Antes del primero de julio por tercera vez candidato presidencial por la izquierda y aliados históricos; después de esa histórica fecha, presidente electo; es decir, triunfador indiscutible de la última contienda electoral para esa altísima dignidad de la soberanía nacional de nuestro país. Finalmente, exactamente unas horas antes de este reporte, ungido, en San Lázaro, ya, Presidente Constitucional de la República Democrática, Federal y Representativa del Pueblo de México. Tal es la más reciente <<línea del tiempo>> político del congruente y convincente estadista mexicano de izquierda de nuestro país.
La ceremonia protocolaria dio inicio al filo de las 10:30 hrs., A.M. del día de hoy 1º de diciembre, como estaba anunciada. Previo a ese protocolo hizo, el aún presidente electo, un recorrido desde su domicilio particular hasta el edificio de San Lázaro, lugar en que se encuentra domiciliada la Cámara de diputados, también lugar donde habría de verificarse el protocolo de toma de posesión aquí indicado. En ese recorrido ya hizo su aparición un nuevo “estilo de gobernar” comenzando por el tipo de vehículo standart, común a la mayoría de mexicanos, que utilizó en su recorrido. Con ese sencillo acto, incluso sin que se lo propusiera en primer término, “Desacrilizó”, en gran medida, la otrora alienada imagen presidencial, llena de atavíos lujosos y desde luego infaltables camionetas último modelo, costosas, y de gran ostentación.
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El austero automóvil de AMLO, en cambio, con su sola presencia daba un giro de 180 grados, con ello además mostró su cercanía con la gente, hizo ver a cada uno que el poder no está más allá, ni ellos, la gente, en un más acá. La gente puede en realidad estar donde se le pegue la gana, acá o allá. AMLO, en pleno <<acto pedagógico>> no hizo sino mostrar, con ese sencillo acto pero de gran trascendencia, que la gente es realmente el poder. Y por eso habría que desmitificarlo, desalienarlo, volverlo otra vez gente.
Tal cosa la contraparte Pri, panista, desde luego, no la entiende, acostumbrados más a perderse en cosas, más aun sintiéndose cosas, apenas les faltan, en medio de gran dolor, echan de menos las cosas, y jamás se atreven a ponerse delante de ellas, mucho menos <<priorizar>> a la gente en vez de ellas. En esto reside la gran diferencia de un AMLO desacrilizante, pedagogo, estadista, y ahora Presidente de los mexicanos. Ya en San Lázaro, correspondió a Muñoz Ledo, Porfirio, ungirle la banda presidencial. Profesional, combativo, pero siempre constitucional, este decano de la izquierda nacional, cumplió de modo muy suficiente el excelente mandato ciudadano, perfeccionar con la institución presidencial el triunfo contundente de AMLO-Presidente. Acto seguido, AMLO presentó como discurso un sintético recorrido de sus mejores ideas y propuestas que darían inicio a su gestión presidencial. Entre ellas destaca: el <<no les voy a fallar>>, <<Justicia a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y al resto de víctimas de la inseguridad neoliberal sufrida por los mexicanos>> <<el paquete de diez políticas sociales y de inversión para generar empleo y mejorar el ingreso de los mexicanos, sobre todo de los más vulnerables>> <<la abrogación definitiva de la llamada “reforma educativa”>> <<la abrogación del pago mensual “millonario” a los expresidentes>> etc. Finalmente AMLO desatacó la presencia de los dignatarios de otros países que asistieron y dieron fiel testimonio del importante acto de su <<toma de posesión>>. Destacando Miguel Díaz Canel: Presidente de Cuba, Evo morales: presidente de Bolivia, Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela, etc. Aun cuando este último ha sido muy cuestionado sobre todo por la “derecha mexicana”, empero AMLO, exhibió ya su gran calidad de estadista, y sobre todo mostró ser un gran conocedor de la tradición diplomática de nuestro país, que en la arena internacional se le conoce como gran promotor del <<principio de la no intervención>>. Tal principio ni más ni menos ha sido promovido y sustentado a gran altura por la doctrina internacionalista y diplomática de México. En especial por la <<doctrina Estrada>>. Conforme a esa doctrina cada país tiene el <<derecho soberano>> de resolver por sí sólo, con sus propios medios, sus conflictos internos. Nuestro país ha sido reconocido en los más altos foros de la arena mundial por el manejo sutil, de gran nivel de excelencia diplomática, y sobre todo por tener un gran <<tacto>> y <<gran sensibilidad>> para no “inmiscuirse” en cuestiones que tienen que ver con la soberanía y capacidad de autodeterminación de los demás pueblos del mundo; es decir, siempre ha practicado la política de la <<Paz mundial entre las naciones>> y del <<Trato de Buen Vecino>>. Bajo estas coordenadas que marca muy claramente no sólo la tradición diplomática mexicana sino nuestra propia Carta Magna, AMLO, no sólo actuó en un nivel de excelencia diplomática sino ya ha puesto muy en alto la investidura presidencial, otrora menoscabada por actos de “gran torpeza” y “desvarío” “psudoinstitucional”. En hora buena Pueblo de México, así podríamos decir: <<habemus presidente>>.