Siendo el Premio Nobel, un reconocimiento mundial que anualmente se otorga a las personas o instituciones que hayan efectuado una aportación importante a la humanidad, Miguel Ángel Mancera, lo obtendría, a perpetuidad, por su eficaz contribución al agravamiento de la contaminación ambiental en el Valle de México.
Hace pocos días, finalizó otro de los episodios de la contingencia ambiental que aqueja a la zona metropolitana del Valle de México. Fenómeno de envenenamiento atmosférico que el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, ha impulsado con acertada puntería y desafortunada efectividad.
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La noche del 24 de mayo, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (integrada por representantes de los gobiernos de Puebla, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala y del estado y la ciudad de México, dio por concluida la fase 1 de la contingencia ambiental que decretó nueve días antes.
Señalar, en este espacio del periodismo digital, los errores que Miguel Mancera ha cometido durante su administración gubernamental en materia de vialidad y la repercusión que éstos han tenido en la contaminación ambiental, no es denostar a un prematuro aspirante a la candidatura presidencial en 2018, sino resaltar la ineptitud de un servidor público que pretende gobernar a más de 120 millones de mexicanos que habitan en el país, cuando no ha sido capaz de hacerlo bien en la Ciudad de México, con una cantidad de habitantes 13 veces menor.
La falta de una adecuada política pública de conservación de las zonas boscosas de la capital, la inmoderada desforestación, los asentamientos humanos en regiones de reserva ecológica, el inapropiado manejo y destino de la basura, la corrupción que permite el libre y descontrolado funcionamiento de empresas y la circulación de vehículos altamente contaminantes y la mala calidad de las gasolinas y lubricantes, además de la carencia de una estrategia eficaz de vialidad, son algunos de los factores que generan los elevados índices de contaminación ambiental que se padecen en lo que hasta el año anterior fue el Distrito Federal.
Otro elemento, de importancia, que impulsa la toxicidad de la atmósfera, lo constituye el conjunto de medidas viales, erráticas, impuestas por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, que han hecho más caótica la cotidiana circulación de automóviles, al reducir la superficie de rodamiento vehicular, con la instalación de objetos innecesarios, como las estorbosas macetas, mesas, sillas e inútiles minipostes que roban espacio a la circulación de autos en importantes avenidas e intersecciones de la capital del país.
Con esas erróneas medidas, la movilidad vehicular es más lenta. Va de mal en peor. La velocidad promedio en la Ciudad de México es de 6 kilómetros por horas, según un estudio efectuado por el Instituto de Geografía de la UNAM.
Esta lentitud ocasiona que con la misma cantidad de autos en circulación, se incremente el consumo de gasolina hasta 300% o más. Por consiguiente, también se elevan, en proporción semejante, las emisiones de partículas contaminantes.
Ha sido un tremendo error de Miguel Mancera reducir la superficie de la carpeta de rodamiento vehicular (parte de ella en mal estado de conservación) cuando a los 5 millones 500 mil vehículos que se considera transitan diariamente en la megalópolis, se agregan 865, también, diariamente. Haciendo, aún más lentos los traslados más.
Pero eso no es todo. Aún hay cosas peores en el desempeño gubernamental de Mancera.
La absurda transformación de carriles de circulación vehicular continua, en carriles para uso peatonal, que fueron junto a camellones de avenidas excesivamente transitadas. Ni al más atarantado peatón se le ocurre caminar entre coches, camiones de carga y motocicletas, separado únicamente por una fila de minipostes.
Ahí, en esos carriles peatonales, ni al más despistado o mancerista peatón, se le ocurre caminar por el peligro que ello implica.
Todas estas insólitas medidas viales, las impuso Miguel Mancera, arbitrariamente, en vez de aplicar un programa de movilidad racional e inteligente. Que proporcione seguridad a los peatones, que evite embotellamientos y haga fluida la circulación de vehículos.
Impidiendo el estacionamiento de ellos en las zonas más transitadas, sincronizando la red de semáforos, tapando baches y eliminando los topes reductores de velocidad.
Así mismo, suprimiendo las restricciones de velocidad que son innecesarias y se encuentran establecidas en el reglamento de tránsito que impuso el jefe de gobierno de la Ciudad de México, con el evidente propósito de vaciar las carteras de los conductores de vehículos.
Y también capacitando a los policías de tránsito para que en vez de entorpecer la circulación automovilística, al colocar obstáculos de plástico en las vialidades, la agilicen impidiendo su ilegal bloqueo. Como suele ocurrir en las inmediaciones de la secretaría de Gobernación del gobierno federal, cada vez que se manifiestan miembros de la CNTE, de Antorcha Campesina y diversas organizaciones más.
Las ciclopistas, salvo la de la avenida Paseo de la Reforma, por su escaso uso, están convertidas en espacios inútiles que impiden la circulación de cientos de vehículos a cambio de ser utilizadas esporádicamente por pocos ciclistas.
En tanto Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala, Miguel Ángel Osorio Chong y otros aspirantes a la presidencia de la república, de menor peso político, se esfuerzan cotidianamente por construir su posible camino hacia el Palacio Nacional, el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, trata de hacer lo mismo que sus contrincantes, pero los resultados que obtiene son adversos a su pretensión de gobernar al país durante el sexenio 2018-2024.
De resultar candidato presidencial para la elección de 2018, antes que sean abiertas las casillas electorales en todo el país, Miguel Ángel Mancera, tendrá asegurados, con antelación, 5 millones 750 mil votos menos, correspondientes a los conductores de todos los vehículos que, con grandes e insalvables dificultades, circulan en la zona metropolitana de la Ciudad de México, debido a los obstáculos viales que ha sembrado el jefe de gobierno capitalino por todas partes.
El jefe del gobierno capitalino se encuentra atrapado entre su ineptitud para gobernar la Ciudad de México y su enloquecida ambición ─comparada con la de López Obrador─ de obtener la presidencia de la república.
Sin embargo existen evidencias suficientes para suponer que este despropósito, por el bien de México, no ocurrirá.