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Opinión



De graduaciones, patanes y el poder

Domingo, Julio 21, 2019 - 13:31
 
 
   

Piensan que pisotear a una organización, a una estructura son gestos normales del poder.

Se suele decir que el hombre, con copas, se transforma. Que el alcohol cambia a las personas. Pero también ocurre que no es exactamente que cambie, sino que lo muestra tal cual es.

Y si eso sucede con copas, algo semejante pasa con el poder.

El poder, si no se sabe administrar, exhibe al ser humano con todas sus miserias.

Viene esto a cuento por algo que sucedió en la ceremonia de graduación de todo el alumnado de licenciaturas del Instituto Normal del Estado. Una anécdota reveladora de ese concepto bajuno del poder.

El acto, bien organizado y con un magnífico escenario, estuvo a punto de terminar en un escándalo, incluso con violencia.

Como en toda ceremonia, se armó un programa con presídium, invitados, discursos y la parte musical. Se desarrollaba este con los ajustes propios también de estos casos.

Invitados que confirman y a última hora cancelan; y finalmente sí asisten. La clásica informalidad e irresponsabilidad de politiquillos mexicanos carentes de seriedad en sus cargos y en su agenda. Quien no puede administrar su tiempo no es capaz de administrar nada.

El momento de crisis surgió con la presencia del invitado principal, el secretario de educación Miguel Robles Bárcena. Poco antes de su presencia llegó su “avanzada”al recinto. Cambió  el programa, impuso uno propio y sometió a los organizadores a tiempos y ajustes.

Con flexibilidad, el responsable de la ceremonia hizo los arreglos adecuados. Pero en el curso del acto, los personeros del secretario, acaso acatando indicaciones y estilo del mismo,  fueron más allá. Pasaron por encima de toda conciliación y empezaron a gritar, imponer y acortar el programa.

Dijeron que el secretario se tenía que ir luego porque tenía cosas más importantes que hacer. Todo esto en un clima de gritos e imposiciones.

 El responsable de la ceremonia hizo valer su autoridad y el programa aprobado por la institución y frenó la intentona atrabiliaria de los patanes. Esto transcurría tras bambalinas y muy pocas personas del público advertían el escándalo.

La horda de pelafustanes quería imponer sus caprichos a toda costa. Todo a nombre del secretario. El punto llegó a las amenazas y casi a la agresión contra el maestro encargado del acto.

Los pelafustanes le gritaron que  “¡esta es la primera y ultima vez que el secretario asiste a un acto de estos.!” Y en esto no mentían: el tal secretario ya va para fuera, está a unos días de poner pies en polvorosa sin pena ni gloria. “Un respiro para la Normal”, se dijo por ahí.

Y como la música aplaca a las fieras, vino la parte musical con el coro del maestro Altieri, que a regañadientes aceptaron los intrusos respetar.

La prudencia y temple de los organizadores frenaron las pretensiones arbitrarias de los bárbaros. Y todo tuvo un final feliz, pasando por alto el despotismo de huarache de la famosa “avanzada del secretario de la SEP”.

Todo esto, que no pasaría de una anécdota común de la vida diaria, pone de relieve el muy aldeano concepto de la autoridad que se tiene en el sector público. 

Funcionarios que se trepan a un ladrillo y creen que gobiernan Roma. Gente que llega tarde, interrumpe el orden, fija sus condiciones, hace caprichos, y cree que así es el poder.

Piensan que pisotear a una organización, a una estructura y una disciplina, son gestos normales del gobierno y del poder. 

Esta pequeña muestra de despotismo ilustra muchísimo acerca de cómo ha sido el comportamiento de los poderosos y sus ujieres en nuestro país. El ejemplo más pulido de esto llegó a ser el estado mayor presidencial. Vimos a esta corporación imperial pasar por encima de leyes, orden, principios y la dignidad humana.

Los abusivos de ayer y de hoy, no terminan de comprender que justamente por todo esto, por la suma de arbitrariedades, abusos y despotismo polifacético, la gente se hartó y echo del poder a esa cáfila.

xgt49@yahoo.com.mx 


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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