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OPINIÓN

De cómo fui detenido por la Policía

Abuso de autoridad de agentes de Seguridad Municipal. Pérdida de brújula. Desquite personal

Fernando Maldonado

Estudió Ciencias Políticas y ha trabajado en prensa, radio y televisión. Ha publicado en diversos medios. Autor de la columna Parabólica

Miércoles, Junio 7, 2017

El sábado 3 de junio el autor de esta columna fue detenido por espacio de cinco horas. Elementos policiacos de la Secretaría de Seguridad, al mando todavía de Alejandro Santizo y de Paulo César Quiróz, director de Seguridad Pública, se les hizo buena la idea.

Llevado en la parte trasera de la patrulla número P-837, me sometieron a un examen médico en el que quisieron saber nombre, edad y ocupación; y como si fuera completamente inconsciente de mis actos también preguntaron un día antes del proceso electoral en Estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz: ¿sabe usted qué día es hoy?

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La historia narrada en primera persona evidencia dos conductas anómalas de la gestión en esa corporación: 1) Que se perdió la brújula en el combate a la delincuencia y 2) que los esfuerzos de los uniformados también son canalizados para el desquite personal.

A las 13:00 horas, camino a una reunión familiar para ver la final de la Champions League detuve el auto para comprar unas cervezas en la tienda Sale y Vale de la 11 Sur con dirección a Periférico, pues la cita estaba programada en Lomas de Angelópolis.

Abrí tres latas: una para mi mujer, otra para mi suegra que nos acompañaba y una más para este tecleador.

Apenas alcancé a tomar dos sorbos cuando fui detenido por una patrulla de Seguridad Pública. Fui advertido que mi auto se iría al corralón y yo, llevado a un juez calificador. Exagera la pose, pensé sin darle mucha importancia.

'Lo vengo siguiendo desde Las Torres', dijo firme el oficial de policía como si con ello fuera a incrementar la pena cometida, a lo que dije que no mintiera. Para demostrarlo exhibiría el ticket de compra. Nada valió.

Más de 40 minutos, en medio del calor de ese sábado tomamos la decisión de pedir un Uber para mi familia y no tuvieran que padecer lo que se veía venir: un abuso de autoridad.

Me llevaron a las instalaciones de la Policía Municipal. En el camino los oficiales respondieron en repetidas ocasiones a una pregunta constante a través de teléfonos personales y no de sus equipos de radiocomunicación si había yo puesto resistencia. Dijeron que había cooperado en todo momento. Al menos tres ocasiones sucedió.

Antes había increpado al policía que parecía ser el jefe de la patrulla. Hemos sido asaltados y robados dos ocasiones en el año y no hay un sólo detenido, abro una cerveza y creen suponer que conduzco un auto  robado. Así consta en la cuenta de Twitter de ese día.

Por esos momentos desde la cuenta del periodista radiofónica Javier López Díaz se advertía de un robo del Oxxo en la 11 Sur, a la alturas del Club de Golf Mayorazgo, a unos pasos de donde me detuvieron. Celosos de su deber, se quedaron a cuidar que no me fuera a evadir. Menos mal.

Ya en las instalaciones de bulevar San Felipe vino el examen médico que arrojó aliento alcohólico (por los dos tragos de cerveza) y la toma de dos fotografías, una con un artefacto de la corporación y otra con el teléfono celular de un civil, como si se tratara de inmortalizar la captura de un delincuente buscado con frenesí policiaco.

La narrativa de lo sucedido sólo puede sugerir el ánimo de desquite del mando a cargo de la Policía Municipal, luego de la publicación de la columna el 24 de marzo bajo el título La bragueta del mando policiaco.

http://parabolica.mx/2017/columnas/parabolica/item/842-la-bragueta-del-mando-policiaco-y-el-escandalo-que-viene.

Finalmente cuando sería llevado al juez calificador un mando me llevó un celular a través del cual me hablaría Paulo César Quiróz para decir que me darían 'el servicio'. En el argot supe que eso significaba dejarme libre y la promesa de devolver el vehículo el lunes, finalmente cumplieron.

Pasadas las horas, ya con el cese de Alejandro Santizo del cargo y muy probablemente de sus subordinados, no me queda sino constar en esta entrega que son ellos quienes tienen mi dirección, teléfono, datos personales  y fotos.

No vaya a ser que quieran continuar con ese desquite personal comenzado el sábado de final de la Champions. Uff.

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