Alejandra Fonseca
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Es de las mujeres más agradables y encantadoras que he conocido. Viuda, con clase y 75 años declarados, cuenta que es muy feliz siendo abuela de seis nietas mujeres: “Ellas llenan el vacío de una pareja. Desde mi familia de origen mi vida ha sido un matriarcado”, comenta.
En plática, que suponía reunión de negocios, de las dos horas propuestas, nos alargamos seis hablando de todo lo que surgía, desde nuestras vidas personales, profesionales y familiares hasta nuestros aprendizajes de vida más íntimos y nuestra singular percepción del mundo.
Había escuchado hablar de ella y desde que oí su sonoro nombre de origen extranjero, que además rima, supe que tenía que conocerla personalmente. La primera vez que la vi, le aseguré que yo estaría dentro de su equipo, y ella con sus enormes ojos claros, bien maquillados y sumamente expresivos, me respondió que sería un honor.
Hicimos clic desde esa primera vez. Una segunda ocasión me citó en su casa, platicamos brevemente para hablar generalidades y conocernos. Fue hasta esta segunda ocasión que tuvimos una mejor oportunidad de saber quiénes y cómo somos y agradecí profundamente hablar con una persona brillante, sincera, sensible y simpática.
En este contexto le pregunté:
--Si quedaste viuda tan joven y eres tan guapa y con tanta clase, ¿por qué no te volviste a casar?
--Mira, dos de mis hijas estaban adolescentes y una era una niña, en lo único que pensaba era en salir adelante con mi familia. No sé si me veo muy ‘fifi’, como dicen ahora, pero no se dio, respondió.
En la plática surgió que tiene una alergia grave a la humedad y le recomendé a otra gran amiga que aplica el tratamiento metabólico del Dr. Sodi Pallares aquí en Puebla:
--No te lo recomendaría si no lo hubiera probado. Es muy bueno y además, te estabiliza las hormonas. ¡Lo que no hiciste hace tiempo, ahora buscarás batalla!, le dije en son de broma.
--¡No!, respondió, yo vivo muy tranquila y la verdad ya no se me antoja estar con hombre alguno, excepto –gritó emocionada— ¡claro, el Señor de los Cielos! ¡Qué hombre! A ése si lo viera en el lobby de cualquier hotel, ¡ahí me lo tiraba! Pero es el único.
Solté sonora carcajada que se extendió un buen rato, y añadió:
--Mira, Ale, es como una amiga mía muy ocurrente, dice en referencia a los hombres jóvenes que pululan por ahí: ‘¡Ven la facha, calculan la fecha y dicen ‘fuchi’!
--¡No te creas…!, respondí entre risas
alefonse@hotmail.com