Si bien es cierto que nuestro Federalismo en México, no es todo lo fuerte que quisiéramos, muestra de ello son las enormes disparidades regionales, también lo es –y es de esperarse- que quienes han pugnado durante los últimos 18 años por cambios a favor de la salud de nuestra democracia, hagan todo lo posible por lograr esa fortaleza.
La historia nos ha enseñado que las crisis y/o los momentos de cambio son siempre de oportunidad o de riesgo. Nosotros estamos hoy ante esa coyuntura.
Más artículos del autor
El poder legislativo federal, le ha dado al Presidente electo los “Coordinadores Estatales de Programas de Desarrollo”, para que sean ellos los que reciban todos los recursos y programas que el gobierno federal envía a las entidades, dependiendo única y directamente del titular del poder ejecutivo -leáse Andrés Manuel López Obrador-.
En el mejor de los casos, la propuesta hace pensar en una posible dualidad de poderes con los gobernadores electos constitucionalmente; sin embargo, nos hace recordar el periodo colonial y la etapa porfirista.
La medida no es ninguna novedad, pues la Constitución de Cádiz (en 1812) autorizaba al rey de España a designar “jefes políticos” o “prefectos políticos” al frente del gobierno de las provincias de la Nueva España.
Esta figura se retoma en el periodo del general Porfirio Díaz, en dónde llego a haber alrededor de 114 prefectos y jefes políticos, la mayoría, por supuesto, cercanos a la cabeza gobernante.
El jefe o prefecto político era una pieza esencial en la política de centralización de Díaz.
Y aquí aparece el peligro para la democracia de nuestro País, pues hay que recordar que estos personajes constituyeron un antecedente muy importante para desencadenar el movimiento armado de 1910.
Es de esperarse, por el bien de nuestro República, que el mensaje del Presidente electo haya sido malinterpretado, seguramente por la prisa de emitir mensajes que le demuestren a la ciudadanía, la que voto y la que no lo hizo por él, de que la recomposición del País va en serio, pero insisto ojalá esos cambios sean para bien y no para retroceder.