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Opinión



Los cárteles culturales

Martes, Marzo 12, 2019 - 18:52
 
 
   

Este combate siempre es feroz.

El sector cultural de Puebla atraviesa un impasse. Después de vivir los vientos huracanados del affaire Anel Nochebuena, la calma chicha es la tónica de su deambular. Todo se espera, pero nada sucede. Sin embargo, hay un rumor sordo que aflora desde sus entrañas, indicando con ello que los cultos poblanos están maniobrando en lo oscurito el acomodo y reacomodo de sus integrantes en la prometida Secretaría de Cultura del futuro. No obstante el aparente sigilo, en esta nebulosa cultural momentánea destacan varios cárteles culturales: los paloucianos, los imaccianos, los buapacianos, los escribanos y los morenacianos. ¿Cuál de ellos obtendrá más prebendas, cuando del parto de los montes surja la SC?

Todas las organizaciones e instituciones tienen, además de su estructura formal, una informal. La primera, refleja su composición administrativa elemental; la segunda, las cuotas concedidas a sus grupos de poder. En ocasiones, organigrama y cuotas resultan armónicos y la institución avanza; cuando son inarmónicos, se estanca o retrocede. Esto es así en todas partes; pura y llana genética acorde o discordante entre los machos y hembras alfa al momento de combatir por los derechos de linaje en la Cultura nacional. Este combate siempre es feroz e, inevitablemente, tiñe de sangre los ríos culturales. En cada ciclo las límpidas praderas de la cultura muestran las consecuencias de la reyerta; los vencedores se apropian de los presupuestos y las jerarquías; los vencidos, se refugian en su propia Isla de Elba a maquinar su regreso cuando el mandato gubernamental se renueve; shakesperiano… undoubtedly.

La institucionalidad cultural poblana no es la excepción y a largo de las tres últimas décadas ha tenido sus capos y sus cuotas, y, hoy, ante la inminencia del renacimiento de la SC, los cárteles existentes reclaman su tajada. Todos pujan, pero solo uno será el ganador. Veamos, ¿quién es quién en esta lucha?

Los paloucianos. Este es el grupo de más prosapia. Es posible rastrear sus blasones hasta los inicios de la cooptación de los intelectuales por parte del Partido Revolucionario Institucional a partir de la década de los setenta del siglo XX, cuando sus candidatos presidenciales incluyeron en sus giras electorales el “acercamiento”, con fines de control, con la “gente pensante” de cada localidad, municipio o estado. En las Memorias de estas giras electorales, de Luis Echeverría Álvarez en adelante, aparece el nombre de Pedro Ángel Palou Pérez como referente cultural de Puebla. Sin duda alguna, mientras “don Pedro” existió, su voz y autoridad se atendían. Por ello, en la historia cultural poblana aparece dos veces el apellido encabezando la SC. Pero, en honor a la verdad, el segundo no fue tan brillante como el primero, pues durante su mandato la zapa de la trinchera cultural la efectuó Alejandro Montiel, más que Pedro Ángel Palou García. Esto –y  el desaguisado de la rectoría de la UDLAP-, sin duda mermaron su imagen administrativa. Aun así, el blasón no estaba del todo olvidado y revivificó su presencia gracias al tsunami amloista que llevó a la presidencia municipal de la capital poblana a la imberbe política Claudia Rivera Vivanco, quién se apoya, cuál báculo de su inmadurez gubernativa, en Javier, el sobreviviente y referente principal de los paloucianos actuales. Bajo su sombra, el IMACP es, hoy por hoy, el refugio cultural de ellos; sin embargo, la errática y, por momentos, bipolar administración riveriana, está minando el capital político de todos sus colaboradores, por lo que se antoja complicado que los paloucianos puedan ser la voz cantante de la resurrección de la SC. Es posible que pergeñen una o dos posiciones menores, pero no creo que más. Ya tienen una, en la persona de Miguel Ángel Pérez Maldonado.

Los imaccianos. El creador de la genética y la mística del IMACP es Pedro Ocejo Tarno. Reconocido emprendedor, llevó a la cultura el know how de dos generaciones empresariales exitosas en Puebla, de la mano de Blanca Alcalá. ¿Sus antecedentes culturales?: la organización Puebla 2031 A.C., y su producto más vistoso: Plataforma Puebla 2006, mediante la cual montó exposiciones de arte contemporáneo en La Constancia Mexicana. Durante su mandato en el IMACP dio oportunidad a jóvenes quienes, bajo su sombra, crecieron administrativamente en el mundo cultural poblano. Varios de estos aún perviven en las distintas instancias e instituciones de cultura y el turismo poblanos; primordialmente, en la OPD Museos de Puebla. Estos hijos de Pedro, como todos los vástagos, son distintos entre sí, por ello los hay buenos, regulares y malos. Lo dramático es que, si bien todos ellos se enorgullecen de su origen ocejista, no forman un grupo unido y actuante, sino que, literalmente, están desbalagados y sin fuerza; sobre todo, después de la caída de Anel. El liderazgo de Pedro jamás ha sido retomado por ninguno y los imaccianos lucen más como segundones que como protagónicos, por lo que su presencia en la SC por venir –si es que llegan a tener alguna con el arribo de Morena- será a título personal e individual y, por lo tanto, efímera. Por su abulia, son un cártel en extinción

Los buapacianos. Cuando la UNAM decidió remontar su deteriorado prestigio en la década de los ochentas del siglo XX, posicionó la “Marca UNAM”, a través de varios proyectos. Uno de ellos destacaba su irrefutable liderazgo cultural latinoamericano. El slogan era: “La UNAM, el mayor proyecto cultural de América”. Ninguna otra universidad mexicana ha intentado retomar este ejemplo. La BUAP, por supuesto, tampoco, no obstante que en los últimos cuatro rectorados –un poco más de un cuarto de siglo-, ha escalado en la jerarquía universitaria mexicana y hoy se sitúa en el 6° lugar nacional. Sus logros son en los campos científicos y administrativos, pero sus fallas son en el deporte y en la cultura. De ahí que los buapacianos que hoy intentan incursionar como jerarcas en la institucionalidad cultural de Puebla, lucen tan desgarbados y rengos. No han querido entender, que la academia no es, ni remotamente, similar a la administración pública y que en esta el “vaquismo sagrado” del que gozan en sus escuelas, no apantalla a nadie. En la brega diaria de la cultura real y actuante, de nada sirven las medallas académicas, ni los grados SNI, ni las referencias bibliográficas; en la Promoción cultural, lo que campea es el conocimiento de sus entretelas y el arrojo; y los dos grupos buapacianos interesados visiblemente en incursionar en la SC venidera, se miran desfasados. Sin duda, la recompensa de poder colocar en los puestos culturales a sus hijos académicos que no encuentran chamba de otro modo, luce atractiva, pero ¿realmente está dispuesta/o alguno de sus profesores de tiempo completo, compensación y distinción SNI a dejar la comodidad de su cubículo y la placidez de su cátedra, para enfrentarse, digamos, a los payasitos del zócalo, o los furibundos grupos defensores de los pueblos originarios, o a las desgastantes rutinas de mantener en buen estado y funcionando al 100% los más de 20 museos del Estado? Francamente, no lo creo; pero, bueno, rezan los judíos: “Ten cuidado con lo que le pides a Dios, no sea que te lo conceda”. Un gesto nos daría la pauta de la profundidad del compromiso de los buapacianos, a saber: ¿los hasta ahora designados como funcionarios públicos, ya renunciaron –como están obligados-, a su distinción en el SNI y ya no cobran la compensación correspondiente?

Los escribanos. Este es el cártel más ecléctico, pero liderado por un grupo de escritores de los que sí escriben –unos poco, otros más, pero escriben. Deambulan en el sector cultural desde el inicio de los tiempos del FONCA. Son, o han sido, beneficiarios de sus becas y prebendas. Han intentado (y conseguido en ocasiones) publicar una revista de crítica literaria o algo así. Su meta es apoderarse de la SC, en lo que, sin duda, pecan de ingenuos, porque es más que sabido que los puestos de Secretario, Subsecretarios y Directores generales (que son los puestos que pretenden estos escribanos), los reciben aquellos que de manera significativa contribuyen financieramente en una campaña política y no aquellos que saben mucho de un tema. Estos, los sabiondos, cuando más alcanzan una Dirección área, aunque los más probable es que los designen Subdirectores o Jefes de departamento; pero, hay que aceptar, que el entusiasmo del cártel de los escribanos es más que loable. El proyecto más reciente en el que están embarcados Víctor Baca y sus secuaces, es la elaboración de una nueva versión de la Ley Cultural de Puebla. No sé si se titulará como la de la Ciudad de México: Ley de los Derechos Culturales de los Habitantes y Visitantes, pero sería bueno que abarcará, como la antedicha, algo más que perfiles deseables de administración cultural y sus directivos. Como dije, la contribución de los escribanos es en el campo de lo cultural sabrosón, pues su enjundia desbordada le pone sal y pimienta a la aburrida vida cultural, de las aburridas  presentaciones, de aburridos libros. Ojalá sea más, pero no les auguro más de un par de Subdirecciones en la renaciente SC.

Finalmente, en este breve recorrido por los cárteles culturales de Puebla, hablaré de los correligionarios del partido dominante: los morenacianos.

Estos, como todo buen grupo de izquierda mexicana que se respete, están divididos. En este caso en: armentistas y barbosistas. Así, enfrentados, vivirán hasta la unción de Alejando o de Luis Miguel como el mero mero moreno para la gubernatura del 2019-2024. Después, seguirán divididos, odiándose más, pero sonrientes ante Andrés Manuel.

Es previsible que los morenacianos serán los verdaderos ganadores de la recreación de la SC poblana. Si son inteligentes, y no solo listos,  ocuparán los puestos de mayor envergadura y, quizás, hasta podrían dejar una tangible huella cultural. Para ello, creo, deben, desde ahora, definir tres cosas: 1. Un arreglo, respetado y respetable, de cuáles de sus integrantes ocuparán estos o aquellos puestos en la SC; 2. Un proyecto cultural estatal: no muy marxista, ni muy Montessori, ni muy “pueblos originarios”, ni muy “todo gratis”; ni muy “el pueblo unido, jamás será vencido”; ni muy “anti fifí”; realista y realizable y, sobre todo, ejecutado por personas que verdaderamente sean y tengan experiencia en la promoción y desarrollo cultural y no solo tengan en su culto currículum ser correligionarios; y, 3. Destinar financiamiento suficiente y oportuno, para que la Cultura perviva y penetre en la sociedad poblana de todos los estratos. Hasta el momento, las personalidades culturales más visibles de los morenacianos son, por los partidarios de Luis Miguel: Humberto Sotelo, y por el de Alejandro: Xavier Gutiérrez.

Como se describe en la novela más espléndida de caballería: es momento que los Quijotes de la Cultura poblana velen sus armas y apacigüen el espíritu. Después de todo, ya solo faltan la primavera y verano, para que inicie de lleno en Puebla la 4ª Transformación y, con ella, la anhelada resurrección cultural no morenovallista.


Semblanza

Patricio Eufracio Solano

Es Licenciado en Lenguas y literaturas hispánicas por la UNAM. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) por la UNAM. Y Doctor en Historia por la BUAP.

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