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Opinión



Un programa ecológico para Puebla

Jueves, Mayo 16, 2019 - 06:47
 
 
   

Resistió bien los embates previos, el vendaval del fuego amigo y los ataques de sus actuales

Muy pocos dudan del próximo triunfo de Luis Miguel Barbosa Huerta en las elecciones extraordinarias para gobernado. Resistió bien los embates previos, el vendaval del fuego amigo y los ataques de sus actuales adversarios.

La última aduana es el debate del domingo 19 del mes en curso. Aunque no sería rara la pretensión de convertir un evento republicano en un ring de lodo, la estrategia ya no afecta la tendencia mayoritaria hacia Morena. Se requiere más que un debate para tumbar al puntero.  Además, hay tanto que discutir de la vida pública del estado, que cualquier intención de montar un escándalo solo provocará incremento del abstencionismo.

Al contrario, la exposición simultanea de los tres candidatos es un escaparate para puntualizar propuestas, metas, compromisos con la sociedad, objetivos, cursos de acción en el corto, mediano y largo plazo. Los aspirantes podrán presentar propuestas, confrontar puntos de vista, demostrar viabilidad, convencer al elector.

Más allá de la esgrima verbal es innegable la ventaja del morenista. Al conocimiento del entorno poblano y experiencia en la política nacional, hay que agregar que representa un partido político que detenta la presidencia de la república, la mayoría en San Lázaro, en el Senado de la República y la mayoría en la legislatura local. Ello le permite establecer propuestas diferentes, viables, realistas, posibles, con base demostrativa en las acciones implementadas por el gobierno federal, respaldadas por un número significativo de electores.

Alberto Jiménez Merino y Enrique Cárdenas Sánchez, en cambio, tienen que remar contra la corriente. Ambos provienen de fuerzas políticas de salida. Los periodos gubernamentales de sus partidos, en el gobierno estatal el primero y en el federal el segundo, dejaron mucho que desear. Navegan contra la corriente.

Uno de los temas, entre muchos otros, de exigencia en definiciones y acciones inmediatas es el entorno ecológico. La realidad lo ha impuesto como tema obligado de agenda política y gubernamental.

Nadie puede negar el deterioro del aire, la tierra y el agua. La contaminación de la mancha urbana avanza a pasos acelerados afectando todos los factores de la vida humana. Sus consecuencias en la salud empiezan a ser considerados focos rojos de las instituciones sanitarias. La calidad de la alimentación es mala: las verduras, la fruta y la carne se producen gracias a componentes bioquímicos que tienen en muchos casos, solo por referir un ejemplo, sustancias cancerígenas.

Los estudios sobre la calidad del agua escasean. Es un negocio en crecimiento y la normatividad para su monitoreo no siempre es la mejor. El mal manejo de los desechos industriales y la explotación minera, que empieza a proliferar en el estado, contamina el agua de ríos y arroyos.

Muy cerca de la zona metropolitana se encuentra el gran desagüe de aguas negras en que convertimos al ex lago de Valsequillo. Gobiernos van y gobiernos vienen y la cuenca del Valsequillo permanece como una gran cloaca.

El futuro nos alcanzó. Hasta hace 5 años era impensable la contingencia ambiental. En menos de diez años la mancha urbana ya no permite distinguir la ciudad de Puebla de los municipios conurbados. El modo de vida cotidiana es una en toda la zona metropolitana. Se fue para siempre la distinción entre la capital urbanizada y la periferia rural. Una consecuencia es el crecimiento exponencial del parque vehicular. De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, entre 2007 y 2017 el número de automóviles en todo el estado pasó de 970 mil a un millón 492mil 217. La mayor parte se ubica en la zona metropolitana. En consecuencia, la emisión de gases contaminantes también creció exponencialmente. Ahí está parte la explicación del porque el pasado martes se activó la fase 1 de contingencia ambiental, extendida a toda la zona metropolitana, que comprende una docena de municipios del estado de Tlaxcala, Puebla capital y municipios aledaños.

Las luces de alerta están prendidas. Los candidatos deben presentar un programa de resultados inmediatos para enfrentar la mala calidad del aire y el deterioro del medio ambiente,

El asunto no es menor ni es un tema de moda hípster. La contaminación ambiental es un grave y delicado problema social, toca todos los aspectos de la moderna vida urbana. La relación entre industrialización y calidad de vida atraviesa temáticas como la del empleo, vivienda, salud, conectividad, educación y cultura.

Enfrentamos un mundo contemporáneo globalizado, industrializado con severos problemas ambientales. Industrialización y urbanización van de la mano. Cuando las fábricas y la explotación de los recursos naturales no tienen restricciones para dañar la naturaleza, provocan desequilibrios en todas las dimensiones de la vida humana.

Cierto, no podemos sustraernos al contexto económico, sin embargo, hace falta enfrentar el problema de la contaminación. En esta contienda se deben considerar con puntualidad propuestas para detener la destrucción de nuestro hábitat natural.

El esfuerzo anticontaminante es de naturaleza comunitaria y la perspectiva tiene que ser integral. Los programas respectivos deben incluir mecanismos de participación social en el diseño, seguimiento y evaluación de la acción gubernamental. El próximo ejecutivo estatal debe sumar voluntades considerando los recursos con los que cuenta la sociedad, que no son muchos, pero si suficientes para empezar a tomar con mayor seriedad los problemas de contaminación.

Se requieren políticas gubernamentales de mayor espectro, que contemplen la participación de todas las instituciones de educación superior, sus centros de investigación así como de la colaboración de expertos nacionales e internacionales.

Es mucho lo que todavía se puede hacer. Un punto de partida es la revisión de la legislación en materia ecológica. Es obligado eliminar las ambigüedades permisivas. La legislación estatal respectiva, así como está, no ha sido suficiente para contener el daño a la naturaleza. Vale la pena considerar lo que dicen las normas internacionales sobre el tema.

Empezar a tratar el asunto implica desarrollar acciones diversas tales como campañas de reforestación y limpieza de los ríos, por decir lo menos y más inmediato, pero también se trata de impulsar una cultura ecológica. Sin ella todo esfuerzo pierde significado. Esperemos que del próximo debate salgan claves para detener el deterioro ambiental.

gnares301@hotmail.com


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Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP Autor de diversos libros Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

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