Las guerras y los arranques de cólera son los recursos de la ignorancia; los arrepentimientos y las iluminaciones que llegan demasiado tarde.
-Josep Campbell -
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Puebla es un estado integrante de la Federación cuyas mujeres y hombres han dejado una huella indeleble en el devenir histórico de México. Por mencionar un par de ejemplos, hace un siglo y medio las armas nacionales aquí se cubrieron de gloria y hace un siglo, con los hermanos Serdán, comenzamos a gestar la Revolución Mexicana.
De lo anterior, se desprende que, poblanas y poblanos, tenemos una larga tradición de actitud democrática y somos agentes de cambio desde hace décadas. Como he postulado en anteriores entregas, es tiempo de celebrar un nuevo contrato social que no se derive de la guerra y del triunfo sangriento de un bando sobre otro, sino de la generosidad y la capacidad de encontrarnos en el otro, en el no – yo.
Lo mejor de la sociedad poblana es su diversidad: mujeres y hombres de todos los orígenes y rumbos, con diferentes características propias y pertenencias; muchas formas de entender al mundo y variadas experiencias espirituales, religiosas, políticas, económicas y sociales, hacen una colectividad que merece mejores horizontes.
Así las cosas, si asumimos que hombres, mujeres, niños, personas adultas mayores, personas con algún o algunos padecimientos, personas con discapacidad, migrantes; personas analfabetas o con algún grado de instrucción -y cualquiera otra categoría diferenciadora no excluyente que los amables lectores gustaren y mandaren- son la mayor riqueza de Puebla, justo es que, desde el Poder Público, el Mercado y la Sociedad Civil Organizada -y movilizada-, nos pongamos de acuerdo para, a través de un nuevo pacto social, busquemos acabar con la desigualdad abrazando la diversidad.
Ya en oportunidades previas he expuesto, en este mismo espacio, las vertientes social, económica y jurídica del nuevo contrato social para la paz y el bienestar de Puebla. Ahora bien, ¿Cómo ponernos de acuerdo y distinguir principios comunes siendo tan diferentes? La respuesta primera que salta a la mente del que esto escribe es: con generosidad, altura de miras, inclusión y tolerancia.
Generosidad porque, como en toda negociación, es importante ceder; altura de miras porque se estarán sentando las bases de una nueva realidad que trasciende la inmediatez y los cálculos de corto plazo; inclusión, porque habrá que privilegiar, por encima de los elementos de quiebre, aquellos puntos de coincidencia y unión para avanzar. Finalmente, pero no menos importante, tolerancia, para que todos podamos convivir mejor, en paz, con orden y respeto activo por el otro.
Hablo de respeto activo porque la inacción, el bajar los brazos, el ignorar o invisibilizar al otro, enarbolando el límite del no dañarlo ni importunarlo, aunque también es respeto, no abona al proyecto de relación entre poblanos que queremos legar a las próximas generaciones.
Tolerar, como respeto activo, es mirarnos en el otro y apreciar lo que tiene que decir, la manera en que percibe la realidad; sus dinámicas y circunstancias propias, para estar en condiciones de ponernos en sus zapatos y aproximarnos a las soluciones que nos permitan una convivencia pacífica y solidaria para avanzar, con y desde la diversidad, como sociedad hacia un nuevo contrato social en que todas y todos aportemos.
Nuestra coyuntura política deberá estar atravesada de las mejores competencias de civilidad y tolerancia para que en Puebla vivamos y convivamos mejor.