Una nota conmemorativa del asesinato del empresario Eugenio Garza Sada escrita por Pedro Salmerón, Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana fue la oportunidad que tuvo la derecha para golpear al gobierno de López Obrador a través de una campaña de linchamiento mediático. Más de 60 mil veces apareció el nombre de Salmerón en Twitter en una ofensiva encabezada por la COPARMEX, dos expresidentes y varios medios de comunicación. ¿Cuál fue el pecado de Salmerón? Calificar de valientes al comando de jóvenes que en un desgraciado incidente asesinó al empresario regiomontano el 17 de septiembre de 1973. Como Secretario Nacional de Derechos Humanos de Morena pedí públicamente al Presidente López Obrador que no le aceptara la renuncia al hasta entonces Director del INEHRM. La razón de mi postura estriba en el hecho de que considero que la nota que escribió sobre el infausto acontecimiento era una muy equilibrada crónica en la que se retrató a Garza Sada como un hombre de bien, como “uno de los más notables y emprendedores industriales del país”; “un hombre modesto y austero”; “prototipo del empresario con sentido humano, impulsor de empresas que fueron cabeza del proceso de industrialización nacional”; “de manera efectiva a la educación superior en México”.
Todo eso escribió Salmerón acerca de Garza Sada. Pero agregó que había sido asesinado por un grupo de “muchachos valientes” y eso bastó para que finalmente terminara renunciando en el marco de una brutal ofensiva derechista. Por cierto el inefable Ricardo Monreal se unió a esa ofensiva y celebró la renuncia aduciendo que tres características deben acompañar a los funcionarios públicos “prudencia, sensatez y buen juicio, porque representan al Estado no una corriente política ni a un grupo de personas”. En suma tres virtudes que puede uno conjeturar le faltan a Salmerón según la opinión de Monreal. Al parecer el golpeteo conservador fue tan fuerte que el propio Andrés Manuel consideró que fue un gesto positivo que Salmerón renunciara: “ayudó mucho su decisión, porque de esa manera se deja sin argumentos a los adversarios…Yo creo que eso (su salida) fue lo mejor. Pedro vale más como investigador, como historiador, que como funcionario”. Independientemente de que puede estarse de acuerdo en que Salmerón vale más como historiador que como funcionario, expreso mi desacuerdo con respecto a que fue bueno que renunciara. La renuncia de Salmerón es una derrota en la batalla por la memoria histórica de la rebeldía en México. No puede olvidarse que la Liga Comunista 23 de Septiembre surgió después de las masacres del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971 y en el contexto de la guerra sucia en Guerrero que provocó el asesinato y la desaparición de cientos de personas. Cualquiera que lea Guerra en el Paraíso de Carlos Montemayor puede tener una aproximación literaria al terror contrainsurgente que equiparó a las fuerzas armadas y policías de México con lo peor de sus similares en Centroamérica y América del Sur. La renuncia de Salmerón significa aceptar que los guerrilleros de la década de los setentas fueron simples bandoleros criminales en lugar de rebeldes con motivos políticos e ideológicos. En ese sentido fueron similares a Pancho Villa y a Emiliano Zapata con la diferencia de que no tuvieron la capacidad de violencia que ellos tuvieron. También fueron similares a las guerrillas liberales que actuaron en contra de la intervención francesa como similares fueron en algunos de sus actos a los que cometieron los ejércitos liberales cuyo comandante era el magno Presidente Benito Juárez.
Más artículos del autor
La lucha política e ideológica tiene en la batalla de la memoria un escenario fundamental. Gana la pelea aquella fuerza política y social cuya versión de la historia termina imponiéndose. No podemos permitir que termine imponiéndose la historia que olvida injusticias, sufrimiento humano y vilipendia a los que se rebelaron contra estos agravios.