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Opinión



Campañas autocomplacientes

Jueves, Abril 25, 2019 - 08:21
 
 
   

Alberto Jiménez Merino llegó a destiempo.

Partidas por la semana santa y las vacaciones, las campañas políticas no podían correr peor suerte. El ciudadano común en realidad se mantiene casi ajeno a la propaganda. Los medios sufren la misma sequía informativa y sólo cubren lo de cajón.

Los candidatos, por su parte, poco hacen por influir y conquistar a la gente.

El candidato de Morena, don Luis Miguel Barbosa, va montado en las encuestas con una tranquilidad que casi no lo despeina. Ese clima generoso lo debiera llevar a explorar otros planos más allá de la elección.

 Y eso quizá sí podría despertar curiosidad, interés, y acaso mover un poco a sus seguidores y a los de enfrente. Pero parece que  en su derredor priva más sumisión que imaginación. Y eso no le ayuda al abanderado morenista. A más de uno podría llevar a imaginar la fábula de la liebre y la tortuga.

En el flanco del doctor Enrique Cárdenas se da un problema con varias facetas. Todo mundo personaliza su candidatura por razones obvias: los partidos que lo acompañan son un lastre. El solo pesa más que todos juntos. O, dicho de otro modo, hace campaña a pesar de los partidos.

Su caso ejemplifica una parte de la tragedia de México: no hay líderes. Claro, exceptuando el caso del presidente López Obrador.

Cuando se postula a un académico con innumerables títulos, dominio de idiomas e imagen aceptable, resulta que es absolutamente ajeno a la gente. Es conocido y tiene aceptación sólo en un reducido círculo, pero es precisamente cuando  incursiona en la política el momento en que  se da cuenta que para caminar en ese medio se requieren mínimos de popularidad, comunicación llana, carisma, empatía y….un trabajo endemoniado.

Y todo esto ni se consigue en dos semanas ni es delegable. Se tiene o no se tiene.

El ejemplo más perfecto de todo esto lo vimos en la campaña presidencial con José Antonio Meade.

El doctor Cárdenas conoce la teoría, sabe muy bien todo esto, incluso tiene buenos asesores. Pero aquí aparece un factor personalísimo: la voluntad de trabajo, el empuje, el ansia de conquista, el esfuerzo de comunicación individual. El cambio radical de uno mismo.

Y más: la ruptura de esquemas, el abandono de modos y hábitos, la autenticidad corporal convertida en estética y religión diaria, a mañana, tarde y noche y en todos los ámbitos.

No es fácil, nada fácil desde luego. Y el tiempo apremia. Otra vez, es triste decirlo, hay que voltear a ver el cadáver de  Meade.

No es imposible la mutación  radical, pero no se advierten señales mínimas en esa dirección.

Alberto Jiménez Merino llegó a destiempo.  No es culpa suya, le toca bailar con la más fea.

Es, en alguna medida, víctima del sistema político mexicano. Fue un exitoso político cuando las cosas funcionaban de otra muy distinta manera. Para él todo cambió. Tiene una buen currículo pero el México de hoy es otro.

Incluso recuerdo haber platicado con él hace unos 15 años después de que pronunciara un excelente discurso en un acto de masas organizado por el, allá en la mixteca. Le dije, Alberto, me parece que estás en el umbral de buscar la próxima gubernatura, ahí la tienes enfrente. Asintió gustoso, pero las cosas fueron de otra manera.

Para colmo, su manager aparente o real, Mario Marín, es buscado por la justicia. Esto también repercute negativamente para Alberto. De paso habría que decir que el Caso Marín apenas empieza. Tiene tales ramificaciones que se le puede usar desde el poder presidencial para múltiples estrategias. Ahí esta el expediente abierto. Pasto seco y una caja de cerillos junto.

Digno de mejor destino, Jiménez Merino hace un esfuerzo encomiable. Tiene claro el piso y el techo.

Una cosa es cierta en el caso de los señores Barbosa y Cárdenas: en ellos y sus equipos no se ven signos ni síntomas de querer llamar la atención y sacudir el apoltronamiento de la gente.

Es absolutamente cierto que el escenario está más que claro. Pero, precisamente por esto el papel de los líderes es ver, pensar y actuar más allá de las circunstancias.

La comodidad, la somnolencia, el aburrimiento, la ausencia de  autocrítica y la autocomplacencia pareciera que viajan en el autobús de la pereza.

¿No le parece a usted?

xgt49@yahoo.com.mx


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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