La imbecilidad social es la deformación que existe en el comportamiento humano y es aceptada de manera natural por la sociedad con distintos fines, principalmente para justificar lo que se esta haciendo de manera incorrecta o bien, para deslindarse de la responsabilidad que compete ante cualquier circunstancia.
No se víncula exclusivamente con la inteligencia, se relaciona con la moralidad de las personas y su necesidad de engancharse a prácticas incorrectas, generalmente restando seriedad a lo que se debe de enfrentar y justificando la acción como algo que les deslinde responsabilidades, la imbecilidad transforma al ser humano en personas egoístas, rencorosas, crédulas, soberbias, incapaces, en fin, las bloquea para desarrollar un bien común, se pierden de vista como actores sociales y respaldan un mal acto enganchándose a la imitación o al poder de convencimiento de otro sobre ellos mismos, se automatizan acciones, se siguen modas o estereotipos, se limitan a pensar libremente y a expresar sus decisiones que no sean aprobadas; no se asume una mejor vida basándose en el libre albedrío y con un compromiso moral que regula su conducta, sin tener que justificar cada acción.
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Este fenómeno ocurre cuando las personas ansiosas de poder buscan someter a los demás a un sistema que los coloca en un papel inferior y que a través de ellos obtendrán un beneficio con un menor esfuerzo; cuando por propia conveniencia es preferible hacer de cuenta que nada pasa, que no hay afección, que nada causa daño sin importar la dignidad personal; cuando dejamos de pensar alineandonos a nuestros valores y principios y recurrimos a la opinión de terceras personas.
Actualmente en nuestro país, la imbecilidad social se ha manifestado en distintos escenarios, los grupos dominantes conviven con la corrupción y la delincuencia, aceptan las diferencias sociales, promueven los conceptos que limitan el pensamiento humano, invalidan la oportunidad del desarrollo personal y condiciona la trascendencia del hombre, parece inalcanzable la construcción de una sociedad humana, solidaria y con principios.
Los medios de comunicación juegan un papel muy importante para la paralización social, forman opiniones y condicionan el criterio de sus espectadores, deforman la intelectualidad, desorientan, condicionan a la sociedad y son cómplices de lo que se da a conocer al público con lo que realmente se vive.
El cambio radica cuando nos reconozcamos como seres con un criterio propio, cuando nuestra cultura nos permita entendernos como personas capaces, libres, sin necesidad de aceptación o aprobación, sin buscar apegos innecesarios, con una práctica ética aceptable y con la idea permanente de ser íntegros.