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OPINIÓN

Donald Trump y sus estrategias internacionales

Más allá de su caprichosa personalidad, sus discursos cargados de odio e intolerancia influyen

Laura Carreto Tirado

Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Ciencias Políticas ambos grados por la BUAP. Especializada en temas migratorios y en la Relación México-Estados Unidos. Ha investigado y escrito al respecto en libros y revistas 

Miércoles, Febrero 27, 2019

En 2016 llegó un nuevo presidente a Estados Unidos que rompió todos los esquemas y paradigmas. Un hombre de negocios alejado de la política y de las formalidades, es quien ahora gobierna el país más poderoso del mundo. Para ser político reconocido y exitoso se requiere más allá de la inteligencia matemática, es necesario también que posea herramientas emocionales como: la empatía, la tolerancia y un buen carácter, es decir todo lo contrario a Trump; capacidades que tienen muchos políticos de “pura cepa” en Estados Unidos, ejemplos sobran, como su ex contrincante en la elección: Hillary Clinton, Barack Obama, Bill Clinton y hasta el mismo George W. Bush.

Más allá de su caprichosa personalidad, sus discursos cargados de odio e intolerancia influyen de manera negativa en un país marcado históricamente por el racismo. En muchas ocasiones minimiza el papel de Estados Unidos como líder mundial, con acciones que poco ayudan al mundo; una de sus declaraciones más polémicas es que “no existe calentamiento global”, cuando hay muchos estudios científicos y evidencias físicas que testifican el deshielo de la Antártida que está ocasionando problemas ambientales, además los fenómenos meteorológicos cada vez son más extremos, como el intenso frío que hace unas semanas se sintió en la ciudad de Chicago.

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En 2017 Donald Trump anunció que su país se retiraría del “Acuerdo Climático de París”, que es considerado como el logro más importante de la historia. Esto justificado en que salir del tratado ayudaría a generar empleos y a desarrollar la industria del petróleo en su país. Trump ha dicho que el calentamiento global es una “estrategia china” para perjudicar a las manufactureras de EE.UU

Estados Unidos no se ha distinguido por seguir prácticas ambientales amigables, ni por dar su brazo a torcer en esfuerzos mundiales para reducir los niveles de contaminación. Es por eso que nunca ratificó su ingreso al “Protocolo de Kyoto”, uno de los más importantes de los últimos tiempos, donde los países firmantes se comprometieron a disminuir seis gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. EE.UU cuenta con 4% de la población mundial, sin embargo es el mayor consumidor de energía fósil y el mayor emisor de gases en el mundo. George W. Bush tomó esta decisión aunque Barack Obama después se comprometería a la disminución de gases, la llegada de Trump representó un retroceso para las políticas ambientales.

La historia de la política exterior de Estados Unidos está relacionada con sus actos bélicos y su carrera armamentística, su nacionalismo se basa en las acciones intervencionistas alrededor del mundo.Y las decisiones de Trump hacia al exterior han tenido como primer objetivo su vecino del sur: México, y no precisamente para entablar una relación productiva y de cooperación, sino para detener a los migrantes de nuestro país y Centroamérica; más concretamente el objetivo ha sido la creación de un muro que divida el primer mundo del tercero, apoyándose en el discurso de seguridad y protección fronteriza, tal como lo fue desde los años noventa y se reafirmó después del atentado de 11-S. Un político más experimentado tendría presente que la creación de un muro representa hostilidad, que significa todo lo contrario por lo que ha luchado la humanidad en la historia moderna; basta el ejemplo del muro de Berlín que fue destruido en 1989 con el fin de acabar con la división entre alemanes, nacionalidades e ideologías políticas, este hecho demostró que: lo que nos une como seres humanos triunfa por encima de todo.

Desde hace muchos años este país no ha tenido como prioridad la relación con Latinoamérica, sino que sólo ha atendido casos específicos: basado en su interés político y económico, como el de Venezuela, donde ha puesto el dedo en la llaga desde tiempos chavistas. El año pasado el gobierno EE.UU tuvo pláticas con algunos militares opositores al régimen, sin embargo no se llegó a ningún acuerdo. Actualmente abordan una intervención “pacífica” con la figura del autoproclamado “presidente” Juan Guaidó y con la “ayuda humanitaria” que hace unos días trataron de enviar a Venezuela y que fue repelida por el gobierno de Maduro; además crearon una parafernalia mediática con este pretexto: el concierto “Venezuela Aid Live”. 

Las políticas respecto al precio del petróleo, impuestas por Estados Unidos y otras potencias han perjudicado gravemente la economía Venezolana, sin olvidar el bloqueo de este y otros países gracias a la presión que ha ejercido EE.UU como una medida intimidatoria al régimen de Chávez y Maduro. Afortunadamente no se llegó a un consenso en la Organización de Estados Americanos (OEA) para el reconocimiento de Juan Guaidó como “presidente”. Los países latinoamericanos que apoyan la intervención de Estados Unidos en Venezuela, prácticamente lo están permitiendo para sus propios países. Nadie mejor que los venezolanos sabrá qué hacer respecto a su gobierno.

De manera contrastante no existe alguna medida o plan estadunidense respecto a la situación de Haití, que es el país más pobre del continente americano y que enfrenta una crisis política y social. La grave situación de este país ha provocado que cientos de haitianos salgan a las calles a manifestarse en contra del presidente Jovenel Moise. Nadie del continente americano, ni del mundo, voltea a ver a Haití porque no que representa lo mismo que Venezuela: una nación con poder económico gracias al petróleo y que mueve muchos intereses. Los haitianos pasan por un momento muy difícil y no han recibido ninguna ayuda humanitaria, ni tampoco ha habido ningún llamado para la paz de ningún país, mucho menos conciertos a “beneficio” como el mencionado en Venezuela.

Hace unas semanas escribí en este mismo espacio sobre las políticas migratorias en el gobierno de Trump http://www.e-consulta.com/opinion/2019-01-16/las-politicas-migratorias-en-la-era-trump, las cuales han resultado ser totalmente inhumanas, al separar más de dos mil niños migrantes de sus padres y lo difícil que ha sido el proceso de reunificación; más triste aún es que algunos pequeños ya no volverán a ver a sus padres y quedarán bajo la custodia del gobierno estadunidense.

La postura de Estados Unidos frente a México ha sido desafiante; desde el principio de su campaña tuvo un discurso bastante agresivo en contra de nuestro país. Ni la Secretaria de Gobernación, ni  la de Relaciones Exteriores del gobierno anterior tuvieron la habilidad para defender a nuestra nación ante los ofensivos comentarios y conductas del mandatario estadunidense. La administración actual (hasta ahora) tampoco parece tener una estrategia ante las políticas de Trump. Y es que temas como la creación del muro fronterizo y las “Caravanas Migrantes” han tensado la relación entre los dos países; Estados Unidos ha presionado para que el gobierno de nuestro país las frene, pero esto ya no es posible bajo la perspectiva del nuevo gobierno que ha adoptado una política migratoria apegada a los derechos humanos, simplemente se tendrá un control sobre los migrantes que lleguen y tarjetas de control que los identifiquen, claro con la amenaza de que quienes violen la ley serán inmediatamente expulsados. La política de Estados Unidos a partir de diciembre del año pasado es: que los centroamericanos que le han solicitado refugio a Estados Unidos esperen respuesta desde México, lo cual está bien desde la perspectiva humanitaria de nuestro país, pero no para la soberanía, al ser prácticamente una imposición de EE.UU, como lo sostienen algunos diarios de aquel país. Esto implica una organización y un gasto para el nuevo gobierno, que se ha visto obligado a recibir a miles de solicitantes, con un presupuesto gubernamental que apunta a la austeridad.

El gobierno de Trump ha seguido las líneas de la política exterior marcadas por la historia de Estados Unidos, aunque es cierto que ha sido el mandatario con el discurso más radicalizado y nacionalista de los últimos tiempos. A pesar de la investigación por sus relaciones con el gobierno ruso, escándalos sexuales y sospechas de su posible renuncia, Trump se ha sostenido en la presidencia y se prepara para su reelección en 2020, aunque los medios de comunicación de EE.UU aún dudan sobre un segundo período presidencial. El principal rival de Donald Trump en la carrera presidencial del próximo año, es el mismo y la esta retórica que ha sostenido desde su campaña, esto es lo que muy probablemente lo encamine hacia la derrota, frente a un partido demócrata con perfiles muy interesantes, y fortalecido gracias al discurso de Trump, quienes en su próxima campaña seguramente sacarán provecho del tema migratorio.

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