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Opinión



El turbio “affaire” de Museos de Puebla

Jueves, Agosto 8, 2019 - 14:58
 
 
   

Los museos brindan la oportunidad a sus directivos de “aprobarse” salarios de envidia.

En su influyente columna editorial, Rodolfo Ruiz expone, el 8 de agosto, una trama sobre el destino final de obras pictóricas de la autoría de Carolina O’Farril que involucran a personal de la OPD Museos de Puebla. La información base del asunto está incompleta y considero conveniente exponer lo que de ello sé, sin mayor afán que la puntualidad. Ante todo, señalo que conozco tanto a los protagonistas mencionados, como aquellos de los que no se habla y que están relacionados, lo mismo con los hechos, que con las veladas intenciones de su testimonio.

1. Los hechos. De manera sucinta el asunto refiere la intención de Carolina por obsequiar uno de sus lienzos a 7 afortunados poblanos. Al parecer, este deseo nació del beneplácito sentido por O’Farrill ante la puesta museográfica y éxito de su reciente exposición del pasado mes de julio, ideada por ella e instrumentada por el área de Exposiciones de Museos de Puebla. La generosidad de Carolina debía cumplirse mediante la asertiva instrumentación de los protocolos y cauces legales requeridos, que permitieran lograr el objetivo con transparencia y pulcritud, ya que se acordó que Museos de Puebla fuera el custodio de las obras y garante de la imparcialidad en la adjudicación. Dos puntos para ello eran clave: 1) La protocolización legal de la donación a Museos de las obras, y, 2) La definición del método o sistema de elegir a los ganadores. Siendo así, las obras no podían sortearse mientras ambas cuestiones estuvieran inconclusas. Y es, a partir de aquí, cuando inicia la comedia de enredos que ha desembocado en el galimatías actual, pues resulta que: A) No se ha formalizado legalmente la donación, ya que no existe un documento que así lo sustente de manera irrefutable; B) No se ha decidido el método para la adjudicación y entrega legal de la obra, y, C) El impasse de la transición entre los gobiernos, saliente y entrante, tiene detenidas casi todas  las  acciones culturales.

Bien, ¿entonces cómo se llegó a concluir la posible comisión de una falta o, incluso, de un delito? ¡Ah, pues gracias a que no se expusieron todos los elementos del caso! Veamos. 1) El área de Museos de Puebla encargada de las exposiciones se forma con Rosalba Carrasco, como su Directora, Mirian Reyes, como Subdirectora de Colecciones y Mariela Arrazola, como Jefa de Exposiciones; directa e indirectamente, las tres son responsables de lo que suceda en su área y no solo Miriam, como se mencionó; 2) Además de ellas, conllevan responsabilidad en el caso: Miguel Ángel Pérez Maldonado, en su calidad de Abogado general y Juan Carlos Fernández Jasso, como Director General de Museos en el momento de presentarse los hechos; 3) Las obras de Carolina O’Farrill existen y están en las oficinas de Museos, solo que no se encuentran las 7 en el mismo sitio, ni en manos de la misma persona; 4 se encuentran en posesión de Mariela Arrazola y 3 con Miriam Reyes; ¿por qué?, porque una vez aceptada la encomienda de Carolina O’Farrill había que informar a todos los poblanos la intención de la pintora y, por ende, la forma en que podían ganarse uno de los cuadros; de tal suerte, se eligieron 3 obras para fotografiarlas y, mediante ellas, ilustrar la promoción, misma que se haría preferentemente a través de las redes sociales; pero esta rocambolesca situación se complicó aún más porque el fotógrafo oficial se encontraba de asueto, ya que, como buen oaxaqueño, todos los años utiliza su periodo vacacional para asistir a documentar gráficamente las festividades de La Guelagetza. Así, habría que esperar su retorno para contar con las mencionadas imágenes de los cuadros, por lo que estos durmieron y duermen el sueño de los justos en alguna gaveta; 4) En todo este entramado, no tiene vela Ernesto Cortés, ya que, si bien en algún momento formó parte del área de Exposiciones, ya no pertenece a ella, por lo que su inclusión en el desaguisado es más que sospechosisíma y, creo, obedece a “intereses mezquinos e inconfesables” que imagino son el verdadero sentido de la “espontánea, límpida y justiciera intención” de los informantes de Rodolfo en este affaire.

2. Lo turbio. Enunciado lo anterior, vamos a lo que considero el sustrato verdadero de este asunto: la pelea por las posiciones directivas en la renaciente Secretaría de Cultura. Entre todo lo que culturalmente destruyeron los morevallistas, una dependencia fue fortalecida: la OPD Museos de Puebla. ¿La razón?, los museos producen dinero, propician “negos”, permiten inflar las estadísticas del sector turismo, brindan la oportunidad a sus directivos de “aprobarse” salarios de envidia y asombro, colocar a los amigos y protegidos aunque sean unos y unas ignorantes culturales, etcétera, etcétera. Ahora bien, este horror podría haberse evitado si en el pasado los encargados de los museos poblanos hubieran sido probos y ejemplares, pero desde la llegada a la Secretaría Ejecutiva del (casi) extinto Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, del exembajador Jorge Alberto Lozoya y la sempiterna presencia en esos años de Octavio Ferrer en la Dirección Administrativa, museos fue como un agujero negro, tenebroso e insondable, que la llegada del galismo y, después, del pachequismo, hicieron más nebuloso y confuso al colocar al frente de museos, primero, a un LAE, futbolista de americano y, después, a un Arquitecto “aficionado” a la pintura. ¿El resultado?, sospechosismo total y encubrimiento de la “realidad real” del estado actual y futuro de los “grandes museos” ejecutados –“perpetrados” estuve a punto de escribir- por el morenovallismo. Pero, a pesar de lo mencionado, la Dirección General de Museos continúa siendo una apetitosa posición, que más de uno, y una, quisiera detentar. De ahí, lo desprolijo y arrabalero de la pelea por llegar a su trono. Y, ya  entrados en materia, es de esperar que en los siguientes días, cuando tome velocidad la “rumurología cultural”, se multipliquen las “albercas de lodo” sobre las cuales pretendan combatir y ganar posiciones –Literatura, Patrimonio, Festivales, Música, etcétera-, las orwellianos criaturas que creen que aún somos parte de la trama de La rebelión en la granja.

Muy bien, ¿pero acaso soy un “iluminado” y veo lo que los demás no? ¡Desde luego que no!, cualquiera que, conociendo los hechos, tenga más de un par de neuronas conectadas entenderá que todo esto es producto del zafarrancho, ramplón y descarado, por influir en las decisiones que se habrán de tomar y firmar, sobre los puestos preferentes y sustanciales de la, ya próxima, SC. Sin embargo y en honor a la verdad, se antoja difícil que estas maniobras fructifiquen, toda vez que Julio Glockner y su íntimo círculo de colaboradoras –y no se diga del gobernador Barbosa-, han hecho gala de discreción y mesura en cuanto a la estructura definitiva que tendrá la SC y las mujeres y hombres que ocuparán sus posiciones más relevantes.

Aun así, y parafraseando al Subcomandante Marcos el día que iniciaron los Diálogos por la Paz: “Bienvenidos a La Realidad”, en este caso, a la Cultural poblana.


Semblanza

Patricio Eufracio Solano

Es Licenciado en Lenguas y literaturas hispánicas por la UNAM. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) por la UNAM. Y Doctor en Historia por la BUAP.

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