Martes, 12 de Noviembre de 2019     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



La 4T y la prensa

Martes, Octubre 1, 2019 - 23:06
 
 
   

A los gobiernos, por definición, no les gusta la crítica.

Juan Luis Hernández*

Mi solidaridad y apoyo a Rodolfo Ruiz y su equipo de colaboradores

México es ubicado en la última década por mediciones internacionales como un país no libre o parcialmente libre en libertad de expresión. La libertad de expresión es normalmente una expresión de salud democrática y cuando aquélla se ausenta o está hostilizada, no sólo no tenemos un régimen de libertades sino que sostenemos regímenes autárquicos. El priato moldeó un tipo de relación entre poder y prensa en la que ésta terminó subordinada, por coacción o coerción, al gobierno de turno. Las dos presidencias panistas no cambiaron mucho el panorama. Ahí está el triste papel de Martha Sahagún y la represión a José Gutiérrez Vivó. O Calderón y Peña Nieto que decidieron convertir a Carmen Aristegui en su enemiga más importante.

A los gobiernos por definición no les gusta la crítica ni mucho menos el periodismo de investigación que en los últimos años está siendo muy dañino a sus intereses kakistocráticos. El periodismo de investigación en México se está haciendo con mayor calidad a tal grado que ha posicionado asuntos de interés nacional en la agenda pública (La casa blanca de Angélica Rivera o la estafa maestra de Robles) y con efectos negativos y peores saldos electorales para los gobiernos de turno.

A pesar de que el periodismo de investigación sobrevive y compite contra los negocios y empresas de medios de comunicación, los primeros han comenzado a ganarse un espacio y un papel de credibilidad y legitimidad social y política. La prensa en general y los medios de comunicación en particular están enfrentando los problemas de la alfabetización digital, el estrechamiento del círculo rojo, la ampliación y dispersión de actores que generan información y las nuevas/viajes reglas del juego desde el poder en tiempos de la 4T.

El viejo régimen pagaba para que no le pegaran, pero sobre todo, gastó miles de millones de pesos para colocar su “narrativa” de gobierno en un contexto cada vez más abierto, libre y de policentros de información. El caso más paradigmático ha sido el gobierno de Peña Nieto quien literalmente echó la casa por la ventana en publicidad oficial y se llevó la derrota más estrepitosa en la historia del PRI gobierno. En esta ocasión el dinero no pudo comprar una narrativa de realidad convincente.

El gobierno de López Obrador ha empezado a tener una relación con la prensa abiertamente crítica. No habíamos tenido un presidente que disputara todos los días una interpretación de la realidad con ciertos medios, que les pusiera un mote o perfil, que los ubicara en un espectro de aliados o enemigos, de conservadores o progresistas, de mentirosos o saboteadores. Los dineros no fluirán tan dadivosamente del gobierno a los medios en esta ocasión y será un reto para la prensa sostenerse con otros medios, para empezar, su propia seriedad y credibilidad a la hora de construir datos, investigar casos, informar sucesos y acontecimientos, al tiempo que ofrece una gama amplia y heterogénea de pensadores y articulistas de la realidad con sus respectivas hermenéuticas.

A nivel subnacional los gobernadores siguen teniendo un poder muy importante en el control y coerción de la prensa local y eso hace que el periodismo independiente y de investigación sea un garbanzo de a libra en los estados. Es más común encontrar periódicos o productores de información que se acomodan funcionalmente al gobierno de turno o que están listos para convertirse en francotiradores al mejor postor. 

La 4T tanto local como nacional parece que después de haber disfrutado los efectos de una prensa crítica e incómoda para los gobiernos priístas y panistas, no están listos aún para sostener un régimen democrático con un tipo de prensa crítica e incómoda. En un régimen democrático es mejor los excesos de la prensa que la represión de la prensa. Se ha dicho que la 4T buscaría dejar el antiguo régimen y construir uno nuevo. En el ámbito de la relación con la prensa, ese nuevo régimen dejaría a los electores decidir quién es un medio de comunicación fiable y cuál no. Que sean los ciudadanos y no el poder quien establezca quién miente y quién no.

*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.


Semblanza

Juan Luis Hernández Avendaño

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

Ver más +

Encuesta