos enviaron los organizadores.

En el rubro de la Educación integral, se parte de la redacción del artículo 7º. de la Ley General de Educación que en consonancia con al tercer párrafo del Artículo 3º. constitucional plantea que la Educación que imparta el Estado mexicano será, además de obligatoria, gratuita, inclusiva, universal y laica.

La pregunta que se plantea es: ¿Se puede considerar que estos principios son suficientes para construir una Nueva Escuela Mexicana orientada a formar ciudadanos libres, justos, honestos, capaces de convivir y transformar a la sociedad de cara a los retos presentes y futuros?

Desde mi punto de vista los principios que se incluyen son pertinentes puesto que el planteamiento de una educación pública considerada como derecho humano que se debe garantizar para todos los niños y jóvenes es fundamental y para lograr su cumplimiento es necesario que esta educación sea obligatoria –derecho y deber para los futuros ciudadanos-, gratuita y laica y ante la diversidad de la sociedad mexicana actual y la grave realidad de ragmentación social que hoy se vive en el país, se requiere que esta educación se plantee desde la normatividad como inclusiva, orientada a combatir cualquier tipo de exclusión.

Sin embargo, me parece que hay dos elementos faltantes en esta formulación Por una parte, el tema de la calidad. La educación que imparta el Estado mexicano, si busca realmente preparar a los futuros ciudadanos para enfrentar los enormes desafíos del mundo actual debe plantearse como una educación de calidad. El reto que planteaba desde hace varias décadas Gilberto Guevara Niebla en su ya clásico artículo País de reprobados sigue siendo vigente hoy aunque el término de calidad sea mal visto porque se le considera “neoliberal” y producto del sometimiento a los dictados de la OCDE, resulta indispensable. En el artículo tercero se cambió este término por el de Excelencia, que desde mi punto de vista y siguiendo a Latapí, resulta mucho más riesgoso puesto que remite a perfección y calidad total. En la Ley General de Educación debería mencionarse.

El segundo factor es el de la equidad. En un país tan desigual como el nuestro en el que el sistema educativo no solamente no ha servido para disminuir la brecha entre los sectores privilegiados y los marginados sino que ha reproducido y ensanchado esta brecha, es indispensable que se afirme la intención clara y contundente de que la educación debe ser inclusiva pero también equitativa.

Ambos temas –equidad y excelencia- están tratados en el artículo 8, pero considero que deberían mencionarse también en estas características de la educación.

La segunda pregunta tiene que ver con la centralización-descentralización del sistema educativo. En esta dimensión yo considero y lo he publicado en este espacio en su momento, que la reforma educativa del 2013 planteaba pasos importantes hacia un sistema educativo de alta complejidad a partir sobre todo de tres elementos, dos de gestión y uno de formación.

Los elementos de descentralización planteados desde la gestión en la reforma anterior eran el de la Gobernanza efectiva del sistema educativo y el de la Escuela al centro. El elemento formativo era el de la –tímida aún pero ya presente- autonomía curricular. Desde mi punto de vista en la formulación actual y en las acciones que se están emprendiendo la tendencia es, como la de toda la estrategia del gobierno actual, hacia una mayor centralización y control de los procesos tanto de gestión como de formación.

En el tema de Inclusión la pregunta que se nos plantea es: ¿Qué aspectos hacen falta en el artículo 14 de la LGE para considerar una nueva Escuela Mexicana que atienda verdaderamente la diversidad geográfica, económica, cultural y social del país?

Revisando el artículo en cuestión, considero que en general se plantean acciones tendientes a atender la diversidad del país pero desde mi punto de vista falta incluir entre los actores educativos, además de los profesores y los alumnos, a los padres de familia definiendo el tipo de participación que deberán tener para construir la Nueva escuela mexicana que se entiende será el eje de la propuesta de esta reforma. Por otra parte, el tema de inclusión se refiere también a las personas con discapacidad y en general a los niños que tengan necesidades educativas especiales. Este tema no es tratado aquí sino en el artículo 16 en el que se señalan los criterios de la nueva escuela mexicana y se dice textualmente que la educación: “Será inclusiva, al tomar en cuenta las diversas capacidades, circunstancias, necesidades, estilos y ritmos de aprendizaje de los educandos, y así eliminar las distintas barreras al aprendizaje y a la participación, para lo cual adoptará medidas en favor de la accesibilidad y los ajustes razonables” (16, VII).

Finalmente, en el tema de la formación humanista se plantea la siguiente pregunta: ¿Se puede decir que hay avances o aportes fundamentales respecto de la política educativa derivada del Pacto por México en 2013?, Se promueve en verdad una formación humanista?, ¿qué implica dicha formación en relación con el trabajo áulico?

He escrito ya varios artículos –tanto en el momento de la reforma del 2013 como recientemente a propósito de la reforma de 2019- respecto a la formación humanista como un elemento importante que no ha sido suficientemente definido en las reformas educativas recientes.

Si bien considero que es muy positivo que en ambas reformas educativas se haya definido el carácter de la educación que imparta el Estado mexicano como humanista, resulta paradójico que dos reformas que se han definido como contrarias y portadoras de valores opuestos tengan como sustento el humanismo.

Lo anterior es posible porque en los documentos de ambas reformas se plantea el humanismo como una intención general que no se define con suficiente detenimiento y claridad expresándose prácticamente como una buena intención que no concreta su fundamento ni sus características.

Como una primera conclusión preliminar podría afirmar dos cosas:

En primer lugar, que la Ley General de Educación plantea una gama amplísima de dimensiones y compromisos que deberá cumplir la Nueva escuela mexicana que por su misma diversidad y amplitud serán muy difíciles de cumplir en los hechos. El resultado puede ser una “Escuela exhausta” como la plantea el Dr. Gil Antón en un artículo reciente que se puede consultar aquí: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/manuel-gil-anton/la-escuela-exhausta

En segundo lugar, que podemos estar de acuerdo en la mayoría de los postulados de la nueva legislación en términos de principios y características, pero que el problema está en los mecanismos estructurales que se han planteado para buscar la puesta en marcha de estos principios loables. Es ahí donde se encuentran las contradicciones de esta reforma que tiene sin duda muy buenas intenciones.

Pero de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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