El plan del Presidente Andrés Manuel López Obrador en contra del robo de combustible ha resultado un éxito. Dicho éxito se puede identificar en tres niveles: primero, se puso un alto al desfalco a la Nación; segundo, a contracorriente de lo que esperaban y promovían sus detractores, la decisión del Presidente tuvo como respuesta un amplio apoyo de la sociedad, de los principales sectores económicos; y tercero, mandó un poderoso mensaje al interior y hacia el exterior de que la impunidad y la corrupción no serán tolerados durante su gobierno. En estos momentos, nadie pude dudar que el gobierno tiene el control de PEMEX y de que enfrenta el sabotaje de las bandas de huachicoleros.
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De acuerdo a estudios hechos por organizaciones e instituciones nacionales e internacionales, México se había convertido en un país en donde la impunidad campeaba. Lo más cómodo para el gobernante era no hacer nada o simular que se hacía algo o como popularmente se dice, para “taparle el ojo al macho”. La estrategia del Gobierno Federal para combatir el robo de combustible constituye un claro ejemplo de la voluntad del Presidente de la República de que las cosas cambiaron, que existe la voluntad y la fuerza de afrontar los problemas y construir soluciones de fondo.
Todos teníamos algunos datos de la magnitud que el robo de combustible había alcanzado, ahora conocemos sus verdaderas dimensiones en términos del desfalco que significa diario para la Nación y de los alcances de la red de corrupción que se tejió en torno a este delito. Grupos de huachicoleros que operaban a plena luz de día, ductos pinchados cientos de veces, alarmas que no se atendían, estaciones de servicios que compraban a PEMEX menos de la mitad de la gasolina que vendían, evasión fiscal y lavado de dinero.
Los que criticaron la falta de planeación en la estrategia en contra del robo de combustible han ido ponderando sus críticas, porque poco a poco la distribución de gasolina se normaliza en la Ciudad de México y en los estados afectados, incluso en aquellos donde el desabasto fue mayor como Guanajuato, Jalisco, Querétaro y Estado de México; porque más allá de casos aislados y específicos, no hubo desabasto de productos básicos; además, en las investigaciones que se han iniciado de los diversos delitos relacionados con el robo de combustible se ha cuidado el debido proceso.
A diferencia de sus antecesores, desde Carlos Salinas de Gortari, hasta Enrique Peña Nieto, López Obrador ha demostrado determinación y liderazgo que se ha traducido en mayor apoyo social. El hecho de que 8 de cada 10 personas apoyen el combate al huachicol es la ratificación y ampliación de la voluntad ciudadana que el pasado 1º de julio decidió un “¡Ya basta!” a la corrupción. Lo que sigue es el desmantelamiento total de las bandas de huachicoleros y la presentación ante la justicia de los cabecillas de estos grupos criminales. La lucha en contra del robo de combustible es apenas la primera batalla en lo que serán muchos episodios de lucha en contra de la impunidad.
Twitter: @MBarbosaMX