“La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa.”
Marx, K.: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”.
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La comunidad universitaria de la BUAP, durante más de cuarenta años ha electo a sus diferentes rectores en dos modalidades: “voto libre, directo, universal y secreto”, cada universitario cuenta un voto, gana quien obtiene la mayoría de votos emitidos por docentes, investigadores, alumnos, trabajadores no académicos; la segunda, por medio del voto sectorial, individual, libre, directo y secreto, cada sector representa un voto (docentes, alumnos y trabajadores no académicos), lo que significa que cada Escuela, Facultad, Instituto aporta 5 votos sectoriales, en este modelo, los directores votan sin mandato alguno y representan un voto equivalente al total de un conjunto de estudiantes, maestros y no académicos.
Desde el periodo del ingeniero Luis Rivera Terrazas (1975-1981) a la fecha, los rectores han sido electos por un segundo periodo (reelección). La excepción ha sido el MC. Samuel Malpica Uribe, que fue electo con una votación mayoritaria por el periodo 1987-1990 y destituido en 1989, para imponer a Juvencio Monroy Ponce y Eduardo Jean Pandal como rectores interinos.
Con esta práctica se estableció en la actual normatividad universitaria que toda autoridad personal que presente su renuncia o sea removida del cargo por diferentes motivos, si es antes de los dos años de su gestión se llama a alecciones y se nombra a un “interino” que culminara el mandato, si es después de los dos años, el órgano colegiado, sin mediar elección, nombra a un “sustituto”, que asumirá el cargo para cerrar el periodo.
El “interino o sustituto” no tiene impedimento alguno para que inmediatamente después de concluida la gestión, pueda competir por el cargo por un periodo de cuatro años, si no tiene “contratiempos”, en consecuencia puede aspirar a un segundo periodo sin renunciar a su investidura de autoridad personal. En esta situación un universitario puede ser Director o Rector en condiciones normales por un periodo solo de 8 (ocho) años, en condiciones extraordinarias de ser electo interino o nombrado sustituto puede ser autoridad personal por 9 o 10 años, es el caso de los dos últimos Rectores de la BUAP.
Las elecciones de rector desde 1975, se han distinguido por tener más de un competidor, el criterio de dos o más competidores (actualmente la legislación universitaria establece que hasta 5) no han determinado políticamente una alta competitividad y legitimidad en las elecciones de rector.
Las elecciones realmente competitivas y con votaciones masivas han estado determinadas por los procesos de división interna y rupturas al seno de la clase política universitaria predominante así como por la conformación de una oposición plural organizada diseminada en docentes e investigadores, de donde han emergido académicos e investigadores que han intentado ganar una elección.
Rupturas al seno de la clase política, generalmente emergen al cumplir el rector en turno su segundo periodo generando polarización y nuevas alianzas y con una oposición beligerante han hecho posible relevos y reacomodo de los actores políticos, situación que de no desbordar la vida interna de la BUAP, han permitido sucesiones rectorales de trámite, con anuencia del gobernador en funciones. Cuando la verdadera oposición compite de manera dividida y atomizada su participación es simbólica validando los procesos electorales internos.
En los procesos electorales desde Luis Rivera Terrazas y Alfonso Vélez Pliego, la ruptura ideológica y la función social de la universidad predominaron como los elementos centrales para la configuración de nuevos liderazgos y correlación de fuerzas internas, nuevos aliados, abandono de principios ideológicos, redefinición de la relación estado –universidad. La identidad partidaria para dirigir a la universidad había llegado a su límite.
En 1990, después del golpe contra Samuel Malpica, asume la rectoría José Marum Doger Corte, por medio de elección donde participan 4 competidores (Dr. José Carlos López Reyes, Dr. Eduardo Vázquez Valdez, Mtro. Jorge Sánchez Zacarias, Lic. José Luis Cardona), quedan fuera de la contienda y de su aspiración producto de un mecanismo abierto que impulsó la “corriente velecista” que denominaron “elecciones primarias”, Jaime Ornelas Delgado, Hugo Perez Barrientos, Pascual Urbano Carreto, Ricardo Moreno Botello.
José Marum Doger Corte, emerge como candidato de unidad, ganando la elección para ejercer el rectorado por el periodo 1990-1993, para el periodo 1993-1997, compiten sin lograr el triunfo: Ismael Ledesma Mateos y Pedro Hugo Hernández Tejeda.
José Marum Doger Corte, en esta lógica configura una clase política fuera de la ortodoxia partidaria e ideológica, se inicia un proceso de redefinición del modelo de universidad trayendo consigo nuevo discurso y perfiles tecnócratas, elitistas de los funcionarios universitarios, así llega la excelencia a la BUAP, contra la masificación y politización de la universidad pública. Emerge la nueva clase política conocida como el “dogerato” o “Dogerismo”, la “burocracia dorada” deja atrás a la “familia real”.
En un evento “conclave” se decide que Víctor Espindola, Rubén de la Fuente, Armando Valerdi Rojas, Guillermo Nares Rodríguez, Eduardo Lobato Mendizábal, pospongan su aspiración y Enrique Doger Guerrero emerge como candidato a la rectoría contrario a la preferencia de Jose Doger Corte, que fue siempre Armando Valerdi Rojas. Así, Enrique Doger Guerrero llega como rector por el periodo 1997-2001, 2001- 2005, para después renunciar sin concluir su periodo para competir por la presidencia municipal de la ciudad de puebla, dejando como sucesor a Roberto Enrique Agüera Ibáñez.
El dogerato llegó a su límite -incluso familiar- y las aspiraciones políticas por diputaciones, presidencias municipales y gubernatura se convierte en una finalidad, los resultados los conocemos, el primo Enrique Doger Guerrero ha sido el único exitoso.
De Enrique Agüera Ibáñez ni quien se ocupe de su recuerdo, a pesar de dar origen a una nueva clase política emergente, frívola y faraónica, su “alta legitimidad” se desvaneció porque fue creada con “cuotas obligatorias de votos” para garantizar resultados artificiosos de 70% en adelante, en este esquema los Directores se despachaban con la “cuchara grande” para cumplir con la cuota asignada. En su pretensión de ser presidente municipal de puebla capital, no culmina su segundo periodo y nombra como rector sustituto a José Alfonso Esparza Ortiz, quien, para después, mediante elección, asuma el mandato de rector por el periodo 2014-2017.
Pasados los procesos de sucesión rectoral, la clase política predominante ha impulsado un proceso de “reciclaje”, incorporando a los competidores a espacios de poder universitario para evitar tensiones y conflictos en sucesiones posteriores, caso contrario se convierten en blanco de hostigamiento y exclusión.
La estructura del poder central universitario es la antesala donde se proyectan y exhiben a los aspirantes a ser Rector de la BUAP, particularmente, Secretaria General ( Alfonso Vélez Pliego, Roberto Enrique Agüera Ibáñez, José Alfonso Esparza Ortiz), Vicerrectorias (Enrique Doger Guerrero), Secretaria de Rectoría (Jose Marum Doger Corte), la oposición en la docencia e investigación (Samuel Malpica Uribe, Pedro Hugo Hernández Tejeda, Guillermo López Mayo, Francisco Vélez Pliego.)
En esta elección de 2017, competirán 4 aspirantes, unos se pasearán simbólicamente sin poner en riesgo la continuidad, lo que pueda “denominarse oposición” caminará desangelada, atomizada, sin mayor interés de marchar unidos.
Factores externos estarán presentes rumbo a la próxima sucesión rectoral en el 2021, habrá nuevo Presidente de la República, Gobernador y Presidente Municipal en la ciudad capital, seguramente la BUAP, se verá inmersa a tensiones de ruptura y conflictos internos, la oposición buscará convertirse en fuerza competitiva y ganadora. Para beneplácito de muchos y desgracia de otros, aun faltan 4 largos años, en ese lapso algunos rebasarán los 65 años, fecha límite para competir de acuerdo a la norma universitaria, la clase política de los últimos 30 años, por senectud, habrá llegado a su fin.
Habrá nuevos tiempos, nuevas generaciones que muy probablemente integrarán una nueva clase política universitaria, donde el “Terrazismo, Velecismo, Dogerismo y Aguerismo”, formaran parte de la historia política universitaria.
nish 76@hotmail.com