Logo e-consulta

Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Oportunidad cultural poblana y el error del 2011

Durante la campaña electoral pasada fue atendido el reiterado reclamo que la comunidad cultural.

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Martes, Enero 29, 2019

Por Patricio Eufracio Solano
 

El próximo 1 de febrero se cumplirían 36 años de la creación formal de la Secretaría de Cultura en Puebla. Se erigió durante la administración de Guillermo Jiménez Morales. Todos los que actuamos en el mundo cultural poblano, conocemos las razones y sinrazones de su extinción. Hoy, en tiempos de otro Guillermo notable, el tribuno Pacheco Pulido, sería congruente su renacimiento… pero habría que tener en cuenta que, entre el anhelo y la consecución de un deseo, está la realidad.

Más artículos del autor

Llegué a Puebla en el año 2000. Venía buscando dos cosas: la Biblioteca Palafoxiana y la Secretaría de Cultura. En la primera pretendía integrarme a alguno de los grupos de estudio e investigación que, según el documento rector de la administración de esos años, existían en el antiguo Colegio de San Juan. El documento en cuestión denominaba al conjunto: Complejo Cultural Palafoxiano. De tal suerte, una mañana me presenté en el recinto bibliotecario pero no logré mi propósito ya que, ni existían los grupos de estudio e investigación aludidos, ni era posible hacer cualesquiera intentona de consultar los libros y documentos palafoxianos pues se encontraban fuertemente resguardados –casi prohibidos-  por la Dra. Estela Galicia Domínguez, su directora por cerca de 40 años. Decepcionado me reanimé pensando en que aún me quedaba la Secretaría Cultura y sus programas y proyectos como posible entorno de desarrollo. Entré a formar parte de ella en el 2007.

Los dos últimos secretarios de Cultura fueron Pedro Ángel Palou García y Alejandro Montiel Bonilla. Después de ellos, la Secretaría dejó de existir, dando paso a un Consejo de estructura similar, en taras y defectos, al CONACULTA. Se llamó Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla.

Desde su nacimiento el CECAP tuvo mala estrella. Se instituyó como una dependencia adscrita a la oficina del Gobernador, pero en realidad siempre fue manejada por Luis Maldonado Venegas; primero, desde la Secretaría de Educación y, después, desde la Secretaría General de Gobierno. Este peregrinar, la indefinición de su estructura organizacional y la continua sustitución de su titular –tuvo cuatro en el sexenio-, redundaron en una administración de contentitllo, divagaciones, ocurrencias, decadencia continua y algunos aciertos, si bien, efímeros.

El balance de la actuación de los Secretarios Ejecutivos del CECAP confirma la aseveración anterior. Su primer titular, Fernando Viveros Castañeda, solo duró un par de semanas; nadie lo recuerda.

El segundo, Saúl Juárez Vega encabezó el CECAP por casi 2 años –periodo administrativo durante el cual se dieron los aciertos referidos: creó el reconocimiento “Clavis Palafoxiana”, trajo a Fernanda Matos Moctezuma a dirigir los museos; se restauraron 7 libros incunables de la Biblioteca Palafoxiana; implementó la última gran exposición en vida de José Luis Cuevas, cuando la Galería de Arte Contemporáneo aún era un recinto cultural; impulsó el Festival Internacional de Teatro “Héctor Azar”; el festival “Sonidos de la Tierra” y, sobre todo, no permitió que se cesara, ni se le redujera la categoría y sueldo a ningún empleado de Cultura. Un par de años después, nada ni nadie impidió el desaguisado laboral.

El tercero, Moisés Rosas Silva, permaneció menos de un año y se fue al FONCA; dando paso a Jorge Alberto Lozoya Legorreta, quién, hasta el final del sexenio, condujo el cada día más rengo y agonizante consejo cultural. Era tan ninguneado el CECAP, que pasaron años sin que tuviera una forma organizacional definida y con cada nuevo embate estructural se le desconchaba su fachada, dejando entrever entre sus grietas la ineptitud y carencia de oficio de sus directivos principales; sus favoritismos y descabelladas acciones. Fue tan notorio el abandono, que en la siguiente administración estatal se le resarció a la Cultura parte del despojo sufrido al elevarla a la condición de Secretaría conjunta, acompañada –o acompañando, según se quiera interpretar- a la ya existente dependencia de Turismo estatal.

Y así llegamos al momento actual, cuando durante la campaña electoral pasada fue atendido el reiterado reclamo que la comunidad cultural, artística, artesana e intelectual del Estado le había hecho a todos las autoridades pasadas y candidatos a los distintos puestos de elección popular estatal y federal desde el 2011: de que Puebla contara nuevamente con su propia Secretaría de Cultura.

Era tan congruente el reclamo que la candidata Martha Érika Alonso y los candidatos Enrique Doger Guerrero y Luis Miguel Barbosa Huerta lo plantearon como un compromiso a cumplir si llegaban a la gubernatura… pero llegó ella, y en sus primeras apariciones como gobernadora constitucional reiteró su deseo de resarcir el estatus de Secretaría a la Cultura en Puebla. Así, en esos pocos días casi todo lucía viento en popa para la cultura, hasta la tarde del 24 de diciembre; entonces el compromiso, como el estado todo, quedó en suspenso.

El impasse estatal, finalmente, se resolvió el pasado 21 de enero y Guillermo Pacheco Pulido asumió la gubernatura y su labor, desde ese día, se ha orientado a la tarea principal de su encomienda: atemperar al Estado para que los poblanos podamos elegir, el próximo mes de julio, un  nuevo titular del Ejecutivo poblano.

Pero el que los ánimos se atemperen, no significa que las pasiones se acallen y los deseos se olviden. Por ello, los diputados del Congreso exhortaron al gobernador a cumplir el compromiso de revivir la Secretaría de Cultura. Y, desde luego, nadie del mundo cultural poblano podríamos estar en desacuerdo. Sin embargo, como señalé en las primeras líneas, la realidad, como el dinosaurio de Monterroso, sigue aquí. Y ella, la realidad real, obliga a aceptar que la expedición de un decreto de refundación de la Secretaría de Cultura demanda que, previamente, se definan los alcances, cauces y, sobre todo, financiamiento para ejecutar dicho propósito, sin que suceda la catástrofe  que significó la creación del CECAP hace 8 años.

De tal suerte, no debe soslayarse que, al día de hoy, en el organigrama estatal la Cultura solo tiene el estatus de Subsecretaría, adscrita a la antigua dependencia de Cultura y Turismo, misma para que en el presupuesto de este 2019 alcanza la cifra de recibirá 372 millones 804 mil 719 pesos, pero que fueron asignados para desarrollar sus dos actividades sustantivas y nada ni nadie, a la fecha, podría asegurar el porcentaje contante y sonante que, al separarse, tendrá cada una de ellas en la realidad; ni cuáles serán los criterios con los que se asignarán organizacionalmente dichos dineros, pues se desconoce el organigrama que tendría ya que aún no hay un proyecto cultural estatal definitivo, pues este dependerá en su orientación y alcances del ganador o ganadora de la gubernatura el próximo 2 de julio.

Asimismo, no están definidos los criterios con los cuales se integrarán las plantillas de cada una de las dependencias de Turismo y Cultura, sobre todo en sus trabajadores de base adscritos hoy en una dependencia conjunta. O el destino que tendría la conservación o no de los Organismos Públicos Descentralizados, como es el caso de Museos de Puebla. Y más y más asuntos y tiempo que conllevan la creación de una Secretaría estatal. Y como dato indicativo de los vericuetos a los que hay que enfrentarse, relataré que cuando la Secretaría de Cultura pasó a ser Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, Pepe Morales, administrador de entonces, comentaba que tan solo la obtención del Registro Federal de Contribuyentes del CECAP costó un millón de pesos.

Ante todo lo anterior relatado, dos aspectos destacan: Uno: El renacimiento de la Secretaría de Cultura en Puebla es más que deseado y su consecución sería un justo reconocimiento a la labor de todos los que la crean, conservan, difunden, restauran, catalogan y preservan para beneplácito identitario de todos los poblanos; y, Dos: Que nadie espere milagros, la reconstitución de una dependencia que fomente, regule, apoye y procure la presencia y trascendencia de la Cultura poblana será larga, demandante y costosa; y, al final, dejará entes satisfechos e insatisfechos; patrimonios rescatados y perdidos; creadores presentes y ausentes.

Aun así, esta es una gran oportunidad cultural estatal que no debemos desaprovechar todos los poblanos en conjunto. Aboguemos con denuedo  porque se revierta el error del 2011.

Vistas: 681
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs