Mucho se habla de la decadencia de Estados Unidos y de su próxima sustitución en el liderazgo mundial por otra superpotencia. Es una suposición muy arriesgada y poco sólida. La posición dominante del país en diversos sectores y el grado de influencia de su cultura hacen poco probable que pierda su hegemonía en el mediano plazo. Por lo menos, en los siguientes 50 años Estados Unidos no perderá su posición como mayor potencia mundial. Sin embargo, es innegable que, con cada año que corra, el poder estadounidense enfrentará el desafío de nuevos actores, que cobran fuerza gracias a un impresionante desempeño económico.
Los analistas más prestigiados del entorno internacional, desde Fareed Zakaria hasta Thomas Friedman, dudan que, en los siguientes 200 años, Estados Unidos deje de ser uno de los dos o tres actores más importantes en el escenario mundial. Es un hecho que tendrá que compartir el poder con nuevas potencias. Ahora bien, un tema constate de discusión es cuáles serán esas potencias. Por supuesto que Rusia no lo será. Tiene una crisis demográfica sin precedentes y no ha logrado superar su eterna dependencia del gas y el petróleo. Su economía es primitiva. No se puede decir lo mismo de China e India, países que cada día nos sorprenden más.
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Las apuestas sobre cuál será la siguiente superpotencia están cargadas a favor de China e India. ¿A cuál le va a usted como posible contrapeso al poder estadounidense en el largo plazo? Lo más común es pensar que se trata de China. Pocos creen que India cuente con el potencial para superar a los chinos. No obstante, quienes siguen muy de cerca los fenómenos internacionales no piensan lo mismo. Concuerdo con muchos de ellos. El análisis de diversos factores, a los que no se les da la debida atención por no ser espectaculares, carga los dados a favor de India. ¿Por qué?
Para nadie es un secreto que la economía china se empieza a desacelerar. Cada año que pasa, el crecimiento es menor. Muy lejos quedaron aquellos años en los que China sorprendía al mundo con tasas del 11% anual. Si bien China todavía crece de manera robusta, a un envidiable 7%, ya no es la economía que asombraba al mundo. India, que también tiene sus vaivenes, ya muestra tasas de crecimiento similares a las chinas, en el rango del 7%. Allí van parejos.
India empieza a despuntar en innovación tecnológica, todavía no como los chinos, pero avanza a paso firme. No es vista como una amenaza por sus numerosos vecinos. En cambio, China provoca terror en Vietnam, Tailandia, Taiwán y otros más. India tiene mayor capacidad para realizar alianzas políticas. Es decir, en relaciones públicas India lleva la delantera. Mientras que los chinos deben esmerarse por aprender un inglés que nunca llegan a hablar bien, en la India es el idioma de las grandes urbes. En términos de integración con el mundo, India tiene un camino más sencillo. Como evidencia allí están los miles de call centers donde se atiende a consumidores estadounidenses, canadienses, ingleses o australianos.
Pero la parte decisiva tiene que ver con democracia y libertades. China es una dictadura que no permite ni el acceso libre a Google o Facebook. No existe la libertad de expresión ni la representatividad. Es una olla de presión que puede estallar en el momento menos esperado, cuando la población exija mayores libertades. En cambio, desde su nacimiento India ha sido un ejemplo de libertad y democracia. Y no cualquier democracia: tiene el mayor número de votantes en el mundo. Institucionalmente, India es mucho más sólida. Así que, estimado lector, haga sus apuestas.
[El autor es profesor-investigador en la Universidad de las Américas Puebla]