En este cálido verano las temperaturas en Europa son bastante elevadas, a veces más de 35 grados centígrados. Es común ver a sus habitantes y a los turistas andar muy ligeros de ropa, sandalias, sombreros y shorts por todos lados, así como personas de todas las edades transportándose en bicicleta con mochila en las espaldas.
En mi recorrido reciente por Hungría, Austria y Alemania no vi ciclopistas, ni segundos pisos, ni carriles confinados. Se circula a nivel de las cintas asfálticas junto con los demás transportes en las calles y carreteras. Hay caminos especiales para pasear en bicicletas señalizados, que atraviesan hermosos parajes llenos de árboles, atravesando ríos, rodeando lagos y conectando pueblos.
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Las normas establecidas para andar en bicicleta son las mismas que para andar en cualquier vehículo: hay que respetar los altos, circular en el sentido de los autos, no subirse a las banquetas, conservar su carril, dar el paso al peatón, etc.
Ha sido toda una experiencia volver a montarme en una bicicleta después de mucho tiempo de no hacerlo; en el invierno pasado hice un recorrido en un hotel ecológico en dónde no me fue tan bien, pero actualmente mi práctica ya no ha sido tan frecuente.
Para empezar tuve que familiarizarme con los nuevos aditamentos que tiene la bicicleta de mi hija con un frenado instantáneo que más de una vez me hizo pararme en seco y a punto de irme de bruces sobre la banqueta u otros carros; otra cosa fue el comprobar que mi sentido del espacio ya no es tan bueno, sobre todo cuando tuve que pasar en medio de dos obstáculos, ya sean dos carros estacionados, una barrera protectora por arreglo de las calles o bien por la instalación de tiendas de campañas para eventos públicos; otra cosa fue el poder mantener el equilibrio para subirse sobre la marcha, cosa que hacía sin problemas y muy especialmente vencer el miedo que implica ir junto a los carros y autobuses que no van a tan baja velocidad, pero que aquí amablemente evitan ir muy cerca de ti y si hay espacio para alejarse, lo hacen; la norma especifica que los carros deben de mantenerse a metro y medio de ellas.
Nadie me gritó, tampoco me toco el claxon ni me aventó el carro y después de dos caídas no tan graves y una torcida de pie, pude iniciar y concluir esta singular aventura con toda la actitud positiva.
Transportarse en bicicleta genera grandes beneficios porque mejora tu circulación y tu capacidad pulmonar, lo que repercute en tu salud y en tu condición física; fortalece también tus huesos y músculos. Como en todos los ejercicios físicos liberas endorfinas, mejoras tu memoria y se disminuye el estrés.
¿Qué podemos aprender sobre esta cultura de las bicicletas?
Primero, que es básica la educación vial de manera integral y que es desde niños cuando se aprenden las normas y el uso de la bicicleta en la vida cotidiana.
Segundo, que hay que aplicar las normas y la legislación sobre el uso de vehículos de manera permanente y obligatoria en toda la población de un país (no mordidas, multas estrictas y capacitación permanente de los agentes viales).
Tercero, inversión pública para que todas las vialidades se construyan y mantengan en buen estado (señalización, líneas conductoras, buen pavimento, no baches, circuitos de bicicletas en toda la ciudad conectando poblaciones etc.)
Cuarto, realizar una campaña integral y permanente sobre el uso y los beneficios de transportarse en bicicleta, ya sea para el trabajo o para esparcimiento.
Si bien en Puebla se ha invertido mucho dinero en la construcción de ciclopistas, no se ha realizado una formación de la ciudadanía en educación vial y al confinar en algunos espacios el tránsito de las bicicletas no se ha fomentado el respeto al ciclista; además con el solo hecho de disponer de ciertos espacios y ciertas bicicletas para que los poblanos las utilicen, no se logra un gran impacto, dado que muchos como yo, tememos circular en nuestras calles y avenidas por los riesgos que implica.
Hay que fomentar su uso, pero bajo ciertas condiciones que requerimos implementar.