Estamos a unos meses de presenciar el cambio que todo México decidió, en Puebla contaremos con una presidenta municipal que cuenta con la difícil tarea de saciar la sed de cambio y justicia social que aclaman los capitalinos.
Una de sus primeras ideas, como todos los gobiernos nuevos, es destrozar cualquier tipo de figura que represente al pasado y desterrarlos, por ello buscaron rediseñar la imagen institucional, concretamente el logotipo, por lo que abrieron una convocatoria para diseñar la imagen visual de Puebla. Tal vez para muchos tenga sentido, alejarse del pasado para demostrar que son un cambio real.
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¿Cuál es el verdadero problema de que la nueva presidenta municipal electa haga eso? La respuesta es muy sencilla, LO ESTÁ HACIENDO SIN SUSTENTO. Claudia Rivera quiere representar un cambio real pero repite el mismo error de administraciones pasadas: generar una imagen sin metodología ni sustento que le permita proyectar de forma correcta los principales rasgos de su municipio.
Ella abiertamente pidió que se generara un símbolo que representara su administración, el grave problema es que nunca definió con exactitud cuál era la esencia de su gobierno, qué quería representar. Y nuevamente se está cayendo en ver a la “identidad institucional” como apariencia, fachada y algo meramente visual...
El resultado saltó a la vista una vez que presentaron el nuevo logotipo, la crítica se hizo notar, desde plagio, hasta falta de simbología. En el tema de diseño no somos expertos, ellos ya se explayaron en redes sociales; pero en imagen creemos, para empezar, que el nuevo logotipo no proyecta la esencia de ser incluyente, ¿acaso la catedral es un símbolo de inclusión? Ni cumple con la representación de cultura, pluralidad, simbología, heroísmo histórico ni originalidad como marcaron en sus propias bases.
La principal problemática es que siguen sin entender que una vez que asumen el cargo no deben olvidar que ya no representan a su partido de origen. Veámoslo de la siguiente manera, cada que entra un nuevo director a equis empresa (por ejemplo, Coca Cola), ¿se cambia la imagen visual de la marca? Entonces, ¿los colores de MORENA son necesarios para representar a este nuevo gobierno en su logotipo? En la esencia institucional, si bien evoluciona, existen mínimos que representan su razón de ser.
Esto no es una crítica a la profesión de los diseñadores gráficos, es una crítica a una nueva administración sin sustento y a la carencia del experto en imagen como orquestador de la identidad institucional. En la opinión de este grupo de profesionales en la generación de percepción y reputación en el ámbito institucional, auguramos un mandato sin lineamientos claros en su imagen, ya que sin esencia no hay mensaje y sin mensaje no hay comunicación.