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Opinión



Con esta nueva emocionalidad

Martes, Septiembre 17, 2019 - 10:28
 
 
   

Cuando aparece el presidente en la mañanera, se siente un peso emocional tremendo

Este es un momento histórico muy particular de nuestro país, esta mañana -quizá como muchas mañanas pero esta con más intensidad-, el fenómeno emocional fue muy intenso, a eso quiero llegar, voy por partes. Cuando aparece el presidente en la mañanera, se siente un peso emocional tremendo, la experiencia del grito de independencia ha dejado al auditorio de periodistas mudo y pensativo. Se siente, se percibe, las miradas son atentas y distintas, todos parecen estar entrando en las páginas de la historia de este país y a través de la historia serán reconocidos, el peso emocional de ser un personaje histórico es verdaderamente difícil de decodificar, qué es esto, qué vamos a hacer con tantas emociones guardadas y tanta admiración contenida. A ver, no sé si te queda claro, pero estás hablando con un hombre al que el pueblo mexicano, abarrotando la plancha gigantesca del zócalo nacional le ha gritado a todo pulmón que lo quiere, que lo ama, que lo admira.

Esta dimensión desconocida de la admiración es un lugar al que nunca habíamos llegado, para empezar, me parece que ni el propio Andrés Manuel, que sacó un pequeñísimo recurso de decir que el ya había dado muchos gritos de la independencia en muchos pueblos que había visitado… no señor, perdóneme pero todos esos gritos anteriores desde la disidencia no tienen nada que ver con el grito de antier donde el pueblo feliz se le entregó a la admiración y al amor total, el problema ya no es que López Obrador entre a los libros de historia de nuestro país, eso ya sucedió y es inevitable que suceda, el problema es qué vamos a hacer con este país si la creencia de amarnos y se fraternos los unos con los otros se convierta en una realidad concreta y cotidiana. Aquí no se trata de estrellas de rock que juntan a millones en los estadios y que ganan millones de dólares por divertirlos, señoras y señores, aquí el protagonista del espectáculo es el pueblo de México, el presidente va a cambiar cuando termine su mandato, pero el pueblo seguirá y seguirá por los siglos de los siglos.

Es evidente que Andrés Manuel necesita bajarse un rato del helicóptero del palacio nacional e ir a los hospitales de Hidalgo donde faltan médicos, medicamentos y los enfermos se están muriendo de dengue, pero quién anota lo que haremos todos con esta emocionalidad contenida, el fervor patrio verdadero, la admiración de la gente sin frenos y sin vayas como cuando entraron al zócalo caminando todos por voluntad propia. No estoy intentando vaticinar nada ni quiero especular en cuanto a lo que pueda pasar con toda esta emocionalidad contenida, pero me queda claro que si en la independencia se armaron esperanzas de que España se retirara y se creara la nación como tal, que si en la reforma la imagen de Juárez se erigía sobria por la defensa de un estado mexicano que tenemos ahora y que todo eso fue alimentando el fervor patrio y la conciencia de la nacionalidad y de la mexicanidad, me queda claro que si bien la revolución fue un movimiento nacional gigantesco de tremendas luchas, con un colosal costo social, con una inmensa movilidad y desgaste, de entrega y búsqueda de un cambio social desbordante desde el que este país se vivió mucho más en el entusiasmo y la rebeldía de Villa y de Zapata que en la conciencia del cambio, hoy, tenemos al frente del ejecutivo a un hombre que sí sabe lo que quiere, que sí conoce al estado por ser un gran estadista, que sí ha luchado toda su vida por las causas de los pobres, repito, hoy, esta emocionalidad contenida durante siglos, de pronto emerge de manera brutal y comenzamos a vernos de maneras en las que nunca nos habíamos visto, esta emocionalidad también es un volcán en erupción, y no creo que sepamos por el momento comenzar a reconocernos desde y con esta nueva imagen, en la posibilidad de mirarnos como iguales, como democráticos con los mismos derechos y los mismos deberes, y no se trata de una alegoría ideológica o persuasiva, el mundo comienza a mirar que surge un México distinto y que renace una cultura poderosísima y  rica en valores y en creencias y en sencillez y en honradez y en respeto a la naturaleza y todo lo demás.

Cuando Andrés Manuel gritaba que vivan los pueblos indígenas de este país, el zócalo se cimbró como si ya fuera 19 de septiembre, se cimbró la historia, la conciencia popular, la conciencia familiar, los recuerdos de todos aquellos que dejaron sus pueblos para irse a vivir a la capital. La contención emocional es brutal, insisto, la reconfiguración del país es tremenda. Si bien el presidente tiene la experiencia de dejar pasar las cosas con su humildad y su sobradísima inteligencia, tiene que saber que esta no es una pequeña marcha de sus seguidores en el monumento a la revolución, tiene que saber que es todo el país que está detrás de él, que lo aclama, que lo adora, que lo ha elegido como un verdadero líder, un liderazgo elegido, alimentado y renovado  día tras día, una admiración que se desborda por todos lados, una oposición que termina doblegándose frente a él para reconocer que verdaderamente está uniendo a México y que lo que ha prometido lo viene cumpliendo concretamente y que, insisto, México lo adora, lo adora y lo adora.

Cuando el reportero le preguntó eso de qué siente un hombre y cómo vive un hombre tanta devoción hacia él, Andrés respiraba profundo, se le miraba sobrecargado, quizá más lento que otras veces, se le miraba lleno de intensidad, - en alguna parte de la conferencia habló de su infarto por cierto, del tremendo dolor que sintió, y no me parece nada desconectado de todo esto, es su corazón el que se está sobrecargado de tanto amor- ¿cómo manejar tanto cariño del pueblo?, qué complejo y difícil debe ser todo eso. Qué hermoso que como país comencemos a tener que manejar estas emociones de amor en lugar de manejar las de rencor, venganza, odio, vergüenza y desconfianza… por todo esto es un nuevo capítulo en nuestras vidas y en la vida de México.


Semblanza

Abelardo Fernández

Dr. en Psicología. Coordinador de Desarrollo Humano y docente de la Escuela Libre de Derecho de Puebla (ELDP) Psicoterapeuta Gestalt, Musicoterapeuta, autor del libro: Desarrollo Humano para Abogados.

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