Ante todo el tipo de eventos que se presentan el país y que enfrentamos los mexicanos aquí y en otros espacios geográficos, he pensado que tal vez, ante esos hechos, nos quede una opción muy esperanzadora para los seres humanos: “el sentido de la comunidad”.
Maritza Montero ( 2003) investigó que el sentido de comunidad está asociado, entre otras cosas, al compromiso que imprime a la acción el respeto y consideración por los otros, por la comunidad y por sí mismo; a la evolución y crecimiento individual que permite emplear las propias capacidades, generando nuevas expresiones y desarrollando las que se tienen en función de los intereses comunitarios que benefician a todos; a una forma de identidad social que supone una identidad comunitaria y a la autogestión, que supone la involucración directa de las comunidades en sus procesos de transformación.
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Así entonces ella explica que: “Por fortalecimiento entiendo el proceso mediante el cual los miembros de una comunidad (individuos interesados y grupos organizados) desarrollan conjuntamente capacidades y recursos para controlar su situación de vida, actuando de manera comprometida, consciente y crítica, para lograr la transformación de su entorno según sus necesidades y aspiraciones, transformándose al mismo tiempo a sí mismos (Montero, 2004: 7).
El temblor del pasado jueves cerca de la medianoche nos enfrentó a una situación de vida, que cuando menos en Puebla no es nueva; sin embargo, a pesar de la constante repetición de los protocolos a seguir ante un sismo, muy pocos los realizaron. El movimiento fue oscilatorio, según lo precisan los especialistas y los que despertamos o estaban despiertos pudimos observar el vaivén continuo que se presentó durante más de dos minutos con una intensidad de 8.2 grados Ritcher ocasionado porque la placa de Cocos se metió debajo de la placa de Norteamérica. No fue trepidatorio, porque entonces otra realidad estaríamos viviendo.
Las últimas noticias señalan que las poblaciones más afectadas se localizaron en Oaxaca y en Chiapas. En ellas, sus habitantes pernoctaron afuera de sus viviendas después del sismo y en las primeras horas del día iniciaron los recorridos para identificar los daños y afectaciones causados por el movimiento telúrico. Con ellos, el sentido de comunidad se mostró cuando los habitantes se organizaron en grupos, apoyados por miembros de Protección Civil municipal y elementos del ejército para participar juntos en los trabajos de remoción de escombros y de rescate, pero si no cuentan con apoyo, los habitantes de cada comunidad lo están realizando con sus propios recursos, fuerzas y sentidos.
Estoy de acuerdo que las autoridades no pueden solas y precisamente ante esos sucesos que cada vez son más frecuentes en el mundo (inundaciones, temblores, tsunamis, tornados, huracanes etc) es cuando cobra una gran relevancia este sentido de comunidad al que ahora me refiero.
Nadie estará en desacuerdo que debemos fortalecer ese sentido de la comunidad para hacer frente a los eventos naturales que se vayan presentando, si no es posible apoyar de manera presencial, podemos aportar de acuerdo a nuestros recursos con alimentos, ropa necesaria, medicamentos, faenas, donaciones etc. para la reconstrucción de todo lo material y de primera necesidad.
Antes de terminar este escrito, sigue la amenaza del huracán “Katia” especialmente en las regiones donde no hace mucho pasó “Franklin”. Según el servicio meteorológico tendrá un alto potencial de lluvias, tormentas intensas y tal vez torrenciales en Tamaulipas, Puebla y Veracruz. Estemos atentos a los sucesos, pero sobre todo a las necesidades de las personas, ya se están difundiendo la localización de centros de acopio en diversas instituciones y universidades aquí en Puebla.
Pienso también que ese sentido de comunidad y su fortalecimiento tiene que fomentarse entre los mexicanos con los miles de jóvenes que por cancelación del programa “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” DACA se enfrentarán a una situación no prevista en su horizonte de vida.
Según publicación del Museo Memoria y Tolerancia los “dreamers” tienen 25 años en promedio, el 97% están trabajando y estudiando y solo el 0.05 % han violado la ley o han sido deportados, es decir, jóvenes que se preparan para una mejor vida y quienes del sueño en el que estaban, están pasando gradualmente a una pesadilla.
En enero de 2016, vinieron a Puebla 35 “dreamers” de la ciudad de Nueva York a la BUAP (Contracorriente A. C) para participar en el Coloquio “Abriendo Puertas y Estrechando Lazos”. Ellos estaban protegidos por el programa DACA, programa de protección jurídica temporal para los jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos durante su infancia; podían trabajar, estudiar y hasta recibir becas de fundaciones privadas, las cifras presentadas hablan de más de seiscientos mil mexicanos dentro de DACA.
Desde la campaña electoral del actual presidente estadounidense se ha promovido un discurso de odio contra los migrantes mexicanos, que con el paso del tiempo se ha ido recrudeciendo. Los testimonios grabados de estos jóvenes hablan de problemas de identidad, de discriminación y aunque ellos sabían que nunca serían ciudadanos estadounidenses, tenían la esperanza de hacer su vida allá porque es la vida que conocen, sus formas de ser y estar han estado íntimamente ligados a su vida en esas tierras .
Aunque hay que esperar la decisión del Congreso de los Estados Unidos, todo parece indicar que tendrán que regresar a un país que no conocen y que a pesar de todos los discursos, aún no está preparado para recibirles. Ya el rector de la UNAM Enrique Graue expresó su preocupación por la problemática que puede presentarse: “no sabemos cuántos regresarán, no sabemos quienes se ampararán, en que tiempo sucederá, ni a que grupos etarios y niveles de enseñanza corresponden” (Universal, 7/09/2017). Expresó que tenemos que hacer cambios ante este posible retorno masivo, en todo el sistema educativo mexicano de media superior y superior. Si se realiza en un futuro próximo, se estaría ante “una situación de emergencia.”
Por lo pronto, hay que buscar la manera de hacer comunidad, intentar lograr ese sentido de comunidad con ellos y sus familias cuando llegue el momento de las decisiones, tal vez forzadas, que tanto se ha anunciado.
Así las cosas, todo nos va indicando tanto social, cultural como naturalmente que los seres humanos requerimos construir una forma de identidad social que suponga una identidad comunitaria en este siglo XXI. Construir sentido de la comunidad, desarrollando conjuntamente capacidades y recursos que permitan controlar situaciones de vida como las que describo, para así actuar de manera comprometida, consciente y crítica contribuyendo en la transformación del entorno según las necesidades que se vayan presentando.
Referencias:
MONTERO, M. (2004) “El fortalecimiento en la comunidad, sus dificultades y alcances”, Psychosocial Intervention, vol. 13, núm. 1, pp. 5-19 Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid Madrid, España