Independientemente de si usted lector, apoyó o simpatiza con Miguel Barbosa o Martha Erika Alonso, hoy Puebla tiene ya Gobernadora y con ello rumbo.
La incertidumbre lo único que genera es el fortalecimiento de poderes fácticos y en consecuencia el crecimiento de la inseguridad que, en Puebla, ha alcanzado niveles realmente alarmantes.
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La elección en nuestra entidad y su posterior resolución por los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, significó mucho para el nuevo acomodo del poder en el sistema político mexicano.
Pocos podían pronosticar un fallo en el tribunal a favor de la hoy Gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo, por la razón de que semanas antes, Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República.
La lógica con la que se ha conducido históricamente la toma de decisiones en México, inclinaba la balanza para Miguel Barbosa, al ser Morena el partido del Presidente. Lo natural tomando como base nuestra historia, era una llamada de la Secretaría de Gobernación al Poder Judicial, en la que se diera la "instrucción" o se "sugiriera" una decisión a favor de Miguel Barbosa.
El resultado por lo tanto es digno de celebrar.
Porque el Poder Judicial actuó con autonomía, aún en contra del partido y los intereses del Presidente de México.
Porque el Presidente, al menos en lo que aparenta todo, se mantuvo al margen y no operó para favorecer a un miembro de su partido.
Porque la Gobernadora de Puebla podrá gobernar con toda legalidad y legitimidad, al haberse revisado su caso en la última instancia institucional de nuestro país.
Porque de eso se trata el futuro de México, de fortalecer instituciones y blindarlas contra la corrupción y malas prácticas, respetando las facultades de los Poderes del Estado.
La decisión del Tribunal Federal Electoral, sin duda deja insatisfechos a muchos y aviva el odio de los enemigos de Rafael Moreno Valle.
Pero las cosas en una democracia y en la vida republicana deben seguir un orden apegado a la Ley. En este caso eso fue lo que sucedió y el fallo está dado.
Las teorías de conspiración y los analistas políticos de la universidad Starbucks, aseguran que Moreno Valle presionó a los magistrados, que se movió por todos lados, que ofreció quién sabe qué cosas y a quién sabe qué personas.
Nadie puede negar, le caiga bien o mal, que Rafael Moreno Valle es muy hábil, pero de ahí a que él tenga más que ofrecer que el propio Presidente de la República o que pueda pactar y poner sobre la mesa cosas más "atractivas" a quienes esos analistas aseveran, me parece demasiado maquiavélico, por decir lo menos.
Sin quererlo, al aseverar ese escenario, los propios enemigos de Moreno Valle lo hacen más fuerte, le dan un "halo" de poder enorme. Y siguiendo con Maquiavelo, pocas cosas fortalecen más a un hombre de poder, que la fama de ser infalible. Los mejores generales ganan las batallas antes de pelearlas, por el prestigio que los precede y por la estrategia que sus enemigos les reconocen.
Así que, haciendo a un lado los escenarios de las teorías de conspiración, lo que sucedió en Puebla es que se cumplió con el proceso que determina la Ley, y nuestras Cortes actuaron y decidieron aún en contra de los intereses del Presidente de México.
Celebro que el Poder Judicial de la Federación defienda su autonomía y su marco de actuación.
Oscar Gómez Cruz
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