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OPINIÓN

Brasil no cambió

Jair Bolsonaro ganó la presidencia de Brasil con más del 56% de la votación

René Sánchez Juárez

Politólogo y Maestro en Ciencias Políticas. Académico de la BUAP. Sindicalista y dirigente FROC-Puebla. CONLABOR. Ex Diputado Local y Federal

Lunes, Octubre 29, 2018

Tal y como lo comentábamos en este espacio, los ciudadanos brasileños, en segunda vuelta electoral, optaron por un gobernante de derecha. Hombres y mujeres, sin importar color de piel o preferencias sexuales, prefirieron votar por el candidato que representa a la ultraderecha en Latinoamérica, porque prometió acabar con los dos grandes problemas de Brasil, la corrupción y la inseguridad.

Jair Bolsonaro ganó la presidencia de Brasil con más del 56% de la votación, lo que representa 57 millones de votos, por el 44% que optó por Fernando Haddad candidato del Partido de los Trabajadores, en un intento de la izquierda de retomar el poder después del impeachment contra Dilma Roousself.

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Fueron 11 millones de votos de diferencia que de manera contundente le otorgan la victoria al ex militar, que con todo y los movimientos en su contra por sus declaraciones homofóbicas, machistas y xenófobas supo capitalizar el miedo por la inseguridad y el hartazgo de la corrupción en ese país.

Su toma de posesión será hasta el 1 de enero de 2019, y tendrá que gobernar con un congreso de mayoría petistas; sin embargo, debido a sus alianzas con otros partidos podrá gobernar sin tanta oposición a sus propuestas. Bolsonaro llegará el poder con un bono importante de legitimidad; sin embargo, tendrá poco tiempo para dar resultados a todos aquellos que le dieron su voto más por castigo al PT que por afinidad a él.

En sus discursos después del anuncio de los resultados Bolsonaro mencionó "Voy a gobernar al lado de la Constitución"; "Sabíamos para dónde estábamos yendo, ahora sabemos para dónde queremos ir, mi querido pueblo brasileño, muchas gracias por la confianza"; mencionó que su país no podía "seguir flirteando con el comunismo, socialismo, populismo y con el extremismo de la izquierda".

Mientras que Fernando Haddad se limitó a afirmar: "Tenemos una tarea enorme en el país, que es en nombre de la democracia. Defender el pensamiento, las libertades de los 45 millones que nos acompañaron hasta aquí".

Como ya lo habíamos comentado, los brasileños no son racistas, sobre todo en un país multicultural como Brasil, tampoco son homofóbicos, ni mucho menos machistas. Simplemente tenemos que comprender su contexto, de vivir con la zozobra de la inseguridad y los escándalos de corrupción. Pero el nuevo presidente tampoco ha dicho cómo va a terminar con estos dos males que aquejan a la democracia en América Latina y al Brasil. De las frases fáciles de campaña tendrá que pasar a las políticas públicas concretas.

El lema de Bolsonaro “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” recuerda mucho al "God bless America". Pero la dura realidad brasileña requiere más que una oración y una bendición para sacar adelante a ese gran país.

Con este resultado se espera que las relaciones internacionales en América Latina se reconfiguren para el próximo año, pues ahora la derecha gobierna el cono sur y la izquierda en distintas partes de Latinoamérica, destacando Venezuela, Bolivia, Centroamérica y México. Esta nueva realidad política sin duda será parte de la campaña reeleccionista del presidente norteamericano Donald Trump. El próximo año iniciará con grandes desafíos para nuestra región y para toda Latinoamérica. En esta coyuntura, México sin duda jugará un papel estratégico para mantener los equilibrios necesarios para el desarrollo en el continente americano. El escenario pinta interesante para el futuro gobierno federal y en especial para el próximo canciller Marcelo Ebrard, quién tendrá un papel protagónico y del que se esperan buenos resultados, derivado de su experiencia y capacidad política.

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