No se trata de una apreciación sin fundamento, sino de la realidad, perfectamente documentada, que trastorna la atención médica de infinidad de derechohabientes, que por no ejercer su derecho a inconformarse aceptan con resignación las deficiencias del IMSS.
El Instituto Mexicano del Seguro Social constituye la herramienta más importante que tiene México en materia de seguridad social. Esto a pesar que su infraestructura, compuesta por médicos familiares, médicos especialistas, enfermeras, laboratoristas, técnicos de Rayos X, clínicas y hospitales de segundo y tercer nivel, así como equipo e instrumental médico y personal administrativo, es cada vez más deficiente e insuficiente para atender satisfactoriamente la demanda de atención médica de su población derechohabiente que está en constante crecimiento.
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Este desequilibrio, entre la oferta y la demanda de servicios médicos, que durante cinco décadas no ha sido atendido adecuadamente por el gobierno federal y los directivos del IMSS, ha provocado que la atención médica que proporciona esta institución pública a sus afiliados sea cada vez peor.
No obstante esta grave irregularidad, sin el IMSS, la vida de millones de mexicanos, en aspecto de salud, no sería lo que ahora es. Su fortaleza radica en que desde 1943, año de su fundación, el IMSS es la columna vertebral de la seguridad social en México.
Su punto débil es que solamente una vez durante cinco años (1966─1970) de sus setenta y cuatro años de existencia, ha sido dirigido idóneamente, por una persona con el perfil adecuado, que deberían tener, imprescindiblemente, todos quienes estén al frente del IMSS. Fue el caso del doctor Ignacio Morones Prieto. Que por ser médico, sabía la importancia que tiene, para quienes enfrentan problemas de salud, la impartición de una atención médica oportuna y de buena calidad.
A lo largo de sesenta y nueve años, el IMSS, lamentablemente, ha sido dirigido por políticos que de medicina saben lo que un asno de astronomía y cuyo interés supremo, se reduce, únicamente, a construir carreras políticas personales que les reporten ingresos económicos que jamás soñaron percibir y no a procurar el otorgamiento de buenos servicios médicos.
Un ejemplo de esto, es el caso del priista Emilio Gamboa Patrón, quien fue un mediocre director del IMSS entre 1991 y 1993. Ahora, durante el mandato presidencial de Enrique Peña Nieto, el IMSS ha tenido dos directores. Ambos, igual de malos. El economista José Antonio González Anaya y el abogado Mikel Arriola Peñalosa.
González Anaya, a quien el presidente Peña Nieto sacó de la dirección general del IMSS para remplazar al director de Pemex, Emilio Lozoya Austin ─acusado de recibir millonarios sobornos, en dólares, por parte de la empresa constructora brasileña Odebrecht─ nada hizo por mejorar la atención médica que esta institución proporciona a sus derechohabientes.
Para resolver, desde su particular punto de vista, el problema de la creciente demanda de consultas médicas de primer nivel con la insuficiente cantidad de médicos que prevalece en las clínicas y hospitales del IMSS, a González Anaya se le ocurrió que un número importante de pacientes, en vez de acudir a su tradicional consulta mensual, se presenten a recibirla trimestralmente. Entregando anticipadamente las recetas que corresponden a la segunda y tercera consulta. Esto no fue todo.
Debido a un dolor abdominal, la derechohabiente con número de seguridad social 0147-35-0006 6F1936PE, acudió en cuatro o cinco ocasiones ─por supuesto diferentes─ al área de Urgencias del HGZ 32, de la Ciudad de México, para que la atendieran médicamente. En todos los casos le diagnosticaron “gastritis”. Sin embargo, la última vez, al estar en observación, su cuerpo empezó a adquirir un color amarillento. Hasta entonces los médicos se dieron cuenta que no se trataba de un problema gástrico, sino vesicular, por lo que fue sometida, de urgencia, a un procedimiento quirúrgico para extraerle la vesícula. Pero debido a los meses que los médicos tardaron en emitir un diagnóstico correcto y efectuar el procedimiento quirúrgico correspondiente, el hígado de la derechohabiente sufrió un proceso de infección, que no fue detectado cuando se le extrajo la vesícula. Este nuevo error médico, que la puso en estado de gravedad, se corrigió en una segunda intervención quirúrgica en un hospital privado. No en el IMSS.
Este doble error médico ocurrió durante el mandato de José Antonio González Anaya en el IMSS. Que, como se sabe, es doctor en economía, no doctor en medicina, ahora metido en los asuntos petrolíferos del país.
Con el abogado Mikel Arriola, al frente del IMSS, la atención medica en esa dependencia del gobierno federal, va de mal en peor.
Los prolongados tiempos de espera ya no se presentan sólo en consultas de especialidades, sino también, en los servicios médicos, común y corrientes, que se proporcionan a nivel de clínica.
Una prueba de esto, es el caso del derechohabiente 0147-35-0006-2 5M1935PE.
Se trata de una persona que padece Cardiopatía Isquémica que debe ser valorada cardiológicamente cada año.
En 2015 el tiempo de espera para efectuar esa valoración fue de un mes y una semana. En 2016 la espera ascendió a cuatro meses y en 2017 fue de 48 días.
Debido a que este derechohabiente presuntamente tiene un padecimiento de cataratas requiere una consulta de Oftalmología. Para proporcionársela debe someterse a una revisión previa de Optometría. El 21 de agosto de 2017, el médico familiar solicitó la ejecución de este procedimiento. Habiéndose programado para efectuarlo el día 10 de noviembre, con un tiempo de espera 81 días. Situación que ocasionará que la revisión y valoración de Oftalmología se lleve a cabo, en el mejor de los casos, hasta el mes de diciembre.
Podría continuar enumerando más casos de tardanza, pero considero que con los relatados es suficiente para demostrar las grandes deficiencias médicas que prevalecen en el IMSS.
Terminaré con referir otra irregularidad cometida en perjuicio de la derechohabiente 0147-35-0006 6F1936PE, quien, entre otras enfermedades, padece Artritis Reumatoide. Periódicamente debe ser revisada y evaluada por un médico especialista en Reumatología. Pero antes de expedir el pase para que le practiquen esos dos procedimientos, el médico familiar solicitó, el 21 de agosto de 2017, al Laboratorio de la UMF 46, la realización de un examen sanguíneo, el cual se efectuará hasta el 5 de octubre, con un tiempo de espera de un mes y medio. Esa tardanza ocasionará que el pase a Reumatología se expida a fines de octubre y su tratamiento reumatológico se realice en los meses de noviembre o diciembre. Es decir, 100 o 130 días después que fueron solicitados ambos procedimientos por el médico familiar.
¡Así de mal en peor marcha la atención médica en el IMSS!
Aunque el director Arriola asegura lo contrario al afirmar que por las instrucciones que recibió del presidente Peña Nieto, enfocó “sus esfuerzos a mejorar la calidad y calidez de los servicios médicos (debido a que) en 2012 había muchas carencias en el IMMS (y) hoy es otro IMSS y se nota la diferencia.” (Revista Tu IMSS, número 6, julio de 2017).
Ciertamente, hoy el IMSS es otro, no por lo que afirma Arriola, sino porque en vez de avanzar el IMSS está retrocediendo por negligencia de sus directivos y del gobierno federal, que no ha invertido los recursos económicos que debe invertir para mantenerlo en óptimas condiciones.
Dicho de otra forma: ¡Lo malo no lo cuenta el gobierno de Peña, aunque cuenta mucho!