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OPINIÓN

Felicidades Maestros-Empleados

Es una declaración fuerte pero real, es un tema que por temor a perder el trabajo uno no revela

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Viernes, Mayo 17, 2019

Los que hemos trabajado toda nuestra vida como maestros en escuelas particulares sabemos que más que alumnos hemos tenido clientes. Sé que es una declaración fuerte pero real, es un tema que por temor a perder el trabajo uno no revela. En tanto la educación se ha convertido en uno de los negocios más jugosos de las últimas décadas y la competencia y la lucha por los mercados y por las ofertas educativas es una evidencia más de nuestro sistema de iniciativas privadas, la relación maestro-alumno queda condicionada, en  este sentido, al capitalismo educativo incide permanentemente en lo que antiguamente llamábamos de manera romántica, la pedagogía.

La revelación de esta realidad nos pone de frente con otra realidad, lo que entendemos hoy como el día del maestro en realidad se trata del día del empleado. La consagración de la labor cotidiana de llevar a los alumnos por el buen camino o por el camino del conocimiento está supeditada no a principios pedagógicos y honorables, sino a principios laborales y lealtades consabidas. En la educación privada los alumnos se convierten en clientes y los maestros en empleados, ambas relaciones están matizadas por la competencia en el mercado y la prosperidad de los empresarios de la educación. Despliego las dos reflexiones a continuación, una que tiene que ver con los alumnos-clientes y la segunda que tiene que ver con los maestros-empleados.  

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Cuando los alumnos son clientes y pensemos que si son pequeños son sus padres lo que son los verdaderos clientes, están en la posición de exigir tales y cuales cosas relacionadas con las comodidades que creen que su hijo necesita dentro de la escuela, su punto de vista entra a formar parte de la pedagogía que la escuela se plantea, en general podemos anticiparnos a afirmar que las más comunes inconformidades están relacionadas con las exigencias de los maestros y que los maestros imponen a sus alumnos “los maestros ya no pueden exigir ni pueden imponer”. Ya en muchos más detalles, los padres/alumnos-clientes son capaces de incidir en el tipo de personalidad del maestro, en su manera de comunicarse, en su manera de vestirse, en el tipo de respuestas que da a los alumnos que, en todo momento, y en muchos casos pero no en todos, estará cuestionada por parte del padre de familia o por el alumno. Insisto, no en todos los casos, pero en muchos, la pedagogía del maestro queda expuesta a los puntos de vista de padres que las más de las veces, nada saben de pedagogía. El maestro-empleado, ahora empleado por doble partida, una de los padres y otra del empresario que le da trabajo, se mira en la necesidad de caerle bien a ambas partes, y, una vez más tenemos que subrayar que ninguna de estas dos partes suele ser una eminencia académica de la pedagogía que sepa qué se tiene que hacer con los alumnos o incluso, qué opinar sobre estos en la relación con sus padres.

En la educación privada de chicos mayores, ya adultos o casi adultos, esta mirada  instalada durante años de que los maestros son empleados pagados por sus adinerados padres, sigue manteniendo esta misma lógica, tienen opiniones del tipo: es que esta materia me aburre, no es divertida. Esto quiere decir que tanto la materia como el maestro lo tienen que divertir y la verdad hasta ahora no conozco una escuela de pedagogía o una normal para maestros donde se diga que el maestro tiene que divertir a los alumnos. Frente a los ojos de los clientes alumnos los maestros tienen que aparecer como simpáticos, dóciles, bien vestidos a los ojos de los alumnos, por supuesto limpios, la mayoría de las veces jóvenes, los viejitos de hablar lento también les aburren, no tienen que compartir experiencias personales porque a ellos no les importan y, por si todo esto fuera poco, tienen que ser comprensivos de todo los que les sucede a los alumnos y ponerles buenas calificaciones, es ahí cuando dicen, ese maestro o maestra es buena onda. Cuando uno les pregunta cómo es que les gustan los maestros sin dudar ellos dicen que estrictos, son los mejores los maestros estrictos, pero cuando no los soportan amenazan con irse, con decirles a sus padres o a las autoridades escolares, los empresarios y patrones del maestro. No hay cosa más desesperante para un empresario educativo que la deserción. “La tensión necesaria propia del acto educativo, la razón de superar los obstáculos que el maestro les impone a los alumnos, queda eliminada y se elimina también una importante parte de la educación, la de superar obstáculos”.

En el segundo momento, cuando consideramos a los maestros como empleados tenemos que hacer unos cuantos apuntes tanto del orden pedagógico como del orden laboral. La primera variable es si el empresario educativo sabe de pedagogía o no, en muchísimos de los casos ésta en una realidad bien aparente. Suelen no tener un proyecto educativo definido y claro para con sus escuelas, suelen no saber explicarlo, en muchas ocasiones contratan a un maestro experimentado para ahorrarse la elaboración del  programa, la bibliografía y la mecánica de la clase, suelen estar al pendiendo viendo cómo se sienten sus clientes e interviene desvergonzadamente con ese artilugio infame que llama “Las evaluaciones a los maestros”.  El empresario educativo solamente es un espectador de su producto final que es el alumno-cliente. Las nociones de educación, de esfuerzo, de respeto incluso, van de la mano, las más de las veces por no decir casi todas, con el sentido común, quiero decir, con el sentido común del empresario educativo pomposamente autodenominado como director. Casi podría decir que es una generalidad que los empresarios educativos suelen elegir como sus preferidos a los profesores más dóciles y sumisos, que por desgracia suelen ser los menos críticos y los menos preparados, algunas que otras veces los más corruptos también. Un fuerte debate educativo y pedagógico no suele ser aceptado por los empresarios educativos, les espanta demasiado, ahora bien, si el maestro que contrataron para levantarles el prestigio tiene títulos elevados de doctorado y mucho más elevados que los que ellos tienen, entonces dicho maestro está en  peligro de perder su trabajo, lo que importa no es la calidad educativa, lo que verdaderamente importa es el negocio, las ganancias y la tranquilidad del patrón. Frente al empresario educativo el maestro-empleado tiene que venir muy bien vestido, ser simpático y sonriente, agradar a todo el mundo, pero por sobre todas las cosas, ser una persona moralmente tan admirable que lo que verdaderamente le importe son los alumnos y la gran misión del apostolado del magisterio, eso es, palabras que repiten rimbombantes en las ceremonias del 15 de mayo día del maestro. Es muy importante decir que tal apostolado incluye el hecho de que los maestros de empresas educativas privadas reciben un miserable sueldo, las más de las veces ni siquiera reciben prestaciones a las que tienen derecho por ley y reciben, una vez más lo digo, un trato de empleados, no de maestros. Recuerdo varias veces tenido que poner calificaciones aprobatorias a alumnos que nunca hicieron nada y que no estaban preparados para terminar una maestría, hablo del nivel de maestría. En un infame acto de confluencia laboral todavía algunos maestros se ponen orgullosos de que la escuela donde trabajan sea tan prestigiada que tenga muchísimos alumnos y la mejor educación: estricta y con computación, inglés y matemáticas. Les encanta saber que trabajan para un empresario educativo que es capaz de juntar a muchísimos alumnos.

Uno no entiende cómo es que la SEP no revisa bien a estas escuelas a detalle, en muchísimos casos tienen programas apócrifos de temas inventados y sin fundamentar, no pasan por una revisión académica seria y no tiene que ver con personajes con cédula profesional que avalen legalmente las currículas que se imparten: cada quién puede enseñar y dar conocimientos de los que se le dé la gana y viva la pepa, como decía mi tía. No, y déjate de eso, para hacer los trámites de titulación, entrega de constancias y calificaciones y todos esos trámites son “VERDADERO AMPONES”. En muchos casos la SEP ni siquiera los tiene en sus listas de titulación y pueden llegar a tardar hasta diez años en entregarte el título, unos, no todos. Por un trámite que en la SEP les cuesta 1,600 pesos, te llegan a cobrar 20,000 pesos para dártelo e insisto, años y años después. Tremenda corrupción se debe esconder detrás de toda esa robadera indiscriminada.

Las famosas evaluaciones a los maestros, y no me refiero a las de la pasada reforma educativa de Aurelio Nuño, que eran punitivas, me refiero a las que se siguen haciendo en las empresas educativas para correr y/ torturar a maestros y que también son  punitivas, tienen la mirada unilateral del alumno-patrón, del alumno-cliente, conectado con el empresario educativo-patrón. ¿Qué el empresario educativo no sabe cómo es esa persona que la contrata para trabajar en su escuela y espera que sean los alumnos los que digan cómo es y tenga argumentos para correrlo?

Cada quién sabrá cómo deberá ser un maestro, qué tanta independencia, apoyo y respetabilidad requiere para hacer su verdadero trabajo de llevar a los alumnos al conocimiento y a la regulación del comportamiento relacionada con la adquisición de este conocimiento. La independencia y el apoyo hacia el maestro tiene que ser tan importante como la del abogado, la del ingeniero, la del arquitecto, la del fiscal general incluso, la del psicoterapeuta también. ¿Qué tanto los respetamos y nos beneficiamos de sus conocimientos y aportaciones? ¿Qué tanto los valoramos en sus apostolados y qué tanto los hemos convertido en simples empleaduchos a nuestro servicio?

Felicidades a los maestros-empleados en nuestro día, podremos festejarnos por doble partida, como maestros y como empleados. Que la pasen bien, que les den su comidita, su reconocimiento en un cartoncito, su regalito y su fiestecita… en horabuena.

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