El pasado sábado 8 de diciembre, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declaró a Martha Erika Alonso como la ganadora a la gubernatura del estado de Puebla. Desde su postulación como candidata, Alonso de Moreno Valle ha generado mucha controversia. Su imagen está completamente ligada al sexenio que su esposo mantuvo de 2011 a 2017. Un periodo que sin duda alguna dio bastante material a los medios sobre la vida política poblana.
Después de una larga disputa y pasados cinco meses de las elecciones, se ha estipulado que Martha Erika entre en funciones el próximo 14 de diciembre. Una entrada que más allá de ser triunfal, vislumbra quizás un sexenio lleno de obstáculos si no se atienden los focos de alerta desde su entrada.
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Como cometido principal se tiene el convencer a los poblanos acerca de la autenticidad de estas elecciones y sobre todo el triunfo de la candidata electa. Aunado a ello, desligar la imagen con relación al exgobernador Rafael Moreno Valle. Debiendo entonces crear una estrategia de imagen (y por lo tanto de comunicación) eficaz y bien diseñada que logre resarcir los efectos y críticas existentes. Logrando a largo plazo generar una buena percepción. Además de no solamente tratarse de una estrategia para el sexenio sino que logre preservar una imagen positiva post-mandato.
La estrategia debe de estar planeada correctamente y debe de ser coherente con el personaje que vimos durante las campañas electorales, una mujer que luchó por los derechos de los menos escuchados, las mujeres y los niños. Que se vendió como una mujer dispuesta a combatir la injusticia y atender a los olvidados. Pudimos también observar el esfuerzo que se hizo por presentarla como un personaje más cálido, cercano a la gente y, al mismo tiempo, humano; sin embargo, el mensaje no fue asimilado ni aceptado por la audiencia. En general, únicamente se percibió una búsqueda de aprobación.
En este tema es necesario hacer un paréntesis acerca de las campañas electorales. El hecho de que un candidato gane, no significa que la campaña haya estado bien estructurada. Muchos casos de estos se han presentado y el problema radica en la falta de estrategias que terminarán reluciendo en un mandato carente de coherencia en imagen y, por ende, el personaje en cuestión quizás termina con una peor imagen de la que se tenía en un inicio. Por lo que, en esta ocasión, el reto para Martha Erika se duplica ya que ella tuvo que pasar por todo un proceso que consolidara su victoria. Durante éste, ella se vio afectada por distintos golpes a su reputación, reafirmando la campaña negativa derivada a la mala imagen de su esposo.
Ahora como nueva gobernadora debe de reforzar el personaje de la campaña, pero a nivel profesional, ya no se trata sólo de tener presencia mediática y pública, sino de generar acciones que sean coherentes con su verdadera esencia y que pueda impactar de manera positiva en la audiencia meta. Aunque sabemos que nunca se le podrá dar gusto a todos, tiene que iniciar su mandato con un mensaje claro y reforzarlo todos los días, conociendo las verdaderas necesidades de los poblanos. Cuidando también, por supuesto, las acciones que los partidos políticos quieran o pretendan tomar durante su mandato, porque incluso estos deberán cuidar su imagen para poder ser elegidos en futuras candidaturas. Por tanto, si su partido quiere seguir pintando a Puebla de azul, deberán ser aún más cautelosos para presentar una imagen pulcra.
Si Alonso y su equipo de trabajo no logran plantear estos puntos clave de forma inmediata, veremos una estrategia de comunicación social que trabaja sobre la marcha, dificultando completamente la creación de una imagen favorecedora para ella. La finalidad es lograr que todos aquellos que la veremos como nuestra gobernadora podamos hablar de manera positiva de ella y así también hacerlo de su propio equipo de trabajo, creando incluso identidad a nivel estatal. Recordemos que no solamente se trata de un gobierno, un color o política misma sino de la imagen que el estado de Puebla y sus habitantes tienen. Bien sabemos el compromiso que ahora MEA tiene y su función deberá tener presente algunos de los principios rectores de la imagen pública: la imagen de la titularidad permea en la institución y la imagen de la institución permea en sus miembros. Su estrategia debe de estar tan bien planificada que cualquier traba que generé la oposición, ya sea de poderes o de partidos, no logren dañar la reputación que esté construyendo.
En Proyector Esencia y Percepción sabemos que al hacer una estrategia de imagen política se debe de comprender cuál es la meta, las estrategias y acciones a implementarse con el fin de generar una percepción de aceptación. Por ello, partir de un plan maestro basado en la esencia de la gobernadora, sus funciones y las necesidades de Puebla y los poblanos, permitirá una gestión mucho más ordenada. Sólo a través de una metodología puntual podrá darse una imagen positiva que conlleve a una mejor reputación.