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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los disminuidos culturales y la ira de Dios

La cultura no es un accesorio, ni es un adorno.

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Viernes, Diciembre 21, 2018

Tercera Reunión Ordinaria de la Comisión de Cultura y Cinematografía y primera aparición pública de los cultos del país después de la publicación del presupuesto gubernamental para el 2019. Los protagonistas: Sergio y Alejandra, esa pareja tan dispareja, en la cual no es posible asegurar quién es el patiño, el sideshow del otro. Algo para olvidar por parte de los cultos referidos y para recordar por todos nosotros: 1. Que los amigos y correligionarios no son, de ninguna manera, garantía de buen gobierno; 2. Que equivocarse en tus juicios y decisiones es humano, pero persistir en el error es de alienados; y, 3. Que el hábito no hace al monje y, que, la mona, aunque la vistan de seda, mona se queda.

Comenzó bien, (o al menos eso creyó Alejandra) cuando reiteró los eslóganes panfletarios de la ya lejana campaña presidencial:

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La cultura no es un accesorio, ni es un adorno, es uno de los ejes de la (de la 4ª) Transformación del país; es uno de los ejes que puede dar alternativas en las zonas donde más se sufre. Nuestro país es una potencia cultural. (…) Todos los recursos que se obtengan en el Sector Cultural, en la Secretaría de Cultura, serán aprovechados con responsabilidad. Es por eso que agradecemos su interés (por conocer y discutir) el presupuesto del Sector cultural.

En estos momentos iniciales la sonrisa franca de Alejandra lucía triunfante. Contrastaba con la actitud seudo legislativa del diputado striper, quien no despegaba los ojos de un documento para evitar el tener que mirar de frente a su audiencia.

Alejandra habló sobre su visión de la cultura durante 33 interminables minutos, redundando lo dicho y plasmado en el documento El poder de la Cultura, ese galimatías de lugares comunes, vaguedades y mediocridad que es su credo y letanía. Nada nuevo pues, durante esa media hora: bla, bla, bla…

Una perorata anodina, sin fundamentos de política pública ni mención explícita a las cantidades monetarias con que contarán los proyectos y programas.

Cinco minutos, tan solo, duró el encanto de la autocomplacencia, pues al término de ellos tomó la palabra Abril Alcála Padilla diputada del PRD  –del anti Amloista estado de Jalisco-, y con su voz inició el desmoronamiento del castillo cultural de naipes:

Retomando lo que comentó usted (Alejandra) sobre la redistribución de la cultura hay que reconocer que el conocimiento de campo en la implementación de los proyectos de política pública es imprescindible. (Lamento) que en este presupuesto no se haya tomado en cuenta a las gobiernos, municipales, estatales y sociedad civil (y) yo creo que es preocupante porque, al menos a nosotros, nos llegaron del orden de 10 mil proyectos. (Tengo la impresión) de que se están centralizando los recursos. (…) (Por ello le pregunto) ¿Cuál fue el criterio que se utilizó para no meter en este presupuesto a los proyectos culturales la asignación de recursos a los proyectos culturales de las entidades federativas?

Dentro de los balbuceos Fraustianos solo alcanzó a entenderse que ella nunca tuvo conocimiento sobre los proyectos mencionados por la diputada Alcalá. ¡Inaudito!

Tomó la palabra el diputado Martínez, mismo que continuó la zacapela contra Alejandra:

Vemos con tristeza –dijo- que desaparece o aparece en ceros (el apoyo) a los estados, a los municipios, a las organizaciones y vemos la creación de un fondo nuevo (…) que es para la reconstrucción de algunos de los 2310  inmuebles dañados por los sismos (…) me gustaría preguntarle ¿cómo se pretende manejar estos 400 millones de pesos?, ¿con qué criterio?, ¿si se va a lanzarse una convocatoria a nivel nacional?, ¿cómo se van a trabajar estos recursos y de qué manera se van a asignar?

Los balbuceos divagantes aumentaron y Alejandra habla de todo… menos sobre la pregunta concreta, y dando un gigantesco rodeo por la estratósfera discursiva de la 4ª Transformación eludió, olímpicamente, responder el quid del asunto: ¿cómo se van a aplicar esos cientos de millones?

Llegó el turno de la diputada Annia Sarahí Gómez Cárdenas del PAN y quien decidió echarle sal a la herida de la protesta de artistas y trabajadores del grupo #INBAYaPágame que se suscitara el día anterior:

(Debido a este impago a los trabajadores) quisiéramos saber cuál fue el criterio que se siguió para reducir 176 millones de pesos a este Instituto (INBA), que evidentemente requiere más recursos, no solo para la regularización de su personal sino, también, para creadores, artistas, etcétera.

A partir de esta respuesta Alejandra comenzó a deslizarse por el remolino sinfín demagógico y elusivo: “de-todo-aquello-que-dejaron-de-hacer-los-otros-gobiernos”; histórico pasado que conocemos de sobra los mexicanos y por ello, fundamentados ese doloroso y lacerante conocimiento, decidimos votar por AMLO y sus promesas y esperanzas. De tal suerte, que hoy en día, cuando ya son gobierno, ni Alejandra –ni el mismísimo Andrés Manuel- pueden seguir utilizando como justificante de su inacción una muleta tan sobada y conocida. Lo que todos los mexicanos queremos saber, y preguntó puntualmente la diputada Gómez, es: ¿por qué recortaron el presupuesto en ese rubro?, y, no, como quiso comprender a su favor Alejandra: ¿qué hicieron o dejaron de hacer los malvados gobiernos del pasado para que tú continúes montándote en ellos y, así, no responder clara y precisamente?

Tan insustancial y sin convicción resultó la respuesta de Alejandra que la diputada Gómez cerró su intervención con un: “ojalá que sí se haga de esa manera”.

Tocó el turno del diputado de Ricardo de la Peña Matos, quién refirió su preocupación por la carencia de inversiones “sustantivas” en las instituciones pilares de la cultura en el país: INBA e INAH, así como las vías con las cuales se buscaría apoyar a los sectores independientes que no gubernamentales. Alejandra respondió: bla… bla… bla…

A partir de estos momentos la comparecencia se transformó en un remedo tragicómico de los maratónicos y desquiciantes Informes presidenciales priistas del siglo pasado, durante los cuales los asistentes, poco a poco, se iban disminuyendo, empequeñeciendo  ante la avalancha de cifras y cifras triunfantes, gloriosas, megalodónticas y absurdas.

En este caso los disminuidos fueron, no solo el presupuesto y los proyectos culturales de la 4ª Transformación, sino las dos figuras centrales de la farsa: Sergio y Alejandra, quienes, cuales actores tragicómicos involuntarios –y ya a esas alturas poco o nada voluntariosos- no atinaban cómo manejar la realidad que los apabullaba en cada uno de los cuestionamientos de los integrantes de la Comisión Parlamentaria.

El clímax del melodrama lo constituyó la descabellada y cantinflesca argumentación de Alejandra sobre los ahorros que la administración de la cultura obtendrá mediante la titánica acción de: ¡No volver a comprar botellas de agua!, de las cuales, por cierto, ella y Sergio Striper no tuvieron empacho neoliberal en zamparse dos o tres de ellas durante su comparecencia.

¡Pobres disminuidos culturales: tan lejos de Nezahualcóyotl y tan cerca del neo Clavillazo Chente Fox!

Como dijera mi madre en sus arrebatos más histriónicos: ¡¡¡Jesucristo, aplaca tu ira!!!... en este caso: la ira cultural.

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