En su 5° Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña afirmó que “México podrá convertirse en un país plenamente desarrollado en menos de dos décadas”. Sin embargo, su mensaje constituye el mejor ejemplo de la inmensa distancia que existe entre lo que se dice y la realidad. Por una parte está el mundo ideal descrito por el titular del Poder Ejecutivo en su mensaje pronunciado en Palacio Nacional el pasado 2 de septiembre, en un escenario creado a modo para arroparlo con el aplauso, versus la otra cara de la moneda, la percepción que existe en la calle, en las mesas de los hogares y la situación que, inclusive, ilustran las cifras de organismos como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Consejo Nacional de Evaluación de las Política de Desarrollo Social (CONEVAL).
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En Puebla, la diferencia entre la visión oficial y la realidad resulta evidente. Van algunas cifras que ilustran esta situación: es la quinta entidad con el porcentaje más alto de pobres, el 59 por ciento de la población, sólo por debajo de Chiapas, 77 por ciento; Oaxaca, 70 por ciento; Guerrero, 64 por ciento; y Veracruz, 62 por ciento.
Puebla es el segundo lugar en pobreza moderada, después de Tlaxcala, y quinto lugar en porcentaje de pobreza extrema.
Para completar el cuadro, dejemos constancia de lo que dicen datos oficiales: que en Puebla, el 75.2 por ciento de la población carece de seguridad social; el 30.6 por ciento de la población no cuenta con servicios básicos en sus viviendas. ¡Ojo!, el 23.9 por ciento carece de acceso a la alimentación, el 22.9 por ciento tiene rezago educativo y 21.2 por ciento no tiene acceso a los servicios de salud.
No dan, pero sí quitan. En nuestro estado, el número de familias atendidas por el Programa de Inclusión PROSPERA, del que tanto se ufana el Gobierno Federal, ha disminuido en 5 por ciento, para ubicarse en 32 por ciento de personas pobres bajo este programa. La cifra pasó de 494 mil 362 familias apoyadas por el programa a 362 mil familias en 2016.
Uno de los hechos más lamentables de Puebla. En lo que va de este sexenio, los empleos pagados con más de cinco salarios mínimos al día disminuyeron en 24 por ciento; en 2011, existían 121 mil trabajadores registrados con esa percepción esta situación es la mortalidad infantil. En Puebla existe una tasa de fallecimientos del 13.1 por cada mil nacidos.
Ahora veamos el tema de los salarios, actualmente el número es de 89 mil. Mientras que las personas con salarios de entre tres y cinco salarios diarios bajaron al pasar de 276 mil a 246 mil, una disminución de 12.6 por ciento. En 2012, 533 mil trabajadores ganaban un salario mínimo; actualmente la cifra aumentó a 608 mil. Mientras que los empleos con pagos de uno a dos salarios mínimos aumentaron 24 por ciento, lo que equivale a 854 mil trabajadores en esta condición.
Como un colofón amargo, el presidente Peña dijo: “El fin de la pobreza extrema, en menos de una década, ahora es viable si continuamos con este ritmo”. Lamento decirle que, al menos en Puebla, esto sólo será posible con un cambio integral de la política social.