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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un verdadero feminista

Gilbert Keith fue un escritor y periodista británico, conocido como “el príncipe de las paradojas"

Mario De Marchis

Ingeniero Químico de la UAEM, con maestría en computación del ITESM, Campus Morelos. Posteriormente cursó un Doctorado en Administración en el Programa del ITESM, Campus Ciudad de México y la Universidad de Texas en Austin.

Es profesor del ITESM, desde 1985.

Ha recibido en varias ocasiones la distinción de profesor mejor evaluado en el Campus Morelos, Ciudad de México, Monterrey y Santa Fe y en la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, Colombia.

Es fundador del Campus Santa Fe, donde fungió como director de la División de Negocios y Posgrado.

Ha sido consultor en diferentes Instituciones, tanto públicas como privadas, tales como  IMTA, GFT, la ONU-Méx, Línea Bancomer, Confitalia, Canacintra, Coparmex, Inophos e Infonavit, entre otras.

Es autor del libro “Yo, el Director” de Editorial Océano y fue reconocido por la revista “America Economía” como el segundo mejor libro de gerencia en español del 2010 y primero en Latinoámerica.

Actualmente es profesor de tiempo completo del Departamento de Administración de Empresas en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).

Viernes, Noviembre 30, 2018

Es fácil donar nuestra sangre a la patria

y es aún más fácil donar dinero.

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Es mucho más difícil donar la verdad.

G.K Chesterton (1874-1936) 

Gilbert Keith Chesterton fue un escritor y periodista británico, conocido como “el príncipe de las paradojas”, y su personaje más famoso es un sacerdote católico, el padre Brown, que gracias a su agudeza psicológica (de hecho, es la personificación de Santo Tomás de Aquino), se vuelve un formidable detective y lo relata en más de cincuentas cuentos, que fueron también llevados a la pantalla chica, en diferentes países del globo. Son famosas sus polémicas con los más grandes personajes de principio del siglo XX, una de ellas tiene como tema el papel de las mujeres. Henry Ford escribió en un periódico local estadounidense, que la mujer no debe dedicarse a los negocios porque en los negocios hay que tomar muchas decisiones y las mujeres no sabe hacer bien eso. Chesterton le recordó al señor Ford que muchas mujeres que son madres toman constantemente decisiones más difíciles que las decisiones que toman los gerentes de una empresa, y que la suma de problemas que un niño, en solo veinticuatro horas, presenta a una madre, haría explotar y saturar a un señor Ford, con la dificultad que el niño no puede ser reparado con piezas de recambio, como es fácil hacer con un coche.

 

“nunca he entendido cómo surgió la superstición de considerar modesto el trabajo en casa y excelso el de fuera casa. Puede haber razones excelentes para que una mujer haga cualquiera de las dos cosas, pero no hay ninguna razón para considerar inferior el trabajo domestico. De hecho, la mayor parte de los trabajos fuera casa son bastantes rutinarios y en gran medida sucios. En casa, además, una persona suda y se afana por gente que aprecia y quiere, pero fuera de casa se esfuerza por gente que no conoce, no aprecia y no quiere”.

 

Chesterton reconoce que las tareas domesticas tienen lugar en un espacio relativamente pequeño. Pero la ciencia que la mujer despliega en ese espacio, para lo cual queda pequeña la palabra “educación”, es enorme, pues se enfrenta al misterio de la forja de los seres humanos. En el hogar, una mujer suele ser decoradora, experta cocinera, diseñadora de moda, cuentacuentos, profesora, entretenedora, enfermera, administradora financiera y motivadora. Como es fácil suponer, esas tareas no la hacen rígida y estrecha de mente, sino creativa y libre, lo que la ocupa la enriquece más que cualquier profesión porque supone el desarrollo de todos sus talentos.

A Chesterton le parece que esa es la sustancia de lo que ha sido el papel histórico de la mujer: no niega que muchas veces ha sido maltratada, pero cree firmemente que nunca lo han sido tanto como ahora, cuando se pretende que llevan las riendas de la familia y, al mismo tiempo, triunfen profesionalmente.

Muchos animales requieren tiempo para ser criados, pero el hombre, más allá, de una tutela biológica, necesita algo único en la naturaleza: necesita de educación. Se trata del cultivo complejo y con muchas facetas, de la cultura, del sueño de lo que debería ser nuestra sociedad, y todo empieza desde la casa. Nuestro autor lo reconocía bien: nadie se queda sin ser educado, dado que, si no es educado por una buena madre, una buena familia, y luego unos claros maestros, será educado por la calle, por los medios masivo de comunicación, por las bandas de narcotraficantes; porque nadie se queda sin ser educado, aún cuando es educado para ser justo lo que no quisiéramos que fuera. Cualquiera sabe que los hijos pequeños no necesitan aprender un oficio concreto, sino que les introduzcan a las realidades del mundo entero. Por eso, si alguien cree que responder a ese niño insaciable es una tarea agotadora, Chesterton piensa que tienen razón. Y, si alguien dice que es una tarea desagradable, nuestro autor admite que puede ser tan desagradable como el oficio de un cirujano o de un bombero, pero aún más indispensable para la sociedad, que estos últimos valiosísimos oficios. Pero elevaría a esta tarea al rango de lo más noble que un ser humano pueda hacer, y esto es el privilegio principalmente del sexo femenino, es lo que los griegos llamaba “Paideia”, la trasmisión de una cultura, de un ideal de vida, de una serie de valores que distinguen nuestra civilización de otra. Por esto, Gilbert, reconoce en la familia el núcleo indispensable de la sociedad, porque la familia realiza por amor, un trabajo social necesario, imposible de realizar por dinero. Tienen que reconocer que es el origen de toda sociedad, constituida siempre por un conjunto de reinos pequeños en los que un hombre y una mujer se convierten en rey y reina, y en él ejercen una autoridad razonable, sujeta al sentido común de la comunidad, hasta que quienes que están bajo su cuidado crecen y son capaces de fundar reinos similares. Se trata de la estructura social de la humanidad, mucho mas antiguas que toda su documentación histórica, y más universal que cualquiera de sus religiones. En lugar de un debate racional, Chesterton lamenta que acerca del matrimonio y del divorcio se oiga solamente una especie de coro sentimental, repitiendo que el matrimonio es amor, y cuando el amor cambia, o cuando el amor muere y renace en otra parte, el matrimonio tiene que extinguirse y renacer en otro lado. Pero en su opinión la relación entre esposos, como la relación entre padres e hijos, no puede ser disuelta por un simple arrebato sentimental. Los sentimentales tienen derecho de tener los sentimientos que quieran, pero no pueden afirmar que una institución es simplemente un sentimiento.

Creo que es un planteamiento que aún hoy en día debería hacernos, por lo menos, reflexionar.

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