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Opinión



¡Libertad de expresión y de Assange!

Domingo, Junio 9, 2019 - 12:51
 
 
   

La expresión escrita u oral es cómo el ser humano da cuenta de sí mismo.

El día siete de Junio se ha vuelto una fecha además de memorable, emblemática para la libertad de expresión, pues en esta fecha se conmemora ese derecho humano fundamental y esencial para cualquier ser humano, que consiste en la <<libertad de expresión>>.  En efecto, ese derecho es consubstancial a la existencia de cualquier hombre o mujer.  De hecho nadie puede desdoblarse ni desplegarse, en cuanto ser humano, sino mediante ese derecho que no sólo es positivo, en el sentido de que exista en uno o varios  documentos jurídicos, sino del todo es inherente a la mismísima  naturaleza de cualquier ser humano.  Por tanto, su positivación y concreción social constantemente debe mejorarse, cuanto más se ahonda y se sabe de él.   Sólo una sociedad que ignora el <<plexus>> de sus múltiples aristas y dimensiones, puede permanecer demasiado chata, estrecha, reduccionista respecto a cómo abrigarle, tutelarle y desarrollarle en inmediata concomitancia con los seres humanos que ahí, en ella, llenos de posibilidad, moran o conviven en su seno.  En ese sentido, puede perfectamente sustentarse que la <<expresión>> escrita u oral es cómo el ser humano da cuenta de sí mismo, de lo que hace o no hace.  Pero no sólo se expresa para confirmar o dar cuenta a los demás, prima fascie, de su existencia, sino se expresa, también, incluso de modo fundamental, para defender lo que se es o tiene, o defender en esos sentidos o aristas igualmente a otros.  En ese orden de ideas, no sólo lo más racional sino lo más humano de un hombre o mujer tienen lugar por su posibilidad o posibilidades reales  de expresión, en un aquí y ahora concretos.  Todo esto implica que los <<espacios de expresión>> además de conquistarse deben trabajarse, y una vez que se tienen, deben defenderse como irrenunciables conquistas humanas.  En esta materia, la de la libertad de expresión no puede darse marcha atrás. En cuanto se conquista un peldaño ya debe prepararse el siguiente. ¡Nada de retrocesos!

La positivación en leyes del <<derecho a expresarse>> es en sí misma una conquista. Pero no es suficiente si los derechos que allí se consignan, sólo se quedan como vistosas abstracciones y no trascienden a la vida práctica.  Si no impregnan con su esencial racionalidad la práctica comunicativa e informativa social, si el discurso legal de la libertad de expresión se desarrolla por un lado, mientras por otro, la vida material, social, transcurre sin que los seres humanos se intercomuniquen como subjetividades que gracias a que ejercen la libertad de expresarse no sólo van más allá de sí mismas respecto a ellas mismas en tanto unidades sólo egóticas, sino respecto a lo que son como alteridades del todo social del que tanto <<devienen>> como <<le devienen>>.  La necesidad de comunicarse y comunicar es en esta parte, tan necesaria como necesaria es la misma existencia en que los seres humanos tanto desdoblan como se desdoblan. En este esencial movimiento, cuasi-oleatorio, en que tanto se va como se viene, la necesidad de expresarse en cada ser humano es un paralelo prácticamente de cada existencia que así se pone de sí misma.  Ponerse otro, en efecto, es el mismo movimiento del uno en tanto uno, con respecto a sí mismo, pero también, es ese mismo movimiento en que ya no se es sólo si mismo, sino en tanto totalidad o plexo social de sí, por lo que, en cada particularidad, también deviene en cuanto tal plexo, en efecto.  La <<libertad de expresión>> es entonces ese continuo hacerse, que no cesa, y no para porque al tiempo que es cada uno que se comunica en cuanto hace o no hace, en cuento tiene  no, es también el todo que así se expresa como particularidad en un aquí y ahora, concretos.  Tal es entonces la necesidad de expresarse, y la conciencia de esto no es sino lo que va más allá de su positivación actual siempre como <<libertad de expresión>>.

Entonces el art. Sexto constitucional ese esa fundamental positivación en su dimensión jurídica. Pero no debe quedar como letra muerta, o como simple abstracción, requiere como tal negar la realidad que la niega.  Tal es la realidad de los medios, que niegan el derecho a expresarse de los seres humanos.  En México vemos que el derecho a la información se encuentra trastocado, pues en lugar de aparecer garantizado en beneficio de toda la población, lo que, más bien, aparece  garantizado es el “apetito de enriquecimiento” de quien maneja los medios.  Así, la “titularidad” de la propiedad de medios, está por encima de la <<titularidad>> del derecho a informarse, o de la <<libertad de expresarse>>.  Esto lo vemos en Puebla, pero también en todo México.  La información, entonces, no pasa de ser un pretexto para lograr “grandes ganancias” a su costa, o “a costa del público” que en lugar de informado, “víctima” de ese “apetito”,  queda desinformado, sin opción. La libertad de expresión no sólo es un derecho a expresarse de cada persona, sino del público en el sentido de que <<este tiene derecho>> ha saber o conocer puntos de vista diversos sobre temas también diversos, y por tal razón resulta esencial que los demás se expresen.  Pues con sus alocuciones no sólo exponen lo que les dicta su conciencia o les dicta su libre albedrio, sino exponen putos de vista que sobre materias distintas reclama y exige el público, la gente, quizá para normarse un criterio o para alimentar una decisión propia. Entonces la <<libertad de expresión>> al tiempo que es <<impulsiva>, <<expansiva>> <<centrifuga<<, es también <<atractiva>>, <<contractiva>>, <<receptiva>>, <<centrípeta>>.  Esto no sólo obliga a un máximo de objetividad en quién comunica o informa, sino a un máximo de oportunidad.  Pues lo que se comunica o informa al ser relativo a hechos o acciones o situaciones o relaciones, no puede pasar solo, sino verse acompañado de una pretensión de universalidad, y por tanto, ser válido o verídico en cualquier parte del universo, pero al mismo tiempo requiere ser actual en el sentido de su pertinencia respecto a ocupaciones y preocupaciones de un receptor también universal.  La libertad de expresión, entonces, no puede ser sólo de un solo lado, sino por lo menos de dos.  También aquí se entrevén otros lados, por ejemplo, un tercer lado, o el relativo, a una fusión social global que no puede dejar de cumplirse so pena de anquilosarse tanto la posibilidad expresiva misma, como el todo social que deja de ser asistida en cuanto la posibilidad expresiva se anquilosa o sufre hipertrofia.  El art- sexto constitucional no puede leerse a partir de sólo una arista. La multi-arista debe desarrollarse, de otro modo tendremos libertades expresivas dignas de pigmeos, demasiado enanas, en efecto, cuando no ciegas si su “telos” solo se reduce a la “ganancia farisea”, demasiado animalesca, que mientras descuida la expresión diversa, critica  o múltiple, impone los efectos fatales de la “ceguera” del beneficio sólo monetario.            

Terminamos con un clamor generalizado, social y por demás ecuménico, de gran exigencia, para que alguien que tanto ha hecho por ese <<tercer giro>> en que se perfecciona la <<libertad de expresión>>, ya, se le deje en libertad.   Julián Assange, en efecto, hoy por hoy es el <<gran paladín universal>> de ese derecho, de esa fundamental <<libertad de expresión>>.  No puede pasar desapercibida la situación “infame”, de “gran injusticia”, en que se le tiene sub judice, encarcelado en Londres Inglaterra.  El llamado “mundo libre”, no puede serlo, si se niega la libertad a alguien que ha dedicado toda su vida a la permanente y constante afirmación de esa <<esencial>> libertad.  Desde aquí hacemos votos para que Julián Assange no sea más perseguido, y exigimos <<su excarcelación>> de inmediato.  Alguien que ha hecho del pensamiento libre <<su vocación>>, no puede ser preso por sociedades que se reclaman a sí misma libres o  que hacen de la <<libertad>> ni más ni menos el <<principio>> constitutivo fundamental de su existencia, en cuanto tales sociedades.  Assange, sin que se lo haya propuesto, ya, es el espejo <<del futuro>> de esas sociedades.  Por lo que, no se pueden negar así mismas, manteniéndolo en prisión.  Ver el futuro de esas sociedades no puede ser delito. ¡Libertad inmediata para Assange!  En esto reside <<liberar>> de las “taras” mentales a la humanidad entera.


Semblanza

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas y de la Facultad de Derecho de la BUAP.  Autor del libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas, Configuraciones Jurídico Políticas, la Cuestión Social (libro en prensa), etc.  E- Mail: Coseidad@hotmail.com. 222  2295500 ext. 7712.

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