Si este es un hombre
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Ustedes que viven seguros
en vuestras tibias casas,
ustedes que encuentran regresando de noche
la comida caliente y los rostros amigos:
Consideren si este es un hombre,
que trabaja en el lodo
que no conoce la paz
que lucha por medio pan
que muere por un sí o por un no.
Consideren si esta es una mujer,
sin cabello y sin nombre
sin más fuerza para recordar,
vacíos los ojos y fríos
como una rana en invierno.
Primo Levi (1919-1987)
El 27 de enero de 1945, las tropas del ejército rojo, entraban en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, y es en conmemoración de ese día, gracias a una resolución de las Naciones Unidas, que se declaró esta fecha como: “Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto”. En Italia, el presidente de la república, Sergio Mattarella, nombró “Senadora de por vida” a Liliana Segre, una de las últimas sobrevivientes del terrible campo nazi, que consagró su vida en mantener vivo el recuerdo en las nuevas generaciones, ofreciendo su testimonio desde décadas, en las escuelas italianas y europeas.
Escuchamos sus palabras:
“El principio empezó cuando me dijeron que no podía frecuentar el tercer año de primaria, en septiembre de 1938. Esa fue la primera vez, que una niña, tomó conciencia de poder ser expulsada de su clase, sin haber hecho nada de malo y se da cuenta, por primera vez, que ella, que se siente igual a las demás compañeras, es considerada diferente. Así, con trece años de edad, hice sola la cárcel de Varese, luego la de Como y finalmente al San Vittore. Un día entró un alemán y leyó, gritando, la lista de nombres de las personas que serían proscritas, y cuando se oye invocar el propio nombre, la palabra que más pronuncié en aquel momento y durante toda mi deportación fue: ‘… ¿Por qué?’ ‘… Por qué yo?...’.
“Y luego, al salir de los subterráneos, esa escena, construida como un set cinematográfico, porque estaban unas luces potentísimas, enormes perros que ladraban, un callejón para que todos amasados y empujados a una velocidad enorme, veníamos aventados en los vagones de un tren. Ya no éramos nada…, ya éramos cerdos que íbamos al matadero…, ya éramos ‘Stüche’, ‘piezas de carne’. Y así, a la llegada al campo, ‘¿Cuantas “piezas” llegaron hoy desde Italia?’, preguntaba la SS que fríamente nos recibía. Nunca más se volvía a pronunciar un nombre: ‘Stüche’, piezas, números, tatuados en el brazo de forma indeleble.
“En el trasporte había 650 personas, regresamos 20.
“Al final, llegó el momento en que los nazis minaron el campo para no dejar evidencias y empecé la ‘Marcha de la Muerte’ que me llevó desde Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, hasta el norte de Alemania, incrédula de estar viva. Bajo el frío, con nieve y sin alimentos ni abrigo, esas columnas recorrieron más de 250 kilómetros, dejando en el trayecto unas 15,000 almas, muertas por inanición, por congelamiento, por agotamiento o fusilados por los guardianes.
“El retorno fue tristísimo, como lo había sido para cualquier reducto de este infierno.
“Tardé cuatro meses en regresar y pesaba 32 Kg. Cuando me rescataron, y en esos cuatro meses estaba libre en Alemania, bajo la protección americana, que nos llenaban de atenciones y comida, yo no hice más que comer y comer, y engordé 10 Kg. por mes, y volví a mi pueblo, gorda. Reencontré mis tíos y mis abuelos que fueron a recogerme a la estación, y cuando los vi por primera vez, sentí que me miraban con molestia, casi con enfado y vi en sus ojos una decepción terrible. Me habían dejado, hace tres años, como una niña de trece años, educada y elegante, y regresaba esta especie de mujer, gorda, salvaje y desalineada, que parloteaba groserías, que no se sentaba en la mesa y que no podía convivir con los demás, de forma civilizada. ‘¿Cómo regresaste tan gorda, cuando todos dicen que morían de hambre en el campo?’. Así me encerré en un silencio absoluto aun cuando regresé a la escuela, para no sufrir la curiosidad morbosa de mis compañeros, producida por el número tatuado en el brazo y por muchas cosas más y me encerré en una impenetrable muralla, que me protegió mucho de los demás. La gente no quería saber, prefería ignorar. Yo escuché muchas personas contar que habían perdido un baúl, que la casa había sido dañada… yo nunca contaba lo que había vivido, porque los veía tan desesperados, por haber perdido un baúl… ¡un baúl!, que no quería lastimarlos al decirles que es un baúl. ¿Qué es un baúl? ¿Lloras porque perdiste un baúl?...
“Por esto yo no lloro.
“Si hubiéramos contado lo que vivimos después de la guerra, habría sido una lamentación más grande que la de Job, dado que el cielo permaneció mudo, el cielo fue el primero en permanecer callado”.
Fue lacerante el grito de dolor, en boca de un pontífice, Benedicto XVI, en su visita al campo, en el año de 2006: “En un lugar como éste, las palabras fallan; al final, sólo puede haber un silencio seco, un silencio que en sí mismo es un grito de corazón a Dios: ¿Por qué, Señor? ¿Por qué, permaneciste en silencio? ¿Cómo pudiste tolerar esto?”.
Alberto Mieli, ahora de noventa años, es otro de los pocos sobrevivientes que aún viven, y narra así su odisea:
“Estuve 20 meses, de los cuales trabajé casi un año en las fábricas que producían bombas para la guerra. La noche cuando regresábamos a las cabañas, se iba de la fábrica al campo, aproximadamente un kilómetro y medio, cantando, …imagínese, se tenía que cantar. Y luego, la tragedia era cuando entrabamos en el campo y se efectuaba el pase de lista: se tenía que esperar que los señores de las SS, salieran de las oficinas, y tú siempre de pie, después de ocho horas de trabajo, con temperaturas de veinte grados bajo cero, saben… y como éramos vestidos, con un pijama de tela. Esperar, siempre, congelándose. Sabes… cuantas veces he rezado a mi madre…: ‘¡Madre!… ¡mamá!… ¡me estoy congelando!… ¡Ayúdame! …’ y veía los deportados que caían, uno a uno, en la nieve congelada, desmayados, inertes… y eran llevados rápidamente a los hornos crematorios. Para ellos matar un deportado era algo normalísimo…
“Un día, el solo día de casi, digamos, felicidad, en más de dos años, porque las SS fueron enviadas al frente y fueron sustituidas por las reservas de la Wehrmacht (el ejército alemán regular), soldados ya de una cierta edad; yo estaba barriendo al fondo de la barraca, cuando oí tocar el vidrio de la ventana, y el militar me ordenaba de acercarme, y me paré frente a él, en firme, como siempre teníamos que hacer. Él abrió la ventana y me regaló una media hogaza de pan… Pero no era el hecho del pan… pensé: ‘No todos los alemanes son tan crueles… y me dio tanta alegría…’.”
Cuando el Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas, el general Dwight Eisenhower, descubrió a las víctimas de los campos de la muerte de Buchenwald, ordenó que se tomaran todas las fotografías posibles y que los alemanes de la aldea vecina de Weimar, fueran guiados a través del campamento e incluso que enterrasen a los muertos, para que no pudieran negar lo que presenciaron.
Lo hizo, porque afirmó: “Dejen todo registrado, encuentren a los testigos, porque en algún lugar a lo largo de la historia, algún hijo de puta se levantará y dirá que esto nunca ocurrió”. El Reino Unido, borró al Holocausto de su programa de estudios porque “ofendió” a la población musulmana, que afirma que es pura propaganda y que nunca ocurrió.
Los principales campos fueron: Auschwitz, la fábrica de muerte; Dachau, el primer campo de concentración; Mauthausen-Gusen, el complejo más grande de todos; Ravensbrück, el infierno femenino bajo el cielo; Belsen, la cárcel de los franceses y belgas; Buchenwald, el campo de los homosexuales, testigos de Jehová y prisioneros políticos; Majdanek, el precursor en el utilizo del Zyklon B, en las cámaras de gas; Stutthof, el primer campo de concentración fuera de la Alemania nazi; Treblinka, el destino final de los del gueto de Varsovia; Gross-Rosen, la “cantera”, con una expectativa de vida de un mes y medio y Sobidor, que experimentó la más grande fuga de prisioneros.
Primo Levi, escritor italiano, sobreviviente de Auschwitz, y autor del extraordinario libro ”Si este es un Hombre” (1947), terminó suicidándose en 1987, sufriendo la peor angustia, compartida por otros sobrevivientes, por no entender por qué ellos se salvaron, cuando tantos otros murieron exterminados y terminándose sintiéndose culpables de ser unos sobrevivientes del abismo infernal del Holocausto.
El día de la memoria, debe de hacernos reflexionar lo fácil que es recaer en la monstruosidad: como bien dijo Edmund Burke (1729-1797):
“Lo único que necesita el mal para triunfar en el mundo,
es que los buenos no hagan nada”.
Y también son relevantes las palabras del pastor luterano, alemán antinazi, Martin Niemöller (1892-1984):
"Primero vinieron a buscar a los gitanos, y yo fui contento,
porque robaban.
Luego encarcelaron a los homosexuales, y yo fui aliviado,
porque me eran molestos.
Luego tomaron a los comunistas, y no dije nada
porque no era comunista.
Luego vinieron a buscar a los judíos, y yo me callé,
porque no era judío.
Finalmente, un día vinieron por mí, y ya no quedó nadie para protestar."