Si alguna vez se ha dado un baño de vapor, sabrá de esta experiencia sobre la que ahora escribo. Habrá personas que no les guste, pero quienes desde niños lo disfrutamos saben del placer que implica y los beneficios que aporta a nuestro organismo.
Esta práctica existe desde tiempos prehistóricos, cada cultura y cada pueblo le han dado características propias, forma, sentido y uso dependiendo de los climas prevalecientes y también a la religión, lo social, lo político y económico.
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En muchas de ellas, se le ha ligado a lo sagrado. En Mesoamérica principalmente se reconoce el uso del baño del vapor como “temazcal” desde tiempos prehispánicos, una práctica ritual asociada a efectos sobre la salud. Este baño de vapor con ciertas hierbas, es una práctica que persiste hasta nuestros días.
Básicamente lo conforman un grupo de piedras calientes en una diminuta construcción de diversos materiales en dónde se introducen las personas, cubierta con algunas frazadas para impedir la salida del aire caliente, impregnado del olor de hierbas aromáticas. En algunos casos, comprende también la purificación del cuerpo y el espíritu. Brindar un servicio tradicional de un “temazcal” implica un trabajo físico importante para quienes lo atienden, ya que requiere de leña y materiales específicos, así como la limpieza constate del lugar.
En México en los baños públicos, se suele poner dentro del cuarto, en el espacio en dónde sale el vapor, un recipiente con hierbas aromáticas para que se impregne el cuarto de aromas en cuanto empieza a salir el vapor, está asociado a sensaciones estimulantes y relajantes a la vez.
Aquí en Alemania, en la región bávara, el vapor está dispuesto dentro de una especie de balnearios/spa de aguas termales en un cuarto: un espacio amplio, con diversas bancas para sentarse y acostarse, en penumbra y con luces de diversos colores y música ambiental para relajarse. La menta es la hierba utilizada para aromatizar el ambiente y que emana de un muro acondicionado para la salida del vapor. Aquí o allá, la experiencia es similar, gratificante y altamente relajante.
Las aguas termales son también una práctica tradicional para muchos europeos. Budapest por ejemplo, tiene un conocido y complejo tradicional de baños de aguas termales y aquí en Alemania, también existen.
Son grandes y modernas estructuras que albergan albercas con diferentes temperaturas y diversas cantidades de sales minerales, a cielo abierto o bajo techo. Es un lugar al que asisten parejas, amigos y especialmente las familias. Hay dispositivos y accesos especiales para discapacitados y ancianos.
En ellas encuentras salidas de agua a diversas presiones, como jacuzzis enormes. Tú eliges qué parte del cuerpo quieres masajear con el agua y el tiempo que destinas para su estimulación, así como el tiempo de estancia en las termales. El precio varía según el tiempo que te quedes en ellas, trece euros por cuatro horas, 15 euros por todo el día por ejemplo.
Estas termales y baño de vapor que describo están en la población de Bad Staffelstein: “Obermain Therme”, pero hay muchas otras en la región: en Erding, Bad Reinchenhall, Bad Worishofen , Schwangau, Bad Kissingen etc.
Sin duda hay enfermedades que requieren medicina y atención especial, pero la asistencia a estos lugares te permite experimentar otra dimensión sobre los beneficios terapéuticos del baño de vapor así como de las aguas termales por la temperatura y las sales que contienen.
Lejos de tu país, encuentras tantas prácticas y costumbres parecidas que te hacen pensar que todas las razas y religiones podemos convivir y que no hay límite en lo que podemos compartir, conocer, reconocer y valorar.
Por ahora, termino comentando que para quienes estamos recorriendo a pie el camino por este continente, en verdad que tanto el baño de vapor como las aguas termales resultan sumamente placenteros.