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Opinión



Lo pragmático, lo programático y lo paradigmático

Lunes, Mayo 6, 2019 - 07:20
 
 
   

Mientras la realidad del mundo sigue avanzando frenéticamente

“Puede haber nuevo Artículo 3º. con avances, insisto, muy importantes. Lo que del pragmatismo no se deriva es un proyecto educativo distinto. Hace falta. Es lo que se echa de menos”.

Manuel Gil Antón. Los límites del pragmatismo.

https://www.eluniversal.com.mx/articulo/manuel-gil-anton/nacion/educacion-los-limites-del-pragmatismo

Mientras la realidad del mundo sigue avanzando frenéticamente y presenta cada vez mayores desafíos en la construcción y aplicación del conocimiento, en la necesidad de formar personas éticas y ciudadanos comprometidos, en la urgencia de educar las emociones de los niños para promover su desarrollo armónico, en la educación física, ecológica, social y espiritual y en muchos otros campos, la (contra) reforma educativa de este sexenio sigue en el limbo al haber sido devuelta por el Senado a la Cámara de Diputados para una nueva revisión.

La indefinición y la incertidumbre continúan presentes entre los actores del sistema educativo que siguen trabajado en las aulas todos los días sin saber qué va a pasar con las normas que rigen su tarea actualmente y qué cambios habrá tanto a nivel administrativo como en el currículo que va a contener los aprendizajes deseables, mientras los políticos siguen debatiendo sobre lo que rige hoy: el memorándum inconstitucional del Presidente de la República o la Reforma educativa del 2013 aún vigente como legislación.

Nos encontramos pues en el limbo respecto a la concepción y operación del Sistema Educativo Nacional (SEN) debido a que los actores políticos –más bien ajenos a las preocupaciones formativas- continúan negociando en lo abierto y en lo “oscurito” para definir qué se quita, qué se deja y qué se añade a la propuesta de Reforma Constitucional que tendrá una nueva oportunidad de ser mejorada –y ojalá lo sea- en su revisión por parte de los integrantes de la cámara baja.

Estos cambios sin duda son muy importantes porque están en juego elementos como la forma en que se va a realizar el ingreso, la promoción, la evaluación y la formación de los docentes y directivos, la generación de conocimiento e información sistemática para la mejora del sistema, la posibilidad de los docentes de elegir mediante el voto directo y secreto su afiliación sindical y a sus dirigentes gremiales, el fortalecimiento y sentido de las escuelas normales, etc.

Sin embargo, como dice el Dr. Gil Antón en su artículo más reciente, se trata de modificaciones relevantes pero meramente pragmáticas, es decir, de orden práctico y de búsqueda de equilibrios entre diversas fuerzas políticas que están luchando por imponer sus visiones acerca de la operación de la educación nacional sobre todo porque tienen intereses en juego en estas definiciones.

Al salir de este limbo habría que seguir trabajando por un cambio programático, es decir, por la construcción de un verdadero proyecto educativo que defina las finalidades profundas y establezca las líneas estratégicas para avanzar hacia un proyecto de país decidido más o menos en común.

Del cambio pragmático –centralmente político- habría que avanzar hacia este cambio programático que deseablemente tendría que irse dando a partir de un diálogo serio y sistemático sobre el país que queremos llegar a ser y el perfil de ciudadano que necesitamos formar para lograrlo.

Un cambio programático que debería aspirar a ser independiente de los vaivenes sexenales, estar suficientemente blindado para que independientemente de qué persona, grupo o partido ocupe la presidencia del país, pueda mantenerse en marcha y ser periódicamente evaluado para mejorarse.

Para lograr la estabilidad y la continuidad es necesario que este proyecto educativo sea construido por la sociedad con la participación central de los actores del proceso educativo –maestros, estudiantes, directores, funcionarios, investigadores educativos, etc.- pero también con las aportaciones de otros sectores como los empresarios, los medios de comunicación, las organizaciones civiles, etc.

“Un cambio de paradigma es revolucionador. Una revolución que afecte a un gran paradigma modifica los núcleos organizadores de la sociedad, la civilización, la cultura y la noosfera”.

Edgar Morin. Método IV. Las ideas, p. 237.

Pero hay un paso más allá del cambio programático. Lo que el mundo está pidiendo hoy es un cambio paradigmático, es decir, en palabras del mismo Morin, un cambio de creencias, de ser, de universo. Este cambio paradigmático está requiriéndose con urgencia en todos los campos de la vida humana: en lo económico, en lo político, en lo científico, en lo cultural, en lo espiritual y por supuesto, en lo educativo.

Porque la educación no puede seguir instalada en el viejo paradigma que produce la destrucción del medio ambiente, la exclusión y la pobreza de millones de personas, la violencia y la muerte de miles de seres humanos, la imposición de intereses económicos y políticos de unos cuantos sobre las aspiraciones de vida humana de las grandes mayorías.

Se requiere un cambio de paradigma que revolucione las finalidades de la educación y modifique los núcleos organizadores de las escuelas y universidades para formar integralmente a los seres humanos que respondan a los desafíos del cambio de época.

El cambio programático que lleve a la construcción de un nuevo proyecto educativo nacional debe tener como base el cambio paradigmático que está pidiendo el mundo globalizado en el que hoy vivimos y que requiere la formación de ciudadanos de una nación y al mismo tiempo, de la tierra-patria que todos habitamos y de la que todos somos co-responsables.

Este es el horizonte amplio y pertinente de cambios que requiere nuestra educación. Mientras tanto, nuestros legisladores, políticos y líderes sindicales del magisterio nos mantienen en el limbo de la indefinición en los simples cambios pragmáticos. Así las cosas en este país.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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