El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, se convirtió con su triunfo en el rostro más representativo de su partido, Morena; un nuevo organismo político que cubrió a todo el país de su color, borrando del mapa la presencia del resto de partidos tradicionales como el PAN o el PRI, quienes por años se mantuvieron en el poder.
A unos meses de que inicie su sexenio, nos preguntamos si su partido podrá mantenerse con identidad propia o requiere de la figura de Andrés Manuel para proyectar su esencia. Pues recordemos que la imagen de la titularidad, en este caso López Obrador, siempre permea en la institución, o sea, Morena.
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Una vez que inicie su administración, lo ideal es que AMLO y MORENA ya no se identifiquen como uno mismo y que cada quien represente lo que es, un partido político, por un lado, y un presidente del país, por el otro. Pero, ¿qué es de una marca sin su figura principal?; ¿quién podrá soportar en sus hombros los valores que este partido representa?; ¿de qué manera puede sacudirse de todos aquellos “villanos de películas” y mantener una imagen pulcra e impecable?
Indudablemente, todo lo que haga López Obrador en su sexenio afectará directamente a su partido y tal vez la división entre ambos no la consideraron sus estrategas de imagen o simplemente no es parte de los planes del presidente electo.
Lo principal es saber cómo un partido joven, con una victoria tan importante como es la presidencia, puede diseñar una estrategia similar para seguir posicionándose como una opción viable, real y funcional, pero ahora con el gran desafío: no tener a quien siempre ha sido su imagen principal, AMLO.
El primer reto de Morena, pues, es generar una identidad propia, buscar entre sus estatutos los valores, principios, metas e ir formando coherentemente la imagen de un partido joven, triunfador, con una visión clara para ganar las siguientes elecciones. Pues es evidente que esta separación con el presidente electo debe ser pronto, ya que de pasar más tiempo, la identidad de AMLO con Morena se irá fusionando cada vez más y el reto de separarlos será aún mayor.
Por su parte, es innegable que el presidente electo deberá reforzar su imagen, no solamente en su peinado o en su vestir, es decir en su imagen física, sino desde su esencia; una imagen que proyecte coherencia con el desempeño de sus funciones, labores y objetivos; y, sobre todo, no perder la cercanía con la gente, reconociendo sus necesidades, pues fue lo que lo caracterizó durante su campaña.
Hasta ahora vemos un Andrés Manuel populista, atento a lo que demanda la gente, sin derroches y con muchas, muchas contradicciones de sus propuestas de campaña y sus acciones en la transición.
¿Eso abonará a la nueva imagen del presidente electo?
Como expertos en el tema de imagen (percepción y esencia), recomendamos que quien construya la identidad de Morena debe de ser coherente con los valores establecidos por AMLO y que si decide cambiarlos sea para una evolución funcional, práctica y novedosa; veremos si lo logran...