La intensidad da miedo. Su expansión no tiene limite. Va “in-crescendo”: de un estado, sigue uno mayor, y otro más grande aún, y otro más allá, no sólo en dimensión sino en profundidad de infinitos saltos cuánticos de no retorno ni arrepentimiento posibles; no los ves venir al convertirse la vida misma en esa vorágine que te atrapa y no te suelta, ad infinitum.
La intensidad nunca se sacia. Por eso perturba pero la alerta siempre llega tarde: sucede en un insignificante segundo plano; es sólo un nimio murmullo inaudible al que no se le puede, ni debe, poner atención. Para quien nace con el don de la intensidad es irrenunciable y la mejor compañera posible, y deseable, porque nadie te va a entender al verte inmerso en ella: es un estado subjetivo, personalísimo, solitario, inalienable, intransferible, irrevocable, intransmisible... excluyente del mundo externo y común… por lo que puede ser, también, una maldición.
Más artículos del autor
La intensidad es magia: Pocos la poseen y menos aún, la entienden. Es como todo don de vida que es obligado desarrollar y siempre serás pionera porque nadie más que tú sabe qué sientes y piensas; nadie te enseñará el camino a seguir porque no lo hay, lo tienes que crear desde dentro; nadie más que tú puede darle explicación y sentido, ilógico para los demás ya que aunque lo expreses no lo captarán, y sólo tú sola podrás o no podrás amalgamar significados y respuestas para construir el trayecto que nunca será igual al de nadie más. Tu don tiene su inconmovible valor, su privativo costo, sus inmutables circunstancias, sus exclusivas recompensas, sus impávidos méritos y su impertérrito descubrimiento de seres y mundos paralelos existentes.
La intensidad da miedo porque te lleva a rutas inhóspitas donde ningún otro ser humano ha estado, ni ha probado, ni se ha inmerso. Nadie más que tú sabe cómo navegas en ella, cómo creas la estructura de ti misma y tu mundo; sólo tú sola, y quizá ni tú misma sabrás, en lo que te conviertes y lo que creas hasta que lo eres y lo ves; borra toda historia personal al final de la metamorfosis donde has fusionado tus partes desconocidas para construir tu todo cambiante y expansivo, tu propio ser envolvente y singular en esta única oportunidad de estar en el mundo.
Y saber, de veras saber, que en un momento dado, un estado de intensidad siempre te lleva al punto de no retorno, y que al exponenciarse y hacerse intensamente intenso, invariablemente sigue el abismo de la locura o el suicidio... si antes, si antes no, por continuar en el flujo y reflujo de la vida; en el juego y rejuego de tu don; en el fuego y refuego de tu ser, te detienes en “perfect timing” y en lugar de caer, asumes que nada volverá a ser igual y tú nunca volverás a ser la misma. Has mutado.
alefonse@hotmail.com