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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El camello cultural poblano

Vicerrectores de la Cultura universitaria no han estado a la altura de la demanda cultural poblana.

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Martes, Febrero 26, 2019

Se cuenta –no exento de malicia-, que durante la Creación, Dios le solicitó a un comité de ángeles y arcángeles que diseñaran al caballo y el resultado fue un camello. De esa forma, pretende ejemplificarse –y más bien satanizarse-, lo complicado que resulta ponerse de acuerdo, aún con las mejores intenciones y la diligente participación de “los expertos". Algo así está pasando en Puebla en las reuniones para analizar los fundamentos y entretelas de la Cultura, por lo que es de esperarse la proliferación de “camellos culturales” en las siguientes semanas.

El pasado 14 de febrero acudí a la sesión primera del foro El estado de la cultura en Puebla, hacia un giro participativo y comunitario, desarrollado en el auditorio “Carlos Marx” sito en Ciudad Universitaria, con la participación de un par de colectivos y una organización de la Facultad de Economía de la BUAP. Me tocó escuchar la participación de cuatro o cinco ponentes y la sesión de preguntas y respuestas. Lo dicho y tratado en la sesión no difirió casi nada, en cuanto a contenidos y sustancialidad, de los foros organizados por Alejandra Frausto, secretaria federal de Cultura, los pasados meses de octubre y noviembre y sobre los cuales comenté en colaboraciones anteriores a través de este medio.

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Desconozco si se han publicado ya los resultados de este foro poblano, pero, como dije, la tónica de las intervenciones fue el señalamiento y, por momentos, reclamo, de la marginalidad sufrida por los participantes, de la Política Cultural de Estado en las administraciones morenovallistas. En las intervenciones campearon conceptos como: cultura hegemónica, insuficiencia cultural y la ya mencionada marginalidad.

Unos días después, otra dependencia de la BUAP, el ICSyH, junto al Laboratorio de Políticas Públicas, organizaron a su vez el foro Puebla e instituciones culturales.

Según se desprende de la nota de Paula Carrizosa de la Jornada de Oriente, el contenido temático y conceptual fue similar al ya referido, con la variante de la participación de Montserrat Galí, actual subsecretaria de Cultura estatal, quien puntualizó lo oneroso que, a su entender, resulta el Organismo Público Descentralizado que agrupa a los museos públicos, creado en los administracione pasadas. Curiosamente –o al menos la nota no lo señala-, Montserrat Galí nada mencionó sobre la otra figura financiera creada por Moreno Valle, el Proyecto de Prestación de Servicios (PPS), que ampara el sustento del Museo Internacional del Barroco.

Mueve a la suspicacia que los dos foros antedichos fueran encabezados por dependencias de la BUAP, misma que en los últimos años ha tenido, por decir lo menos, un pobre liderazgo cultural.

Recordemos que los dos recientes vicerrectores de la Cultura universitaria no han estado a la altura de la demanda cultural poblana, ya que el primero de ellos: Flavio Guzmán Sánchez, Maestro en Tecnología y Ciencias de la Educación por la Universidad Tolteca A.C., ni siquiera alcanzó la denominación de vicerrector pues durante todo su periodo se mantuvo como  “Encargado de Despacho”, mostrando con ello que su labor no convencía ni al mismísimo Rector. Y podría pensarse que esto se debía a que Flavio no era del equipo íntimo de Alfonso Esparza y estaba en la Vicerrectoría como pago de cuota a alguna de las familias que dominan la política interna de la BUAP; pero el segundo, este sí vicerrector en toda forma, Fernando Santiesteban Llaguno, Doctor en Ciencias, según su CV, fue coordinador del Gabinete de Rectoría de Esparza Ortiz por largo tiempo y, sin duda, apreciado por este, pues no hay otra forma que compartas la rectoría de la BUAP sin dicho requisito; y, a pesar de ello, no cumplía un año cuando fue removido de ese puesto; aunado a que durante ese periodo se suscitó el escándalo editorial de la reimpresión de un libro por más de 9 millones de pesos en medio de una turbiedad administrativa, y, asimismo, se cambió la fecha de la edición 2018 de la Feria del Libro  BUAP al mes de noviembre, denotando con ello que el designado en la Dirección de Fomento Editorial, César Cancino Ortiz, doctor en Ciencia Política, sabía poco de libros y nada de ferias, porque nadie en su sano juicio editorial intentaría competir en fechas y eventos con la FIL de Guadalajara, que desde hace 33 años es la reina cultural libresca de Iberoamérica. Y, como dije, del mismísimo seno de la BUAP surgen los recientes foros de análisis cultural, por lo que la prudencia obliga a tomarlos con tempero.

En cuanto a la temática de los foros que ya fueron (y los que vendrán próximamente), en los 25 años que tengo de escribir sobre Cultura, cada cambio de administración estatal (y federal), al menos en el sector cultural, se congregan grupos y personas ligadas al medio para efectuar el mismo ritual de analizar las formas y maneras de instrumentar la política cultural institucionalizada, con la válida intención de conseguir recursos para su propio quehacer en la Cultura. Con distintos nombres y personas, la temática demandante siempre es la misma: 1)  El rescate, revalorización e impulso de las manifestaciones culturales de los pueblos originarios; 2) Incentivos y financiamiento de obras y servicios culturales de tal o cual grupo, sector ciudadano, corriente artística o autor; 3) Condena de los trabajadores institucionales del sector cultural –a quienes se les denomina, peyorativamente: burócratas- por lo oneroso de su existencia laboral; 4. Lamentaciones –individuales o colectivas-, por la marginalidad en que desarrollan su obra los creadores incipientes o en formación; 5. Relegación –cierta o falaz-, de prácticas y acciones culturales que sus autores consideran in-dis-pen-sa-bles para entender a Puebla y los poblanos; etcétera, etcétera, etcétera.

Aunque todos los participantes a los foros afirman que su mayor interés es el mundo cultural poblano (y en algunos esto es verdad),  un buen porcentaje de estos busca hacerse del control o beneficios de una porción de los dineros destinados al sector. Y esto, no es, de ninguna manera, condenable, pero en la realidad los recursos que obtendrá cada uno de ellos dependerán de su capacidad de cabildeo y de los simpatizantes y mecenas políticos que logre conquistar, con la consecuente disparidad que cada sexenio se manifiesta, señala y demanda… en los foros de análisis de la Cultura.

Y esto, creo, no debe continuar así, por lo que debemos encontrar otra forma de garantizar la pervivencia y desarrollo de la cultura en Puebla, a despecho de los vaivenes sexenales. De tal suerte que el Estado sea el facilitador de la Cultura y no el único rector de ella; de ahí mi propuesta que, a la par de la recreación de la Secretaría de Cultura, debe existir alguna otra entidad ciudadanizada que coadyuve y procure la planeación a largo plazo y el cumplimiento cabal de lo programado.

Después de todo, son “nuestros dineros” y “nuestra cultura” lo que estamos poniendo en manos de la Secretaría estatal del Ramo; y, es sabido, que “al ojo del amo, engorda el caballo”… no así, el camello, por más culto y académico que parezca.

Ahora bien, no hay duda que los ejercicios reflexivos sobre tal o cual política pública son bienvenidos, pero lo sería más un sistemático y continuo análisis crítico sobre la forma en que se planean, instrumentan y fiscalizan los planes y programas que derivan, o debieran derivar, de esas políticas públicas. Dicho de otro modo, debemos procurar que deje de existir la vaguedad y generalización programática e instrumental de los recursos destinados a la cultura y definir metas medibles y realistas de cumplir. Insistir en los foros, per saecula saeculorum, sobre el “rescate de la cultura de los pueblos originarios” –por poner un ejemplo-, sin definir claramente qué, cómo, quién y con cuáles recursos se hará para beneficio de cuál sector cultural, es seguir pariendo camellos en vez de caballos. Y, de eso, camélidos que nos quieren hacer pasar por equinos, hemos tenido de sobra en los tiempos pasados.

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