Crucial semana para Puebla es esta. Trascendente para el país. Para Puebla resolver si se anula la pasada elección y se convoca a nuevos comicios. Despejar la incertidumbre y ver hacia dónde apunta la aguja de la brújula.
Se especula mucho al respecto, cada quien desde su trinchera, su posición ideológica e intereses. La resolución está en manos del TRIFE, lo demás son conjeturas.
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Ahora, habrá que imaginar algunos escenarios. Validar la elección sería una victoria para Moreno Valle. Pero una victoria pírrica, porque situaría a la señora Martha Érika en un ambiente cargado de nubarrones. Con un mundo adverso en los planos local y nacional.
Trataría de coexistir seis años con adversarios formidables y un ambiente hostil. Con flancos abiertos en el Congreso local, mas los diputados y senadores poblanos y morenistas, mas una lupa gigantesca vigilando cada uno de sus pasos.
Y a eso agréguese el largo listado de cuentas pendientes que dejó el esposo y que estarán prestos a cobrar los opositores locales de diversos frentes.
Y no olvidar que quien tiene la fibra política es él. Ella es sólo la pareja que heredaría la gubernatura en el más puro sentido patrimonialista del poder.
Otro es el panorama si se convoca a nuevas elecciones. El morenovallismo navegaría en un contexto radicalmente distinto en el estado, bajo el signo del lopezobradorismo por doquier.
El nuevo dominante sol utilizaría todos los recursos para no perder Puebla. Para el nuevo poder es inconcebible dejar el estado por tercera ocasión en manos de un hombre fuerte.
Dos hombres fuertes son incompatibles. Así de sencillo.
Una tercera cara del poliedro poblano es la designación del gobernador interino. No será unilateral la decisión de Morena porque se requiere mayoría calificada, no mayoría simple.
Morena tiene que hacer alianzas y eso no será tan fácil. Con los diputados priistas en el Congreso lo lograría, pero puede confiar con todos excepto con uno. Y eso vuelve complicadísimo el escenario.
Quedaría el flanco de la negociación con el PAN. No imposible. Pero se requiere hilar fino, muy fino, con la concurrencia de negociadores de categoría, con seriedad, y anteponiendo por sobre todo el interés de Puebla más allá de todos los “ismos”.
Fruto de esa negociación, si por ahí derivan las cosas, veremos un episodio inédito, singularísimo en la vida de Puebla. Un gobernador interino que tendría que ser equidistante de las fuerzas en pugna.
Obligado a generar un clima electoral y unos comicios que sean pacíficos, transparentes y confiables. Sobre todo esto último. Un auténtico reto para quien sea. Se requiere un estadista. Y como que en el panorama local no abundan personajes con esa estatura.
Y en medio de esa atmósfera de contienda, pasiones e intereses, el Congreso local activo, caliente, ventilando una enredada madeja de herencias del morenovallismo. Pero esta corriente, ya sin un gobernador con ropaje de salvaguarda de un poder que se bate en retirada.
A la elevada temperatura imaginable de Puebla en ebullición, súmele el activismo morenista en las dos cámaras federales, buscándole al exgobernador motivos para ser juzgado, ahora que ya no existe el fuero. Y eso, también es parte de lo negociable en unas nuevas elecciones aquí. Todo cabe en la báscula.
Un elemento más es Elba Esther. Antigua aliada de Moreno Valle en diversos lances, hoy quizá lo pensaría dos veces. Ella es astuta como una zorra (subrayo sólo la acepción zoológica del caso) y luego de su paso por la cárcel sin duda ya se dio cuenta que el sol siempre sale por el oriente…
Siguiendo con el probable escenario de nuevas elecciones en Puebla, en marzo López Obrador estaría poniendo en el centro del país la madre de todas las consultas: definir si se investiga y juzga a los expresidentes y corruptos que los acompañan.
Y ahí, otra vez volverán a soplar vientos amenazantes sobre suelo poblano.
Lo dicho, hay barruntos de tormenta en un escenario u otro. Y esto lo sabremos en la semana que corre. No hay mañana…