El día de hoy elegiremos presidente de la república, quinientos diputados federales y 128 senadores; de igual forma, para el caso de Puebla, gobernador, diputados locales y ayuntamientos. Es de gran envergadura el evento, no del siglo –porque éste continuará y no sabemos qué pueda ocurrir en los siguientes 82 años-, pero sí de este momento en que se plantea redefinir, incluso, el diseño del país: por un lado, que es del menor ánimo, continuar con el actual régimen y con la política de los grupos que actualmente lo dirigen; por otro lado, refundar el sistema político bajo los principios del nacionalismo (¿revolucionario?) tomando como íconos figuras del siglo XIX y del siglo anterior, incluyendo las del presidencialismo proteccionista y omnímodo. Y desde luego, una postura de un cambio de giro pero sin los paradigmas del clásico sistema político mexicano.
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A lo largo del día vamos a escuchar, como en cada elección, denuncias, alertas, voces de reclamo y noticias de toda índole: grupos que son movidos por operadores, gente que no alcanzó a votar en casillas especiales, etcétera. De todo esto, el único dato que, a mi modo de ver es relevantísimo, tiene que ver con la violencia. Lugares del país marcados por la acción y la intimidación de grupos armados, delincuenciales, violentos que han hecho de las suyas llegando al extremo de asesinar a candidatos o aspirantes a cargos de elección popular. Estos focos rojos son quizá lo que pudiera inhibir la participación en las urnas. Creo que no está el país incendiado para esta situación extrema, lo importante es vencer ese temor y acudir a las urnas y exigir que las autoridades competentes resguarden la seguridad a que todos tenemos derecho. Sé que es fácil escribirlo y, salvo los casos especiales, en general, el ánimo de los electores es acudir a emitir su voto. De los 89 millones de mexicanos que estamos inscritos en el padrón electoral, si el porcentaje de participación es similar a la de hace seis años (63.31%), votaremos 56 millones 596 mil electores para la elección federal.
Si el Reforma tiene razón, de acuerdo a sus últimos datos de preferencia electoral publicados el 30 de mayo, el puntero alcanzaría 29 millones 429 mil votos, sinceramente se me hace una desproporción. Peña ganó la presidencia con 19 millones 219 mil votos y ya vimos el nivel de participación. En cambio los datos de Consulta Mitofsky son más moderados y creíbles, el puntero obtendría 37.2%, o sea, poco más de 21 millones de votos. El segundo obtendría 11 millones 488 mil votos (Josefina hace seis años alcanzó más de 14 millones de votos, y sinceramente no creo que su campaña haya prendido más que la de su compañero de partido en este proceso electoral) y el tercero 9 millones 677 mil votos. El universo de indecisos o de quienes no manifestaron preferencia es de 12 millones 564 mil electores. Y esa es la pregunta, ¿por quién votarán esos doce millones? A mi modo de ver, por eso muchos, simpatizantes de ya saben quién, hablan y promueven mucho el discurso del fraude electoral, porque saben con números que la moneda no ha caído, que el lado correcto de la historia no es el que dicen tener. Pero bueno, al final, los números son números y se impondrán y lo sabremos esta misma noche.
En el ámbito local, en la disputa por la gubernatura, la moneda no sólo no ha caído, sino está en el vuelo mismo del aire. Estructura contra tendencias, ¿quién prevalecerá? También hoy se definirá y veremos números y resultados. ¿Continuidad o giro de timón? Quien gane necesita más de un millón de votos, ¿los garantizará la estructura del grupo en el poder? O por el contrario ¿le alcanzará a la ola de preferencias electorales para imponerse a la continuidad y arribar a otro puerto?
En el caso de los ayuntamientos y el de la capital, si bien hay datos de que la moneda está en el aire, también es cierto que la experiencia termina por generar en los electores mayor confianza. Como quiera que sea, es importante acudir a votar y luego darse una vuelta una vez que se hayan contado los votos y publicado los resultados en la casilla donde hayamos votado. Y con ello podremos cotejar con los resultados del PREP, tanto del INE como del IEE y de esta manera verificar que coincidan. Es lo menos que podemos hacer por nuestro país, por nuestro estado y por nuestro municipio. Y luego exigir que cumplan sus ofertas de campaña con puntualidad, precisión, claridad y transparencia.
Es verdad, por otro lado, que en la política siempre hay grupos de poder, no hay que ser ingenuos, pero precisamente el día de hoy, con nuestro voto, podemos premiar o castigar a esos políticos que cumplieron o incumplieron, que se comprometieron a medias o que representan a esos grupos de los cuales no queremos ya saber. O quienes en sus tareas legislativas no sólo las dejaron a medias, sino que incluso se opusieron a la participación ciudadana por la vía independiente (como lo ha venido denunciando Enrique Cárdenas y su movimiento). Todo ello, premiar o castigar, se puede hacer hoy. Hágalo, amable lector, lectora, acuda a votar y dele seguimiento a los resultados de su casilla. Será interesante de cualquier manera participar en esta jornada electoral.