Formo parte de quienes juzgan francamente pesimista la pretensión del llamado Frente Ciudadano por México.
Fundo mi pesimismo en razones, no en prejuicios.
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Para empezar es una mezcla política no en “pro”, sino “en contra”. Cuando algo surge en contra basta rascar un poco para encontrar motivos reales para desconfiar.
No es contra el PRI, como tratan de vender la imagen, no. Es contra López obrador y Morena. Ingenuidades aparte, es bueno llamarle a las cosas por su nombre.
Aquí se impone la pregunta que muchos plantean: ¿Para qué quieren el poder los partidos, o sus regenteadores partidistas? En este caso es más que evidente que es la búsqueda del poder por el poder.
PAN, PRD y Movimiento Ciudadano vienen de una desavenencia convenenciera con su aliado al menos en los últimos cinco años, el PRI. Con él jugaron un papel de comparsa, otra veces de tapadera, y las más de las ocasiones de usufructuarios de segunda mesa.
Hoy el barco se va a pique, viene un tsunami, y hay que brincar al otro barco, como narra la leyenda de los roedores y los náufragos.
Hoy detestan lo que ayer aplaudieron y firmaron, pactos y repartos; reformas y nombramientos; políticas truculentas y negocios. ¿Cómo creer en la limpieza, honestidad, y objetivos de Ricardo Anaya, los Chuchos y la señora Barrales, (sí, la de las residencias de millones de dólares en Miami) y en Dante Delgado..?
“Vos también tenés tu historia, caballero…”
Vemos ahí una colección de biografías que, en un país sin corrupción e impunidad, estarían más bien vistiendo un uniforme a rayas que aspirando a perpetuarse en el poder.
Decía con toda razón Cervantes que “Cada quien es hijo de sus obras”. ¿O de sus-sobras..?
Ahí tenemos ejemplares que han traficado con el poder y que hoy se acomodan albeantes trajes que, sencillamente, no les quedan.
Recuerdo unas declaraciones del ex presidente español Felipe González, quien durante un encuentro-conferencia a puerta cerrada con los perredistas, les echó en cara su bajuna y despreciable concepción del poder.
Les dijo, palabras más palabras menos: “A ustedes no los entiendo. ¡cómo es posible llamarse de izquierda si, cuando han alcanzado peldaños del poder, en lugar de debatir programas y acciones de trabajo con un compromiso ideológico, lo primero que hacen es repartirse contratos y concesiones, desde impresión de propaganda hasta obras públicas..!”.
Sopas, perico!!!
Ya ni entrar a desbrozar lo aberrante de una hipócrita alianza de la derecha y la izquierda, no procede detenerse en ello, porque la realidad exhibe aquí que estos trepadores no tienen principios, buscan el placer del poder, o el poder del placer. Las canonjías y robustecer grupos patrimonialistas. En eso se hermanan absolutamente.
Han ganado gobiernos, es cierto, pero han hecho pésimos trabajos en el poder.
No hay en lo absoluto diferencias partidistas, es la concepción arribista para enquistarse el mayor tiempo posible.
En estricto sentido, no se trata de “Frente” alguno. Es, en el mejor de los casos un “segundo frente”, en la concepción que de esto se tiene en la cultura del mexicano.
Sí, ese amasiato en lo oscuro, jugando un papel perverso y farsante.
Esto es, una cáfila que avizora el riesgo en el horizonte, y que busca la unión en aquello que los identifica e iguala. Sí, con disimulo o sin él, hacerle el trabajo sucio al grupo mexiquense en vías de sustitución, para dificultarle el camino a Morena por todos los medios posibles.
Por lo demás, no cuesta trabajo anticipar que esa suma de egos cobijados en un”frente” habrá de durar lo que al pobre la alegría.
No se concibe a la señora Calderón haciéndose a un lado con su breve esposo para dar paso a Anaya con su monumental soberbia; o a Ricardo arrinconándose para servir de tapete a Calderón y su sueño de reelección en la persona de Margarita; o a los viejos y fieles perredistas entregando su voto a sus antípodas.
Aunque, en el mejor de los casos y aceptando sin conceder, es factible un acuerdo cupular que dé lugar a un mazacote como el que se plantea, aunque al final resulte con la consistencia de un cascarón, porque las bases que les quedan se irán para otro lado.
La verdad, las señales indican sin la menor duda, que estamos viendo la fragua de un frente de dos dedos de frente… o un segundo frente del grupo en el poder.