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OPINIÓN

La imagen de la corrupción: ¿México de mal en peor?

Esto genera un problema de percepción desde un nivel local, nacional e internacional

Alejandra Salcedo

Especialista en la construcción y manejo de percepciones. Maestra en Ingeniería en Imagen Pública, con experiencia docente, en capacitación, gestión de comunicación interna y externa.

Jueves, Enero 31, 2019

Esta semana se dio a conocer el reporte del Índice de Percepción de la Corrupción 2018, el cual revela las debilidades de muchos países y cómo éstas afectan directamente en la democracia de una forma bastante crítica. Dicho reporte revela que México no logró mejorar; al contrario, empeoró ubicándose del puesto 138 al 180 a nivel mundial.  Esto genera un problema de percepción desde un nivel local, nacional e internacional.  Y, lo más preocupante -y triste- es que, ante los ojos de todos, los mexicanos somos unos corruptos.  Para muchos quizás sólo es una encuesta que no conlleva mayores afectaciones a nivel individual; sin embargo, la imagen que tenga México internacionalmente nos incumbe mucho más de lo que creemos.

Es muy fácil buscar al responsable de estos índices para dar un castigo: el gobierno, las instituciones, las opiniones de los turistas, los medios de comunicación, … No obstante, la respuesta no es a quién se debe culpar, sino a quiénes se debe procurar. Recordemos que la corrupción es un elemento que ataca a todos los miembros de un sistema, deteriorando la percepción y credibilidad tanto de que de quienes requieren servicios como de quienes los ofrecen. Por ejemplo, imaginemos al dependiente de una institución gubernamental que todo el tiempo está escuchando frases como: “écheme la mano y lo ayudo”, o que ve a sus compañeros aceptando “mordidas” a cambio de un trámite ágil y sin dificultades; o, por otro lado, está el ciudadano que escucha a cierto agente de tránsito decir que “si le da para el desayuno, no hay multa”.

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Todas estas formas generan estereotipos y se caen en un círculo vicioso, en el cual todo aquel que solicite ayuda es propenso a “cooperar” o en donde todo funcionario va a pedir su moche. La corrupción es, sin duda, un mal que daña percepciones de manera pareja y no discrimina. Y cuando estas prácticas corruptas se realizan de forma constante y por mucho tiempo, provocan una reputación negativa; llevando a tal magnitud, incluso, que la corrupción se vuelve parte de la identidad del país, nos guste o no. ¿Acaso México es en esencia corrupto?

La corrupción, pues, daña la imagen de todos. Ahora bien, tomemos en cuenta que los términos imagen, corrupción y reputación están directamente relacionados. Por ello, la reputación que tienen los países a nivel global también se estudia.  Y en este punto, en términos de reputación, México se encuentra en el número 41 de 55 países analizados. Cabe señalar que algunos aspectos importantes para que un país sea percibido de forma positiva se analizan puntos como: su ética y transparencia (baja corrupción), la efectividad del gobierno, la participación responsable por parte de su ciudadanía, la seguridad del lugar, el estilo de vida, lo atractivo del país, entre otros. Veamos aquí que la corrupción sólo es un elemento para la imagen total de nuestro país; es cierto que, a mayor corrupción, peor imagen y, por ende, más negativa será la reputación.

¿Qué tenemos que hacer entonces como mexicanos? Si bien es importante el plan anticorrupción que haga el gobierno, es fundamental entender que no se trata únicamente de estrategias que una sola persona diseñe, sino es preciso recordar que el problema no sólo viene del sector público, sino también del privado; no es una problemática exclusivamente colectiva, también es individual. De aquí que, en vez de esperar resultados del mencionado Plan, debemos estar actuando con nuestro propio plan anticorrupción como ciudadanos. ¿Por qué quedarnos sentados a ver -e incluso criticar- acciones o juzgar falta de resultados cuando como sociedad no estamos implementando cambios? Recordemos, como se mencionó anteriormente, que todos somos parte del sistema. ¡El mexicano no es corrupto por naturaleza, esa no es la esencia de México!

No vamos a enumerar todos los casos relacionados con la corrupción, pues los conocemos bien. Mejor enfoquémonos en recomendaciones que urgen implementar si deseamos avanzar en imagen y reputación. Como país, se busca tener elecciones justas y libres, instituciones fuertes e independientes, cumplimiento de derechos políticos y civiles, reducir la brecha entre la legislación anticorrupción y la práctica real, proteger la libertad de prensa; empoderando a la ciudadanía para participar y mantener un gobierno efectivo. ¿Cómo hacerlo? Participando todos, teniendo acciones pequeñas que aporten a un gran cambio; es necesario romper el círculo de la corrupción.

En Proyector: Esencia y Percepción, sabemos que cada estímulo que comuniquemos produce una reacción. Por ello, si trabajamos en los mensajes individuales, podremos extenderlos para combatir desde nuestra propia trinchera. Ojo: no es un trabajo inmediato, no esperemos que problemas de años se resuelva en poco tiempo. Pero contribuyamos para crear poco a poco la reputación que nuestra sociedad y país merece.

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