Amar no es solamente querer,
es sobre todo comprender
Francois Sagan
La Reforma Educativa, que hoy se aplica en el país, tiene como principal consigna: aprender a aprender y aprender a convivir.
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Estos objetivos son importantes para la constitución de la personalidad, sin embargo, eso no es suficiente.
La construcción de la personalidad, la integración de las personas, conlleva más factores que el de aprender a aprender.
Para llegar al otro objetivo, aprender a convivir, se requiere la práctica de otras cualidades que cimienten la personalidad de un ser humano.
No hay duda de que esta es la tarea más importante en la formación de esta personalidad de la que hablamos.
El gobernador Tony Gali ha determinado que en los programas de educación se incluyan civismo y valores éticos, los cuales al conformar la personalidad contribuirán a cultivar una sociedad responsable y respetuosa de las personas que integran su comunidad.
Por otra parte, la señora Dinorah López de Gali ha solicitado a la Secretaria de Educación Pública, que cada mes se tome un tema de conducta por parte de los profesores y se hable de esos temas con los alumnos.
Los temas son: honestidad, respeto, agradecimiento, paz, solidaridad, lealtad, igualdad, disciplina, amistad, dignidad, responsabilidad y generosidad.
Es evidente que ello exige, que los profesores y las familias, también caminen por esos senderos y al transformar estos principios y valores o reglas de conducta, no solo en doctrinas o en normas, sino en personificación, esto es, en asunción de conductas que sean testimonio de la aplicación de esos valores.
Por supuesto que no es sencillo obtener buenos resultados. Traducir estas teorías en conductas, implica: educación de la mente y la voluntad, esto es, ejercitarse todos los días en la aplicación, entre las personas partiendo de conductas ajustadas a esos principios.
Todavía más, el poder transformar a la sociedad para que en conjunto aplique estas reglas de conducta es necesario incidir en las estructuras sociales, institucionales y gubernamentales; solo así se podrán obtener avances cualitativos.
Esta necesidad, convierte al programa en algo aparentemente inalcanzable, porque confluyen diversos factores y conductas exteriores a la de cada persona.
El programa que ya he citado, nos llevaría a obtener cualidades, esto es, calidad en los desempeños diarios de personas, familias e instituciones.
No hablamos todavía de tener personas virtuosas. La virtud en plenitud es un grado superior a la conducta ordinaria.
La virtud colectiva implica que todos o la mayor parte ajusten sus conductas a esos principios de honestidad, respeto, solidaridad, lealtad, amistad y los otros que hemos mencionado.
Esta sociedad que conformamos, de las competencias, de la competitividad, de la obtención de la máxima ganancia, de la mundialización de la economía, de la globalización, presenta grandes dificultades para lograr la integración de la persona o formación de las personalidades, con valores, con principios éticos y con la práctica de valores que ya hemos señalado.
Hay otros principios y valores que se llaman virtudes como la esperanza, la confianza, la templanza, la fortaleza, la humildad, la justicia, la alegría, la prudencia, la paciencia y finalmente la virtud del amor que sintetiza a todas las demás.
Es oportuno citar una enseñanza del apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios en el capítulo trece, versículo cuatro: “Tener amor es saber soportar, es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor, es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo”.
A través de los siglos, se han conformado corrientes, escuelas y comunidades para seguir el camino de alguno de estos principios primordialmente.
Carlos Díaz, en su libro “La Virtud de la Prudencia”, escribe: “Es pues, la prudencia una sabiduría práctica, sabiduría de la acción y en la acción: acción sin prudencia significaría catástrofe. Examinando pros y contras, ventajas y desventajas, eligiendo un camino, descartando otros, evaluando y discerniendo, la prudencia se nos manifiesta como el arte de saber vivir el bien, cosa ésta verdaderamente decisiva, pues ¿de que serviría el bien si no lo supiésemos vivir, si no supiésemos cómo manejar tan útil herramienta?”
“Sabiduría, sensatez, tacto, tino, discreción, cordura, juicio, serenidad, circunspección, ponderación, precaución, cautela, pies de plomo, tira y afloja: por todo ello se nos ha recomendado que seamos prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas. Feliz quien llegue a lograrlo. He aquí el polisilogísmo (sorites) que nos propone el estoico Séneca, el cual tuvo a bien pasarse media vida meditando sobre la felicidad, y en consecuencia, inevitablemente sobre los medios prudenciales a ella conducentes:
El prudente es moderado.
El moderado es constante.
El constante es imperturbable.
El imperturbable vive sin tristeza.
El que vive sin tristeza es feliz.
Luego, el prudente es feliz.”
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