La llegada de Manuel Alonso García a seguridad pública municipal no garantiza a los poblanos cambio, pues aun cuando ciertamente las escaleras se barren de arriba hacia abajo, la seguridad en el municipio no depende de una persona.
El urgente relevo en la seguridad pública del municipio no fue mandato del alcalde Luis Banck Serrato, la decisión fue tomada en Consejo de Seguridad y autorizada por el Secretario General de Gobierno. En efecto para el munícipe de Puebla, Alonso García es un perfecto desconocido, ello por cuanto a su trayectoria en la materia.
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El recientemente nombrado Secretario de Seguridad Pública Municipal, ingresa al escenario con un justificante claro, es decir Puebla adolece del cincuenta por ciento de elementos para cubrir las expectativas de seguridad en el municipio.
Lo que cito líneas arriba es increíble cuando la anterior administración municipal nos hizo creer que tendríamos una academia de donde se cubriría un nuevo perfil de los elementos de seguridad, luego entonces, por qué hasta ahora se dice que se echara mano de este recurso.
La realidad es que cuando los amantes de lo ajeno hacen de la suyas con el patrimonio de los poblanos, los encargados de seguridad se encuentran en un retén donde obligadamente tienen que cubrir una cifra de vehículos que deben ingresar a los múltiples y prósperos encierros que ahora proliferan en la capital del estado.
Contradiciendo un tanto las declaraciones de Manuel Alonso García, debe decirse que no solo se trata de la escasez de elementos de seguridad, sino por demás de complementar un verdadero esquema de seguridad pública con gente capaz y sobretodo docta en las técnicas respectivas. Es imprescindible bajar a los agentes de vialidad de sus patrullas y reorientarlos a la seguridad vial del municipio que tanto aqueja a la ciudadanía.
Los agentes viales de crucero resultan ya imprescindibles en la capital y pueden además complementar un esquema de seguridad aunado a las cámaras que se supone deben funcionar al cíen por ciento en la angelopolis.
Los policías municipales deben apagar el aire acondicionado de sus unidades y mantenerse alertas por toda la ciudad dejando de alertar al delincuente con sus sirenas, pero más aún, evitar accionar éstas cuando van al puesto de la esquina por las memelas del comandante ya que ello ha demeritado el respeto que los conductores debemos tener cuando la autoridad activa sus torretas y sirenas.
Reorganizar a la policía municipal ciertamente no es tarea fácil, pero sí una obligación de gobierno hasta ahora totalmente incumplida, quizá porque los programas de combate a la delincuencia se estructuran en un sexenio y se ponen en práctica al siguiente, ello según lo dicho por el Secretario General de Gobierno.
Habrá que decirlo con cierto dolor, tiempos aquellos en que los operativos en la denominada 46 apaciguaron el robo de auto partes hoy disparado y solapado por las autoridades de la Fiscalía General del estado ya que hasta agentes ministeriales tienen sus propios negocitos por aquellos rumbos.
Nos quedamos con el beneficio de la duda a Manuel Alonso García, quien habrá de lidiar con otros personajes, pero sobre todo con un nuevo sistema de justicia penal adversarial donde sus muchachos están en el hoyo.
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