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OPINIÓN

El INEE y el pensamiento mitológico

Dos ideas centrales parecen estar debajo de esta decisión

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Diciembre 17, 2018

“…sería un gran error (y, por lo demás, sería otra creencia mítica) creer que el mito ha sido expulsado por la racionalidad moderna.”

Edgar Morin. Método 5: La humanidad de la humanidad, p. 119.

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El pasado miércoles 12 de diciembre en la conferencia de prensa matutina que ofrece diariamente el presidente López Obrador, anunció y firmó la iniciativa que envió al Congreso de la Unión para derogar la Reforma educativa del sexenio anterior.

Dos ideas centrales parecen estar debajo de esta decisión de echar por tierra todo lo que se hizo en el período anterior. Se trata de ideas que si bien tienen ciertos elementos de realidad, son profundamente simplificadoras.

La primera es la visión de que la reforma educativa del 2013 equivale a la evaluación docente, entendida como punitiva. La segunda idea, derivada de esta simplificación, es que la reforma educativa estaba basada en la denostación y la culpabilización de los docentes a quienes se les atribuyeron todas las deficiencias de calidad de la educación en el país.

Estas dos ideas tienen como digo, alguna base de realidad porque ciertamente el gobierno de Peña Nieto y sus secretarios responsables de la educación hicieron demasiado énfasis en el proceso de evaluación docente y utilizaron frases en algunos discursos que enviaron este mensaje de desacreditación e incluso de amenaza a los docentes usando la evaluación como una especie de arma en contra del magisterio.

Sin embargo la reforma constitucional y las leyes secundarias en materia educativa aprobadas a raíz del llamado “Pacto por México” que unificó a todos los partidos en la legislación de las llamadas “Reformas estructurales” a las que apostó centralmente el gobierno de Peña Nieto como puntas de lanza para transformar al país, tuvieron sin duda un espectro mucho más amplio y perfilaron cambios estructurales importantes en muchos ámbitos del sistema educativo, que superaron por mucho el ámbito de la evaluación docente e incluso la creación del Servicio Profesional Docente que no solamente implicaba evaluación.

Pero como afirma Edgar Morin, en la mente humana y en el imaginario social coexisten el pensamiento lógico y el pensamiento mitológico que son al mismo tiempo concurrentes, complementarios y antagónicos. Sería un error, dice el padre del pensamiento complejo, creer que el mito ha sido expulsado de la racionalidad moderna.

El mito sigue presente y tiene una fuerza enorme puesto que usa imágenes y símbolos que impactan en la emoción y dejan muchas veces una huella tan profunda que es imposible de rebatir con argumentos racionales, por mejor sustentados en evidencias que puedan estar.

En el caso de la reforma educativa en proceso de derogación, el mito de que la reforma educativa no era educativa sino laboral, de que la reforma era solamente evaluación docente y de que la evaluación docente tenía un carácter meramente punitivo –que atentaba contra la dignidad de los maestros, dijo el presidente aunque parezca increíble- se posicionó tanto en el discurso colectivo y se apoderó tan profundamente de la conciencia de los docentes –reforzada por errores de instrumentación de la evaluación que muchos padecieron y de injusticias laborales que eran más bien producto del viejo sistema que se niega a morir que de la reforma pero le fueron atribuidas a ella- que la reacción mayoritaria al anuncio presidencial de la semana pasada ha sido de aceptación e incluso de un sentimiento de revancha que se expresa de muchas maneras, incluso cargadas de violencia verbal.

En todo mito que se respete tiene que haber una lucha entre el bien y el mal, que tienen que estar representados por algún ser individual o una fuerza colectiva. En el caso del mito de la reforma educativa se fue construyendo la narrativa producto del enfrentamiento entre las organizaciones gremiales del magisterio –a las que dejando de lado todos sus vicios y sesgos históricos y su parte de responsabilidad en la desastrosa situación de la educación nacional se fue identificando con el bien- y las fuerzas del mal que representaban al poder cuya encarnación fue atribuyéndose de manera paulatina y muy exitosa al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

En efecto, el INEE fue convirtiéndose en el villano que atentaba contra el magisterio y que representaba todo lo malo de la reforma educativa por su parte de responsabilidad en la creación e instrumentación del Servicio Profesional Docente y en la evaluación de los profesores, ignorando todo el resto de sus funciones y de sus aportaciones a la generación y sistematización de información y conocimiento sobre el SEN, valiosísima para la toma de decisiones de política pública y dejando de lado también la relevancia de su función como generador de lineamientos para orientar el diseño y operación de políticas públicas por parte de la autoridad.

En parte por las restricciones y lineamientos que les impuso la ley, en parte por errores de operación y comunicación de su trabajo, en parte por la dificultad de su reciente autonomía que generó tensiones con la autoridad educativa, el INEE fue reforzando también este mito que hoy genera reacciones –desinformadas, viscerales y desde mi punto de vista injustas- de júbilo por su desaparición en los sectores masivos del magisterio y de los seguidores del gobierno que se basan en apreciaciones incorrectas sobre sus funciones, que le atribuyen errores e injusticias cometidas por la SEP y que le exigen haber actuado de una manera determinada desde una falsa comprensión de lo que significa su autonomía.

Como afirma el mismo Morin: “La ventaja del pensamiento racional es que puede traducir a su lenguaje una parte de las significaciones míticas, mientras que el pensamiento mitológico no puede integrar en sí al pensamiento racional crítico” (Ibid, p. 118)

Como investigador educativo soy de los que lamentan que no solamente en el magisterio y en algunos sectores sociales sino que aún en el gobierno, empezando por el Presidente de la República y el Secretario de Educación Pública se haya creído en este mito y se proponga la desaparición de un órgano autónomo del Estado que resulta tan importante para toma de decisiones sustentadas en las políticas públicas que busquen el mejoramiento de nuestra educación para bien del país.

Con esta entrega terminan mis artículos de este 2018. Agradezco a E-Consulta por brindarme este espacio semanal y les deseo a todos una muy feliz Navidad y un excelente año 2019. Espero que podamos reencontrarnos a partir del lunes 14 de enero.

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