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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El próximo periodo rectoral en la BUAP (2)

Formar opinión, discutir propuestas y elegir rector, el propósito. La universidad del sur del país.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Miércoles, Agosto 30, 2017

El 31 de este mes inicia la campaña por la rectoría de la BUAP, concluyendo ocho días después. Las votaciones se llevarán a cabo el 12 de septiembre. Los cuatro candidatos registrados, incluido el actual rector, presentarán y harán campaña alrededor de sus respectivas propuesta para la conducción universitaria.

Vale la pena puntualizar, más allá de las dinámicas propias, el proceso electoral es el espacio de la comunidad universitaria para formar opinión, discutir propuestas y definir a su próximo rector. Es lo ideal. Es de tal importancia que incluso es el tema relevante en la agenda pública. 

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La Máxima Casa de estudios en el estado, sin demeritar la calidad de sus similares, públicas y privadas, es la principal institución de educación superior del sur del país. Sus actividades sustantivas y sus fines son de total y absoluto interés para la sociedad. El futuro del estado, sus problemas, las expectativas de un mejor desarrollo y bienestar, se encuentran asociados a los alcances, expectativas y buen clima de trabajo de la Universidad.

Por sus fines y por su sostenimiento con recursos públicos, la BUAP merece poner atención sobre los diversos puntos de vista informados, diversos, puntuales, argumentados, respecto a su futuro inmediato. Aun y cuando las decisiones corresponden a su máximo órgano de gobierno, el Consejo Universitario, en la cantera de insumos para definir, aprobar, acordar, tiene un espacio significativo la diversidad de posturas públicas que permiten enriquecer, afirmar o rectificar rumbos.

Si bien el resultado electoral es previsible -pues no hay duda que la comunidad universitaria ratificará por un periodo más al actual rector (sobre todo por haber recuperado el ejercicio administrativo desde y para fines y medios eminentemente universitarios)- el registro de más de un candidato implica el reconocimiento expreso de que la academia universitaria la componen distintas voces que deben ser escuchadas. 

El valor significativo de la actual contienda es el abandono del nicho privilegiado y cerrado universitario para pasar a ser, la Universidad, objeto de la mirada acuciosa de una sociedad abierta, mejor informada, con más instrumentos de opinión y crítica, que ha construido -en su exigencia de sanear la función pública- vitrinas de cristal a las que deben someterse todos los funcionarios públicos o quienes aspiren a serlo. 

Más aún, lo deseable es que las distintas percepciones sobre la Universidad -que empiezan a circular en las redes de internet a pesar de la brevísima campaña- enriquezcan la definición de los rumbos que se materializaran en el próximo Plan de Desarrollo Institucional de la BUAP 2017-2021.

Los cambios acelerados, algunos de orden regresivo, si pensamos en las relaciones de nuestro país con los Estados Unidos, obligan a discutir los actuales paradigmas de la educación universitaria mexicana, que privilegió la maquila de mano de obra barata para operar tecnología por sobre el fortalecimiento de la investigación en temas frontera. Lineamientos severamente cuestionados en el espectro nacional y que de modo vertical, fueron definidos por la burocracia federal, que en su escandalosa actitud acomodaticia, dejó de pensar a la educación superior en términos estratégicos nacionales.

Nadie niega el extendido comercio internacional y la globalización aun caminando, pero de ahí en modo alguno se deriva -menos para una comunidad de conocimiento, pensante, sabia por su centenaria historia- la desaparición de los contextos locales, estatales y regionales como referentes de sus procesos de enseñanza-aprendizaje.

Los problemas prioritarios son de orden local, estatal, nacional. Constituyen el núcleo, sólido, duro, tangible del deber ser de la universidad del siglo XXI. Es la plataforma para insertarse. El valor es el aporte desde la urbe para el mundo. No al revés, como ocurre con las modas de los últimos tres sexenios federales en la enseñanza universitaria, que acabó por imponerse a todas las instituciones porque pensaron en términos de triunfo absoluto de las tesis neoliberales. Malo para el quehacer universitario.

La reflexión y discusión razonada deben sobreponerse a los espejitos, a los dogmas, modas y esqueletos que, de vez en vez venden los encantadores, ilusionistas y charlatanes que pululan en diversas universidades mexicanas y en las altas esferas de la burocracia de la educación federal, cuya utilidad pareciera ser la de acotar pretensiones legítimas para construir proyecto, rumbo en y para la vida universitaria desde la propia Universidad y que tanta falta hace al país.

En los nuevos tiempos, de orden nacional, la importancia estratégica de las universidades se mide por su grado de incidencia en la resolución de los problemas económicos, sociales y políticos y por el aporte de larga duración a la cultura general. Su influencia en el desarrollo es producto de una basta, amplia, plural y profunda sumatoria de esfuerzo inteligente y humanista. Es, entonces, un imperativo fortalecer dicha intencionalidad en el actual proceso universitario.

La agenda universitaria tiene mucho que discutir por delante: el modelo de educación, su correspondencia con los requerimientos de búsqueda y construcción de prospectiva para el país; la actualización permanente de sus contenidos a partir de nuevas lecturas de sus contextos; el fortalecimiento de su vinculación para mejorar la práctica profesional y el servicio social, el papel de la universidad en la defensa de la ecología, la diversificación de sus centros de investigación así como de nuevas opciones en licenciatura y posgrado; la modernización de su estructura organizacional, el reforzamiento de los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para todas las dependencias universitarias, la instrumentalización de más y mejores mecanismos de control presupuestal y decisional que limiten la discrecionalidad y opacidad de algunos directores de las escuelas y facultades, la actualización de la legislación universitaria para empatarla, en el rubro correspondiente, con el Sistema Nacional Anticorrupción; la mejora real de la vida colegiada, privilegiando las academias, y sobretodo elevando el rigor académico.

Son retos diversos: mentalidades, formas de hacer, contenidos y altitud de miras. Es el momento que pone a prueba liderazgos genuinos. Seguramente la BUAP saldrá con fuerza, ánimo, claridad y armonía. Es lo que esperan los universitarios y los ciudadanos.

gnares301@hotmail.com

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