Érase una vez una familia que tenía un terreno y quiso construir en él. Contrató a un arquitecto para que le diseñara una hermosa casa de dos pisos. El arquitecto hizo el trabajo, le entregó los planos, tanto el estructural como el arquitectónico. También contrato a un albañil, quien se encargó de construir aquella casa subcontratando a cinco ayudantes. La familia les pagó sus servicios y, además, al albañil, le proveyó de todos los materiales que requería. Cuando terminaron la primera planta, a la familia se le terminaron los recursos económicos y ya no pudo continuarla. En los años que siguieron la familia ahorró y quiso reanudar su obra. En ese mismo periodo conoció a otro arquitecto, quien la convenció de ser muy bueno en su trabajo. La familia lo contrató para que hiciera un nuevo diseño de la segunda planta y realizara algunas adecuaciones a la primera. En cuando el arquitecto y el albañil anteriores se enteraron de la decisión de la familia, fueron a verla y la amenazaron, argumentando que ellos habían construido esa casa y que no tenía derecho a contratar a otras personas para continuarla ni modificarla.
¡Completamente absurdo! ¡La dueña de la casa es la familia y las personas a las que contrató no tienen derecho a exigirle nada! ¡La familia les pagó su trabajo! ¡Los materiales también fueron adquiridos por ella!
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Y así de absurdas son las campañas de miedo que ha lanzado el PRI en los últimos años, principalmente cuando a sus candidatos les llevan la delantera. Tal es el caso del spot: “Imagínate un día sin…”, sin atención médica, sin educación gratuita, sin créditos para la vivienda, sin desayunos escolares para los más necesitados… El PRI ha sido gobierno por tantos años que confunde la amnesia con la magnesia. El Estado y las instituciones del Estado no son el PRI. El PRI no es el Estado. Es un corte que todos los mexicanos debemos hacer y exigir neutralidad e independencia.
Sin embargo, tal parece que hablamos de instituciones en pañales, que todavía dependen de sus padres, no logran autonomía y pende sobre ellas el peligro de la extinción.
Claro que es difícil hacer la separación y lograr autonomía porque muchos servidores públicos deben “la chamba” en alguna institución a “su” partido. Y sí, también ahí, el PRI tiene muy ensayado el discurso del miedo: “si votan por otro, tu trabajo puede desaparecer”. En la base de la pirámide les da miedo perder el trabajo por la desaparición de la institución derivada de un cambio de gobierno y de partido. Los mandos medios y superiores, saben, de antemano, que ellos serán cambiados o desechados pues, gane quien gane, traerá a su gente y el movimiento comenzará… Su preocupación está colocada en otro lado, en buscar “otro hueso”, en acercarse al nuevo candidato o a la gente del candidato y “acarrear agua al molino” para ver si así los favorecen y los mantienen en el puesto o les dan algo mejor. ¿Cómo lograr autonomía con tanta dependencia?
Por otro lado, las instituciones son como los humanos: nacen, crecen, algunas se reproducen, cambian, algunas permanecen y, con el paso de los años, también mueren. Pero no a capricho de los partidos en el poder. Bueno, también, pero por años hemos visto que los partidos políticos, mientras gobiernan crean más instituciones de las que desaparecen. Y cuando desaparecen alguna, lo hacen porque obtienen o brindan un beneficio a sus allegados, ya sea por promesas de campaña, deudas políticas, compadrazgo, evitar el peso de la ley o el escrutinio público, etcétera.
Por lo tanto, al amenazar a la población con la idea de que los beneficios sociales que hoy día tiene desaparecerán, es una forma de control y ejercicio del poder desde una total carencia de ética y moral. Debemos estar conscientes que muchas de esas instituciones las tendríamos de todas maneras, aunque fuéramos un pueblo que cambia al partido en el gobierno a verdadera conveniencia y bien común. Y muchas, permanecerán gane quien gane. Ya lo vivimos: durante dos sexenios gobernó el PAN y el INFONAVIT, IMSS, ISSSTE y muchas otras instituciones permanecieron, algunas incluso mejoraron o se modernizaron. Programas sociales como PROGRESA han estado vigentes por varios sexenios, incluyendo aquellos dos de la alternancia, sólo han cambiado de nombre. Eso sí, durante muchos sexenios, hemos sido testigos de cómo el PRI usa a las instituciones como fuente de captura de votos, y cuando se acaba el recurso, entonces sí disminuye el número de beneficiados, temporalmente. Por eso no las puede soltar.
Por eso, pueden aprovechar el periodo de “intercampaña” lanzando su spot del miedo, total, ni quién diga nada...